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Los otros hijos

Personas de todas las edades que fueron víctimas de adopciones irregulares buscan reconstruir su historia. El tráfico de niños y otras prácticas que luego llevaría al extremo la dictadura militar.

 

(Pablo Blasberg)

Estimaciones realizadas por organizaciones y especialistas sostienen que existen actualmente alrededor de 3 millones de personas en Argentina que no conocen su identidad de origen. «Yo siempre digo lo mismo: no sabemos exactamente cuántos somos», dice Patricia Peña, presidenta de la ONG Raíz Natal, a lo que agrega que: «Lo que siempre digo, que es para mí lo más certero, es que mi número de teléfono está disponible desde que empecé hace más de 12 años y no hay menos de 5 llamados por día».
Los grupos más antiguos son Quiénes Somos y Raíz Natal, que nacieron como uno solo en 2002. Hoy en día, periódicamente se suman nuevas organizaciones como Búsquedas Verdades Infinitas, Hijos Biológicos Buscamos Identidad, Nueva Identidad, Madres e Hijos que Buscan la Verdad, con muchos espacios online. Las redes sociales, en este sentido, son una herramienta clave. También aparecen instancias individuales de búsqueda con presencia en la web como los blogs Completando mi historia, Origen biológico, Necesito encontrar mi verdadera identidad, Camino al reencuentro, Aquí estoy, familia biológica, entre otros.
Encabezado por Sergio Abrevaya, que entre 2003 y 2007 trabajó como mediador en la Comisión Nacional por el derecho a la Identidad (Conadi), el Consejo Económico y Social de la Ciudad de Buenos Aires (CeyS) convocó en 2013 a las diferentes organizaciones a debatir una propuesta conjunta (se puede acceder al escrito en el siguiente link: www.change.org/es-AR/peticiones/apoyo-para-que-se-trate-el-proyecto-de-ley-nacional-derecho-a-la-identidad-de-origen-y-biol%C3%B3gica). Como resultado de los encuentros propiciados por el CeyS, la diputada Margarita Stolbizer presentó un proyecto de Ley de Identidad de Origen y Biológica que plantea la creación del Instituto para la Búsqueda de Identidad de Origen y Biológica de las Personas. Por su parte, en diciembre de 2013, los diputados Adrián Pérez y Elisa Carrió volvieron a presentar sus propios proyectos (que, como otras iniciativas previas, no habían podido ser tratados).
La lucha de Abuelas de Plaza de Mayo consiguió visibilizar las prácticas de apropiación implementadas sistemáticamente por la última dictadura cívico-militar, pero su influencia fue más allá. La Convención de los Derechos del Niño, aprobada por las Naciones Unidas en 1989, introdujo tres artículos a instancias de Abuelas que apuntan a la preservación de la identidad biológica tanto como a impulsar y fortalecer políticas de prevención y lucha contra el tráfico de niños. A esos artículos (7, 8 y 11) se los conoce como los artículos argentinos. Asimismo, la Constitución Nacional reformada en 1994, al validar tratados internacionales, pasó también a considerar la identidad como un derecho. No es extraño, entonces, que la problemática de la identidad haya ido abarcando, en las últimas dos décadas, cada vez más aspectos que hasta ese momento habían sido dejados de lado.

 

