La otra televisión

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Luego de la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual comenzó a cambiar el panorama de la tevé nacional. Incipientes avances, obstáculos y desafíos pendientes.

 

Canal cooperativo. Desde 2002, Colsecor ofrece programación periodística y de ficción a más de 200 comunidades de 17 provincias. (Bibiana Fulchieri)

Qué vemos cuando vemos la televisión? ¿Se reflejan en las pantallas de todo el país las realidades, identidades, problemáticas sociales y culturales de cada región? ¿Cambió la oferta televisiva después de la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA)? En lo que fue la batalla por la LSCA, más conocida como ley de medios, su debate social y parlamentario, su sanción y la actual etapa de implementación, sobresalió la puja entre el Estado y las principales empresas del sector por la limitación de la concentración que impone el texto legal aprobado por el Congreso, a tal punto que, a 4 años y medio de su sanción, todavía no se hizo efectiva la reducción de los megagrupos mediáticos, aunque luego de superada la controversia por su constitucionalidad se está avanzando en la concreción de este objetivo.
Lo cierto es que detrás de esta cuestión, fundamental para transformar el mapa mediático, subyace una transformación indispensable: la desconcentración en la producción de contenidos para televisión. La concentración no está presente sólo en la propiedad de los medios; es también geográfica y, por lo tanto, los matices, las minorías, las visiones alternativas o disidentes con la uniformación que impone el puñado de emisores, quedan fuera de los medios. De ahí que la irrupción de nuevas productoras de contenido, tanto en el ámbito metropolitano como en las provincias, es indispensable para abrir el abanico de expresiones.
La sanción de la LSCA en 2009 y la paulatina digitalización de contenidos televisivos abren nuevos desafíos respecto de la producción audiovisual. A partir de entonces, los servicios de comunicación pueden ser brindados por prestadores estatales, gestores privados con y sin fines de lucro o actores comunitarios, habilitando así los diversos regímenes de propiedad y exigiendo el cumplimiento del 30% de producción propia y el 30% de producción local independiente en los servicios de televisión abierta de las ciudades con más de un millón y medio de habitantes, el 15% en poblaciones con más de 600.000 personas y el 10% en ciudades pequeñas. A su vez, los servicios de televisión por cable deben incluir, sin codificar, las señales generadas por los estados provinciales, los municipios y las universidades nacionales que se encuentren localizadas en el área donde se presta el servicio.
«¿Le interesará a un poblador de la provincia de Chubut, Santa Cruz o Tierra del Fuego, el piquete, los accidentes de tránsito o un robo que sucedió en algún lugar de Buenos Aires?», se pregunta el periodista Walter Pérez, responsable de la agencia Télam de Neuquén. El mismo interrogante deben plantearse los responsables de programación de los canales y las productoras regionales. Las intenciones y los proyectos plasmados a partir de la promulgación de la LSCA y los espacios abiertos por las nuevas tecnologías digitales han provocado algunas fisuras en el entramado productivo y brindan la posibilidad de generar nuevos contenidos. Sin embargo, y más allá de que existen algunas experiencias que han apostado por el sostenimiento de la producción local, la centralidad de las señales porteñas aún marca las pautas de consumo televisivo.

 

Centralismo vigente
Una encuesta realizada por el Programa Polos Tecnológicos Audiovisuales del Ministerio de Planificación Federal en el noroeste argentino (NOA) señala el alto nivel de penetración de los programas de Canal 13 y Telefe, los cuales son emitidos por las señales que poseen estos grupos mediáticos o retransmitidos casi en su totalidad por los canales de aire de Jujuy, Salta, Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca. Esto sucede, por ejemplo, con Canal 7 de Jujuy (retransmite a Telefe), Canal 10 de Tucumán (una sociedad anónima con participación estatal que cuenta con cinco repetidoras y retransmite la programación de Canal 13), Canal 10 de Catamarca (retransmite programas de la TV Pública) o Canal 11 de Salta (propiedad de Telefe). Lo mismo puede observarse en otras regiones del país, donde el espacio reservado para los programas locales se limita a la realización de noticieros (intercalado con información llegada de Buenos Aires), magazines, programas semanales de moda, música o deportes, ciclos de entrevistas y la esporádica emisión de eventos especiales, siendo prácticamente nula la realización de programas políticos, de entretenimiento y ficciones, la mayoría de las cuales llegan como productos manufacturados en Capital Federal. Según el Informe de Contenidos de la Televisión Abierta Argentina, difundido por la AFSCA en 2012 (última edición), el 60% de los espacios televisivos difundidos en todo el país provino del AMBA (Área Metropolitana Buenos Aires), y el propio organismo señala en el documento que «el centralismo del sistema y la alta penetración de los contenidos de los canales cabecera aún no se han revertido». A esa fecha, cabe aclarar, la LSCA estaba vigente con la salvedad de los artículos antimonopólicos recurridos por el Grupo Clarín.
Ese informe, en sus dos ediciones anteriores, determinaba porcentajes de 65% y 64% de producción porteña, de tal modo que puede percibirse una tendencia a la baja, pero aún muy moderada. Sin embargo, en una reciente entrevista realizada por Acción, el presidente de la autoridad de aplicación, Martín Sabbatella expresaba que «hay cientos de nuevos dispositivos comunicacionales en marcha, en universidades, en escuelas, en municipios, en provincias, en los pueblos originarios, también en el mundo privado. Y un dato fundamental, la ley incorpora al mundo cooperativo en la comunicación, y esto ha abierto una cantidad de cosas extraordinarias: nuevos canales, nuevos cables, nuevas radios. Entonces, sin dudas queda mucho por hacer, pero hay un camino recorrido».

