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La vida es sueño

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Enfermeros, médicos, choferes, pilotos, azafatas y empleados de seguridad deben permanecer despiertos mientras el 80% de la humanidad descansa. Los efectos sobre la salud y la vida cotidiana.

 

(Pablo Blasberg)

Almuerzo y ceno solo y rara vez coincido con amigos para un encuentro. Me he perdido citas por mi horario laboral. Cuando estaba en una relación llegaba a la cama a las 7 de la mañana y con suerte tenía media hora para abrazar a mi novia antes de que ella se fuera a trabajar. La abrazaba mientras ella dormía», dice Matías Galetti, licenciado en Comunicación, que desde hace 4 años trabaja entre las 10 de la noche y las 6 de la mañana. Matías forma parte del 20% de la población activa mundial, según lo indican estadísticas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que dan cuenta de la existencia de un auténtico, pasivo ejército de trabajadores que debe adecuarse a una forma sutil de explotación laboral.
Ignorados por el sistema, sin que los Estados se hagan cargo de su situación, millones de personas conviven con trastornos por falta de sueño que afectan tanto su existencia como las de sus grupos familiares. Una realidad que es bien descrita en el portal de salud español Webconsultas Healthcare: «Todas las organizaciones internacionales dedicadas a la prevención de la salud laboral destacan que cualquier turno de trabajo que suponga la actividad durante la noche es perjudicial para la salud. La OIT estima que un trabajador envejecerá prematuramente 5 años por cada 15 que permanezca en horario de trabajo nocturno, aunque los problemas de salud no se empiecen a manifestar hasta después de 5 o 10 años de trabajo nocturno», señala la experta Eva Salabert.
En España, el Estatuto del Trabajador establece que el trabajo en el turno de noche no puede superar dos semanas seguidas, salvo que sea por decisión expresa del empleado. Los empleadores están obligados a garantizar exámenes médicos gratuitos y periódicos para los trabajadores de estos turnos y, en caso de que se demuestre la existencia de problemas médicos, el afectado tendrá derecho a ser trasladado al horario diurno. En la Argentina, la legislación solo determina que la carga horaria durante la noche no sea de más de 10 horas y que las horas extras se paguen doble, en el mejor de los casos. Pero la protección del trabajador nocturno se encuentra fundamentalmente determinada por las conquistas, siempre parciales, de cada gremio. Así, los enfermeros y enfermeras lograron que los turnos laborales sean alternados, de modo que siempre exista al menos un día completo de descanso entre jornada y jornada.
Empleados en áreas de seguridad, restaurantes y bares, hoteles y hospitales; personal de limpieza, técnicos de laboratorios, médicos, periodistas y choferes, pilotos de avión y azafatas, entre muchos otros, se encuentran bajo idénticos síntomas de estrés. Son los que enumera Carmen Luna, de 35 años, enfermera en una clínica de Villa Soldati que hace tres años se interesó por ese empleo cuando una compañera de estudios de enfermeria le pasó el dato. «Dolor de cabeza, cansancio porque no te podés recuperar… Recién cuando la noche siguiente no trabajo puedo recuperar 10 horas de sueño, entonces trato de dormir de 8 a 10 horas; si es fin de semana, un poco más…», cuenta. Al iniciarse en la noche, Carmen consideró lo bueno de estar en casa con sus hijos pero ahora el día se le hace demasiado corto. «El sindicato no dice nada porque así son las normas. Los enfermeros de noche trabajamos 10 horas noche por medio. Pero es recomendable no trabajar toda la vida de noche porque trae problemas cardíacos, puede traer un ACV, problemas psicológicos. Esto lo hablamos siempre con mis compañeras», agrega. «Pedí cambio de turno y tengo que esperar a que haya una vacante; puede ser a la tarde o franquera, que son los sábados, domingos y feriados. Esto está bien como para salir del paso, agarrar la primera experiencia que te piden en los avisos de empleo y después cambiarte. Tengo una compañera que hace 10 años trabaja de noche y ella siempre dice que no disfruta más del día…» «Trabajar de noche es no tener más vida», coinciden Roberto Martínez, de 67, jubilado que sigue recorriendo las calles con su taxi porque pese a todo «es un buen dinero» y Fabián Caprarulo, hoy de 35, soltero, que de joven trabajó como empleado de seguridad en boliches y ahora volvió a la noche pero conduciendo un taxi. «En el taxi trabajás la cantidad de horas que querés, hacés la plata más rápido… Pero no doy más. Estoy hace cinco meses y no aguanto más. De día trabajás 12 horas y hacés 1.200 pesos; de noche sacás el doble. Pero no dormís las mismas horas, llegás a tu casa, comés algo y te dormís; cuando te levantás ya es de noche. Te perdés todo. Distinto es trabajar en los boliches que es solo los fines de semana. Todos los días no va».

