La gesta del Bauen

Luego de 14 años desde la recuperación del emblemático hotel porteño por parte de sus trabajadores organizados bajo la forma cooperativa, el Congreso Nacional puso fin a la precariedad legal que amenazaba la consolidación del proyecto autogestivo.


Un triunfo. Celebración compartida con cooperativistas y dirigentes sociales. (Horacio Paone)
 

Si es cierto que «la única lucha que se pierde es la que se abandona», la Cooperativa del Hotel Bauen es el ejemplo perfecto. Después de 14 años en los que nunca se rindieron a pesar de las adversidades, los trabajadores finalmente lograron la expropiación del edificio ubicado en avenida Callao 360, en el centro porteño, en una victoria que fue celebrada por todo el arco de la economía solidaria y los movimientos populares.
En la noche del 30 de noviembre, el Senado convirtió en ley el proyecto que declaró de utilidad pública el inmueble y lo entregó en comodato a las 130 familias que integran el Bauen. La sanción no fue fácil, porque se enfrentó al rechazo insistente del macrismo, que por todos los medios trató de bloquear su avance. Sin embargo, el apoyo coordinado de los bloques de la oposición logró que la expropiación se impusiera por 39 votos contra 17.
«Lo más importante fue la unidad del grupo que encabezó la recuperación y la reapertura del hotel. El no bajar nunca los brazos, aun en esos tiempos en que lo más común era pensar que jamás lo lograríamos», reflexionó en diálogo con Acción Federico Tonarelli, vicepresidente del Bauen y titular de la Federación Argentina de Cooperativas de Trabajadores Autogestionados (FACTA).
De todos modos, mantienen la guardia en alto porque todavía persiste un riesgo, ya que hasta el 20 de diciembre el presidente Mauricio Macri puede vetar la ley, como ya lo hizo en el pasado con otras iniciativas del Congreso que no eran de su agrado.
El proyecto, consensuado por diversas fuerzas políticas sobre la base de una iniciativa del diputado Carlos Heller, del Partido Solidario, obtuvo media sanción en la Cámara Baja en 2015, sobre el cierre del año parlamentario. En el Senado la situación fue similar, porque se votó casi a la medianoche, al límite de las sesiones ordinarias. «Aun habiendo llegado con el último suspiro, no fue producto de un milagro. Nuestra experiencia demostró cómo la convicción, la solidaridad, la determinación, la paciencia y la perseverancia fueron vitales para edificar el triunfo», destacó Tonarelli.

 

Nueva etapa
En 2001, en un país que colapsaba, el Bauen había coronado el proceso de vaciamiento aplicado por sus propietarios, que se dieron a la quiebra, cerraron las puertas y abandonaron a los empleados. Meses después, un grupo de no más de 30 trabajadores crearon una cooperativa con el objetivo de recobrar su fuente de ingresos. La idea y la tarea parecían imposibles, no solo por las dimensiones del edificio –de 20 pisos, con auditorio, piscina, 220 habitaciones y alrededor de 500 plazas– sino por la crisis que en ese entonces deshacía a la economía nacional y al tejido social.
Los cooperativistas tomaron las riendas del hotel en 2003 y debieron resistir las maniobras judiciales y el lobby político de los antiguos dueños, que consiguieron una orden de desalojo que en este tiempo pesó como una amenaza. La recuperación también dejó al descubierto una millonaria estafa al Estado: el Bauen fue construido previo al Mundial de Fútbol del 78, con un crédito concedido por la dictadura, pero en 40 años esa deuda hipotecaria nunca fue cancelada.
El hotel recuperado aloja a unos 10.000 huéspedes al año. Por otra parte, pasó de ser un símbolo de las clases más acomodadas a convertirse en un ámbito para la expresión de las luchas populares. «Ahora hay que esperar los plazos administrativos para que la ley pueda ser reglamentada y puesta en marcha. Esto implica la firma del comodato y la posibilidad de pensar la cooperativa en otros términos, más estratégicamente, sabiendo que tenemos la posesión del inmueble y la legalidad sobre la gestión», concluyó Tonarelli.