Las raíces de Evo y el MAS

El amplio triunfo del candidato del movimiento creado por Evo Morales, Luis Arce, un año después de un golpe de Estado en Bolivia, es la cabal muestra de la vigencia de una fuerza política con profundas raíces en la sociedad y que trasciende a una persona. Es muy posible que quienes derrocaron a Morales en noviembre de 2019 estuvieran tan enceguecidos de odio que ni siquiera se pusieron a planificar una sucesión que les permitiera consolidarse a corto plazo para quedarse en el poder.
La ignota senadora Jeanine Áñez, quien asumió la presidencia con la tarea explícita de organizar elecciones lo antes posible, tal vez creyó que sentarse en el sillón presidencial alcanzaba para construir poder junto a todos aquellos que habían combatido a Morales. Se equivocó. Al lanzar su candidatura a la presidencia, sin base social, ni un partido político fuerte, ni sustento regional, se fue quedando sola frente a un consolidado Carlos Mesa que había perdido las elecciones del 20 de octubre de 2019 y la emergencia de Luis Fernando Camacho desde el departamento de Santa Cruz, un bastión regional de la derecha y extrema derecha boliviana. Y Áñez se tuvo que bajar.
Es posible que pensaran que, con Evo Morales lejos de su tierra, su Movimiento al Socialismo (MAS) quedaría desarticulado por completo, sin comprender cómo se transformó el país en los casi 14 años de gobierno del MAS.
En octubre de 2002, durante una visita a la Argentina, Evo le explicaba a Acción que «la clase dirigente debe estar muy preocupada» por la emergencia y desarrollo del MAS, que tenía apenas 4 diputados. 18 años después de esa entrevista parece que los más poderosos de Bolivia todavía no han comprendido que «el Evo» representa a los sectores históricamente postergados del país que levantaron la cabeza.