Los libros del río

Gestionada por un grupo de vecinos, con una historia que se remonta a mediados del siglo pasado, la biblioteca Santa Genoveva, desde su pequeña casa en el arroyo Felicaria, promociona la lectura entre la población del Delta bonaerense.


Espacio. La biblioteca cuenta con 6.000 volúmenes y apenas cincuenta metros cuadrados. (Marisa Negri)

Existe una Biblioteca Santa Genoveva en París, magnánima, enorme, una obra de arte arquitectónica del siglo XIX que alberga casi dos millones de documentos. Y también existe otra biblioteca Santa Genoveva en el Delta de San Fernando, provincia de Buenos Aires, magnánima, pero muy pequeña, de cincuenta metros cuadrados, y con 6.000 libros que apenas tienen cobijo en ese espacio, por lo que suelen viajar en lancha para extender la posibilidad de lectura hasta donde el río lo permite. La Santa Genoveva local tiene una extensa historia –aunque no tanto como la de su par francesa–, que se remonta a mediados del siglo pasado cuando Genoveva Lattuga de Rojas –francesa, amante del Delta y cuñada del escritor e historiador Ricardo Rojas– cedió en su testamento antes de morir el terreno para la biblioteca en el arroyo Felicaria. Luego se constituyó la Sociedad de Fomento Vecinal Arroyo Felicaria para hacerse cargo de la gestión. Y así comenzó a rodar la historia de esta biblioteca que mediante la promoción de la lectura entre la población isleña lleva adelante una importante labor social en la zona. Un ejemplo de esta tarea es el Programa «Libros para viajar», una iniciativa para fomentar la lectura en las lanchas escolares del Delta, que recibió el primer premio en la categoría Sociedad del certamen Viva Lectura 2016. «Son 46 las lanchas escolares que recorren a diario los ríos y arroyos de nuestro delta, y en ellas viajan alrededor de 2.000 alumnos, docentes y no docentes», puntualiza Marisa Negri, docente, editora, poeta y miembro de la comisión que gestiona –a pulmón– la Biblioteca Santa Genoveva. «Las escuelas son los centros primarios de la sociedad isleña. Allí concurren los chicos en las lanchas escolares y muchas veces sus madres a vender algún producto de su producción, como nueces o mermeladas, o a participar de alguna actividad escolar». Además, desde la biblioteca se brindan talleres de alfabetización para adultos, colaboran con el Club Felicaria en una escuela de canotaje para los chicos de la zona y organizan encuentros con autores. Y también cuentan con una bibliolancha a bordo de la cual se realizan recorridos por «el delta literario» y talleres de escritura.

Aire libre
En 1999 se le dio a la biblioteca un fuerte impulso con el reconocimiento de la CONABIP (Comisión Nacional de Bibliotecas Populares) y de la Dirección Provincial de Bibliotecas Públicas. De este modo pasó a ser conocida ante otras bibliotecas de nuestro país y del mundo. Pero en este momento Santa Genoveva se encuentra en una situación crítica para continuar con su desarrollo, ya que el espacio con el que cuentan resulta insuficiente para albergar los libros, y totalmente nulo para tener una sala de lectura. Por eso, por ahora, todas las actividades con la comunidad se realizan al aire libre.
Muy cerca de la pequeña casa que es la Biblioteca Santa Genoveva se encuentran dos galpones municipales vacíos y en desuso. Esos espacios están siendo solicitados desde mayo del año pasado por la comisión de vecinos que gestiona la biblioteca, pero todavía no han podido concretar la habilitación para su uso. «Luego de la campaña que hicimos por las redes sociales tuvimos una entrevista el 5 de enero con el secretario de Gobierno del municipio de San Fernando –cuenta Negri–. Nos dijo que estaban dispuestos a cedernos el espacio, y pensamos que la mudanza sería inminente, porque necesitamos mudarnos en el verano, período en el que muchos estamos de vacaciones. Pero nos comunicaron que hasta que no se firmara un convenio no nos podían habilitar el lugar. Esperemos que los tiempos municipales coincidan con nuestra urgencia».