Todas las voces. Los nuevos realizadores televisivos salen a la búsqueda de historias y relatos no registrados por los grandes medios de comunicación. (Paula Kuschnir)

La política de integración tecnológica impulsada por el Estado nacional ha permitido que más del 80% de la población se encuentre en condiciones de acceder a la Televisión Digital Abierta (TDA), una plataforma de transmisión televisiva gratuita que cuenta actualmente con 15 señales federales y un paquete adicional de canales según el área de cobertura. A dicha plataforma puede accederse por vía satelital o terrestre, sin costo, sólo es necesario contar con un equipo receptor de la señal digital. El Gobierno implementó un plan denominado «Mi TV Digital», con el objetivo de garantizar la igualdad de oportunidades en el acceso a la Tda. En ese marco se entregaron más de 1.200.000 receptores y se instalaron 5.000 antenas en parajes y escuelas rurales y de frontera. Con todo, aún se está muy lejos de los elevados niveles de consumo que presenta el cable en las principales ciudades del país. «Este es el cambio más importante desde que se instaló la televisión en Argentina. Es un plan que permitirá que la señal llegue a puntos donde no hay nada, que sea gratuita para gente que no puede pagar el cable o el sistema satelital y el material pueda ser visto en cualquier tipo de pantalla», remarca Osvaldo Nemirovsci, coordinador de TDA.
En tal sentido, la necesidad de proyectar políticas activas que permitan regionalizar la producción de contenidos hizo que se crearan nueve Polos Audiovisuales Tecnológicos para TDA, con un importante rol asignado a universidades nacionales que actúan como articuladoras de los productores regionales de contenidos televisivos. Los materiales que se producen pasan a integrar el Banco Audiovisual de Contenidos Universales Argentino (BACUA), una fuente de documentales, ficciones, unitarios, cortometrajes, series históricas, infantiles o ecológicas que son distribuidos a los canales de televisión de todo el país, aunque el hecho de que el gran público televisivo no conozca muchos de estos materiales indica la necesidad de potenciar la estructura de promoción estatal y hacer frente a las demandas estéticas, temáticas y tecnológicas de esta etapa transicional. «Hay una gran cantidad de historias, de luchas comunitarias y microrelatos barriales, pero seguimos peleando para que tengan un espacio en las pantallas de aire o en los canales de cable que tienen su propia señal», comenta Ariel Ogando, coordinador del colectivo Wayruro Comunicación Popular, que opera en el noroeste del país. Por su parte, Paula Valenzuela, directora del programa Señal Santa Fe, dependiente del Ministerio de Innovación y Cultura de esa provincia, puntualiza que «la lógica de los canales comerciales son las pautas publicitarias y el rating. Así que por más que nuestras iniciativas sean muy cuidadas y la ley de medios exija mayor contenido local, los horarios que nos ofrecen son siempre marginales. Eso refuerza la idea de que tenemos que seguir generando materiales que tengan diferentes destinos de pantalla y nos permitan otra interacción con las audiencias».
La inclusión en la grilla de la TDA, en la medida que se masifique su presencia real en los hogares, puede ser una alternativa válida para los nuevos productores de contenidos televisivos. Recientemente, la cooperativa Ayllu, de Villa María, provincia de Córdoba, presentó en la televisión digital una serie titulada Abriendo caminos, en la que narra 20 historias que incluyen desde los pescadores artesanales del Paraná hasta campesinos collas de la Quebrada de Humahuaca y comunidades de floricultores correntinos. El ciclo antes formó parte de la grilla de COLSECOR y pasó a la TDA luego de ganar un concurso del INCAA que permitió obtener el financiamiento para seguir desarrollando el proyecto. «Nuestra idea es producir trabajos vinculados con nuestro territorio, realizados con una cuidada técnica y estética para que puedan competir local, regional o nacionalmente», apunta Eugenia Fidanza, secretaria de la cooperativa.

