«La señora que me ayuda»

Excluidas hasta 2013 de la Ley de Contrato de Trabajo y sin acceso a derechos básicos como la licencia por maternidad, sometidas en ocasiones a situaciones de sobreexplotación y maltrato, las trabajadoras domésticas fueron objeto durante décadas de formas de discriminación abiertas y encubiertas. La ley 26844, sancionada hace cuatro años, saldó parcialmente la deuda de la sociedad y el Estado con este sector, y fue el primer paso del reconocimiento de los derechos laborales en condiciones de igualdad con el resto de los asalariados.
Estas condiciones objetivas fueron acompañadas históricamente por la utilización, en el habla cotidiana, de diversos eufemismos –«la chica», «la señora que cuida a mis hijos», «la persona que me ayuda»– que servían para enmascarar el carácter laboral de una relación que, por la naturaleza de los vínculos establecidos en la intimidad del hogar, contaba con aristas ambiguas y problemáticas. Recientemente, en el programa de Mirtha Legrand, fue la propia Juliana Awada la que se inscribió en esa tradición al referirse a su empleada doméstica como «la señora que me ayuda». «Tengo una sola persona que es como parte de nuestra familia», dijo la primera dama, con un tono que recordó otros tiempos en  materia de derechos de las trabajadoras de casas particulares.