Los frutos del esfuerzo

Dedicada a la comercialización de cítricos, la entidad correntina nació en un contexto crítico para el sector. Hoy exportan gran parte de la producción y elaboran jugos y aceites en una importante planta procesadora propia.

 

Crecimiento. La flamante planta de la entidad correntina generó 120 empleos. (Gentileza Cooperativa Colonia San Francisco)

Según datos de la Federación Argentina de Citrus, nuestro país es el octavo productor de frutas cítricas frescas a nivel mundial. El desarrollo de los cultivos de este tipo en la Argentina se extiende en dos regiones: el noroeste (NOA) y el noreste (NEA). En esta última región, donde predominan los cultivos de naranjas y mandarinas, existen dos importantes epicentros citrícolas. Uno de ellos se encuentra en el departamento correntino de Monte Caseros, el cual posee la mayor superficie plantada de cítricos del país. Allí se sitúa la Cooperativa de Transformación y Comercialización Agropecuaria Colonia San Francisco, fundada en abril de 2002, cuando, ante las crecientes dificultades del sector, un grupo de colonos de ese distrito se propuso avanzar en la cadena productiva y desarrollar la comercialización por sus propios medios a través del modelo cooperativo. «Antes vendíamos la fruta directamente en nuestros campos a los intermediarios que venían a comprar; estábamos atados a los precios y a las condiciones arbitrarias de venta que ellos nos imponían, incluso a veces nos quedábamos sin vender las frutas», recuerda Miguel Rosbaco, productor citrícola y actual presidente de la cooperativa. Fue la unión de los esfuerzos solidarios de una veintena de productores agropecuarios de San Francisco la que les permitió a los colonos comenzar un camino más estable hacia la comercialización y la colocación de su producción, primero a nivel regional y luego en los mercados internacionales. «La mayoría somos pequeños y medianos productores que tenemos entre 30 y 60 hectáreas cada uno», comenta Rosbaco. Para avanzar en la cadena de valor, la autogestión y en la comercialización de sus productos, los asociados hicieron un pequeño aporte que les permitió en primera instancia comprar un terreno y construir un galpón para el acopio y el empaque. «En la planta recibimos la fruta, la procesamos, la empacamos y finalmente la exportamos a mercados como Oriente Medio y Rusia. En el último año la cooperativa exportó alrededor de 4 millones de kilos de diversas variedades de mandarinas», revela el dirigente.
La Cooperativa Colonia San Francisco posee hoy más de 1.500 hectáreas de citrus. «En la zona tenemos un importante volumen de frutas que no se pueden exportar pero que son aptas para la industria, la dificultad que teníamos era que los establecimientos industriales más cercanos se encuentran en la ciudad de Concordia, a unos 140 kilómetros, lo que encarecía mucho los costos. Por eso –cuenta el presidente–, en el año 2007 comenzamos a buscar créditos para instalar nuestra propia fábrica de jugos concentrados y aceites esenciales».
En octubre pasado, con una inversión de 18 millones de pesos, la entidad logró hacer realidad la planta procesadora. «Instalada en su mayoría con maquinarias de industria nacional, tiene una capacidad de proceso de unas 10 toneladas de citrus por hora
–explica Rosbaco–. Estamos muy contentos porque además de agregar valor a la producción de nuestros asociados, la fábrica está abierta a todos los productores citrícolas de la zona  que no tengan dónde comercializar sus frutas», agrega y comenta que antes de esta iniciativa más del 20% de la producción se desechaba porque no se podía industrializar ni vender. En la flamante planta correntina se extraen aceites esenciales, se exprimen los cítricos y luego se concentran y se comercializan congelados. Este ambicioso emprendimiento industrial beneficia a más de 200 pequeños y medianos productores de la zona, asociados y no asociados a la cooperativa. El desafío que puso en marcha la cooperativa generó 120 nuevas fuentes laborales. «Queremos desarrollar otras líneas de producción como el fraccionamiento y envasado de jugos para la venta directa en góndolas y el peletizado de las cáscara para elaborar alimento balanceado para animales», afirma Rosbaco. «Aspiramos a que la fábrica se convierta en el mayor complejo citrícola de la región».

Silvia Porritelli