Cuota de pantalla. Los canales deben producir sus propios ciclos. (Bibiana Fulchieri)

 

Reformulación de estrategias
«Estamos en un momento de temblores. Se conserva aún cierta centralidad de la televisión como referencia de la discursividad cotidiana. Pero la multiplicación de las pantallas, su movilidad y el uso predominantemente individual de las mismas hace que se esté reconfigurando la ritualidad clásica de la expectación televisiva: la reunión frente al televisor, sobre todo para las nuevas generaciones, está quedando restringida a pocas situaciones», sostiene Gastón Cingolani, docente e investigador de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP). Esto describe un escenario que ha hecho repensar las estrategias en materia de producción audiovisual.
Diego Bortolotto, gerente comercial de Canal 5 de Rosario, una de las ocho señales abiertas que Telefe tiene distribuidas en todo el país, puntualiza que «el 80% de nuestra programación va a estar pensada para una segunda pantalla. El CEO de la compañía nos dijo: “Muchachos, no hacemos más televisión; desde ahora vamos a producir contenidos para ser ofrecidos en celulares, televisores inteligentes o computadoras”. Tenemos que dar un salto cualitativo que acompañe la nueva realidad de la industria». En la actualidad, el canal rosarino ha tercerizado gran parte de los 25 programas locales que pone en el aire, reduciendo su personal a las áreas técnica, administrativa y la producción de noticias. «En Rosario, 9 de cada 10 personas tienen sistema de cable. Y eso hace que las reglas publicitarias o comerciales sean distintas a las de Buenos Aires. Nuestra fábrica de contenidos está centralizada (1.400 de los 1.700 empleados de Telefe están en Capital) y no tenemos ninguna capacidad de coproducir más allá de un magazine matinal, dos noticieros o un programa político de media hora. Antes, los canales generalistas tenían escenógrafos y utileros, pero ahora se sostienen en una estructura que hace que las productoras tengan que vender su publicidad para pagar los espacios y cubrir los altos costos de producción», remarca Bortolotto.
Por su parte, Ricardo Haye, docente e investigador de la Universidad Nacional del Comahue, en el Alto Valle del Río Negro y el gran Neuquén, plantea que los canales se convirtieron en «tristes subsidiarios» de las señales porteñas. «Competir contra los productos de las factorías metropolitanas y las realizaciones internacionales disponibles en una variedad de dispositivos requiere que se alcance un esquema de trabajo sostenido y sustentable que le dé viabilidad a temáticas regionales que podrían diversificar las agendas televisivas del mundo». Dicho enfoque coincide con el trabajo que se viene desarrollando en Señal Santa Fe, una experiencia que logró armar una red de 120 canales públicos, privados y cooperativos de la región y que se encuentra integrada a la Asociación de Televisoras Educativas Iberoamericanas (ATEI), siendo la segunda proveedora de material audiovisual para los países hispanohablantes detrás de Canal Encuentro. «Hemos viajado muchísimo por toda la provincia. Y de repente estamos en un pueblo del norte, más parecido a uno del Chaco o de Formosa que a las localidades del sur santafesino, reunidos con un grupo de paisanos que acaban de terminar su jornada laboral y se toman una cañita viendo TN o algún otro canal de noticias que muestra la congestión de vehículos en Buenos Aires. Ahí uno se da cuenta de que hay algo que falta en materia de identificación visual. Se percibe en la emoción que demuestran las personas cuando ven reflejadas sus historias y saberes. Es fundamental llegar a un público amplio asumiendo la diversidad sociocultural e histórica existente en nuestro territorio», plantea Paula Valenzuela.
Un desafío, en definitiva, que interpela al propio sistema democrático, dado que en la igualación de oportunidades de expresión y en la calidad de los contenidos que se brindan subyace una definición sobre el tipo de sociedad que se quiere construir, en la que, para que sea mejor que la actual, resulta indispensable que puedan expresarse todas las voces.

Lautaro Cossia
Informes: Elio Brat (Neuquén), Bibiana Fulchieri (Córdoba), Paula Kuschnir (San Salvador de Jujuy)