 

El factor soledad
Matías Galetti con frecuencia se pregunta si no estará dejando mucho más de lo que gana en la empresa donde se ocupa del subtitulado de películas para sordos. «Me han dicho que dormir de día te hace envejecer más rápido, que no es bueno para la salud; incluso un médico de más de 70 años me dijo que aún sufre las consecuencias de haber trabajado de noche cuando todavía era estudiante, que ahora no le importa tomar pastillas para dormir porque le queda poco de vida pero que si fuera joven lo pensaría mejor», comenta. Como todos los entrevistados, también a Matías la vida social se le complica. «Eso es algo que me hace pensar en largar todo y volver a una vida normal», dice, pero por otro lado reconoce que siempre fue bastante noctámbulo y que el movimiento de la ciudad le hace pensar que quizás no esté tan errado. «Manejar al trabajo desde Caballito a Colegiales me lleva 20 minutos, la vuelta a las 6:00 am un poco más. La oficina de día impone un ritmo que prefiero no seguir. De noche siento la libertad de generar el clima que quiero. Disfruto del silencio y aunque a veces tengo algún problema para dormirme, por lo general duermo bien, hasta la 1 o 2 de la tarde. Casi nunca uso despertador. Así es que no termino de darme cuenta si trabajar de noche es algo que elijo, algo a lo que me adapto, o algo a lo que elijo adaptarme. Tiene que ver con la soledad, y nunca me costó mucho estar solo. Seguiré en este modo de vida mientras sienta que ese costo no es demasiado».

 

En riesgo
Un estudio reciente de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, descubrió que «dormir mal puede afectar nuestro sistema inmunológico, nuestra salud cardiovascular, nuestro peso y, por supuesto, nuestra memoria (…). Dormir mal puede causar una acumulación de proteínas que atacan a las células cerebrales…». El tema no es precisamente nuevo. Ya en el año 2001 un equipo de científicos del Centro de Investigaciones sobre el Cáncer Fred Hutchison, de Seattle, comprobó que las mujeres que trabajan de noche tienen un 60% más de probabilidades de desarrollar cáncer de mama que las que trabajan de día.
Y es que por el solo hecho de vivir «a contramano» del ritmo biológico natural (lo que se conoce como ritmo circadiano, que fija el período de sueño necesario para recuperar energía) los empleados nocturnos tienden a sufrir un déficit permanente de sueño que se manifiesta en insomnio, fatiga crónica, trastornos digestivos (ardor de estómago, gastritis, malas digestiones) y del aparato circulatorio, además de cambios en el carácter (irritabilidad, nerviosismo y agresividad), depresión, ansiedad, cefaleas recurrentes y estrés generalizado. Los desoídos especialistas que alertan sobre el problema advierten que otro tanto ocurre con la vida afectiva y social, y que incluso puede afectar la vida sexual. El aumento del consumo de alcohol y tabaco, y de las probabilidades de sufrir un accidente a causa, justamente, de la disminución de reflejos generados por el mal dormir, completan una lista provisoria que, paradójicamente, tiene como último condimento una disminución paulatina en el rendimiento laboral.

Alejandro Margulis