Caídos del cielo
La antropóloga Carla Villalta, en su libro Entregas y secuestros. El rol del Estado en la apropiación de niños, explica que «las prácticas desarrolladas por el “Estado terrorista” aun en su caracterización de excepcionales y siendo producto y parte de un plan político-ideológico que se intentó implantar en la sociedad argentina, no han “caído del cielo” sino que se han cristalizado a partir de elementos existentes en nuestra sociedad». Esas prácticas de circulación de niños incluyen el robo, la entrega, la inscripción falsa, la adopción ilegal y una larga lista de etcéteras.
Silvina Sotelo, una de las «independientes» –no está dentro de ninguna organización–, tiene la peculiaridad de contar con una sentencia a favor en una causa contra sus padres de crianza, que fue a su vez la continuación de un proceso de años para que estos permitieran un examen de ADN. En esa causa –con sentencia firme a partir de 2012–, el resultado no solo fue favorable al reclamo de Sotelo. El fallo, además, explicitó su derecho a conocer su identidad biológica, lo que dio pie a una segunda causa por ese motivo contra los mismos acusados. Después de la sentencia firme, Emilio Itzcovich, abogado de Sotelo, conectó a su representada con Abrevaya, quien luego inició la convocatoria a las organizaciones desde el CeyS.
La otra peculiaridad de Sotelo –quien al día de hoy no tiene certezas sobre sus orígenes biológicos, más allá de que muy probablemente haya sido traída desde Europa luego de un viaje de sus abuelos paternos–, es que su apropiador (como ella lo designa) tenía montado en la casa un sistema de entrega de bebés. Ginecólogo y abogado, proveniente de una familia con conexiones en altas esferas, había instalado su clínica frente a la casa familiar en Coronel Brandsen y realizaba las «transacciones» en el propio living de la casa. «Yo conviví con eso», cuenta Silvina Luján Sotelo, y agrega que no reparaba en qué significaba todo eso porque «incluso la gente que iba a buscar bebés lo tomaba como algo normal». Ya adulta y reconstruyendo sus experiencias infantiles y juveniles en terapia, pudo finalmente entender qué era lo que había presenciado tantas veces, y por eso decidió finalmente recurrir a la Justicia.
«El tema es que todas estas cosas están prescriptas como delitos. Prescriben a los 12 o 15 años, según el delito», describe Peña. «Los delitos que son entre particulares –lo que nos pasó a nosotros es entre particulares– prescriben», a diferencia de «los delitos que ocurrieron en la época de la dictadura, que son cometidos por el Estado contra particulares y son de lesa humanidad; no prescriben nunca». «Nosotros no pedimos que estos delitos sean considerados de lesa humanidad –agrega Peña– sino que como la Constitución te garantiza tu identidad, y tu identidad biológica es un derecho inalienable, se puede pensar que estos delitos siguen siendo cometidos en el tiempo, consuetudinariamente, porque nosotros seguimos teniendo esa falencia en nuestra historia».
Pero también abundan los casos en los que la irregularidad no está claramente revestida de criminalidad y no todas las historias tienen el grado de violencia y sordidez que narra Sotelo. Peña tuvo una muy buena relación con sus padres de crianza, por ejemplo. Ante la variedad de vivencias, el común denominador es que la línea temporal personal se detiene con el propio nacimiento. Este trauma afecta la vida normal de las personas, cuando no directamente la salud física, y eso sin mencionar las implicancias de desconocer sus características hereditarias.
«Faltan conceptos», dice Sotelo. Tanto ella como Peña plantean que en la actualidad no se cuenta con instrumentos legales ni con oficinas dedicadas específicamente a ayudarlos y dependen de su propio trabajo «detectivesco». «Lo que hay –explica Peña– es el área de derechos humanos del Registro Civil de la Ciudad», que podría aportar desde la documentación que pudiera existir en cuanto al nacimiento, pero solo dentro de las fronteras metropolitanas. En la Ciudad de Buenos Aires también está la Senaf (Secretaría Nacional de la Niñez, Adolescencia y Familia), a la que pueden acudir aquellas personas que fueron adoptadas. Este camino también tiene sus límites, porque «mucha gente no fue adoptada legalmente, la mayoría fueron inscriptos como propios. Pero hay casos en que incluso se inició una adopción y, por lo engorroso que era todo, lo dejaron después y los anotaron como propios», y en esas ocasiones existe probabilidad de que todavía se conserven en los archivos esos trámites iniciados. Peña agrega que en la Provincia de Buenos Aires «está la gente de Búsqueda de Personas Desaparecidas, de La Plata. Pertenece al Ministerio del Interior de la Provincia y se ocupa de registrar e investigar los casos de personas desaparecidas o halladas (vivas o fallecidas). La búsqueda de la identidad de origen no estaba contemplada al inicio, pero pasó a estarlo cuando las consultas al respecto comenzaron a reiterarse y desde entonces tratan de ayudar en lo que pueden».
Al margen de los testimonios que puedan recolectarse, un camino es rastrear las partidas de nacimiento, pero eso tampoco es fácil. Por ejemplo, en el caso de los hospitales, Peña menciona que antes de 1983, al no tener la obligación de guardar los libros de parto, periódicamente se deshacían de ellos –cuando no los destruían la humedad o las ratas–. Recién la ley 2.202 de la Ciudad de Buenos Aires, promulgada en 2006, dispone la obligatoriedad de que esos registros se preserven de manera sistemática. No obstante, los hospitales suelen presentar resistencia a abrir sus archivos. A esto se suma que el nombre con el cual figura la persona en el certificado fraguado es distinto al del parto real. La justicia, ante esa situación, considera que se están buscando los datos de otro, «¿una orden judicial para buscar qué? ¿Con qué nombre? ¿Los datos de quién?». Según Peña, es posible entonces apuntar a las fichas de los partos alrededor de la supuesta fecha de nacimiento, pero en muchos casos la fecha anotada no es la que realmente corresponde.
Las edades de los miembros de Raíz Natal oscilan entre adolescentes y personas de más de 80 años. Los más jóvenes –prueba de un cambio cultural– suelen venir acompañados por sus padres de crianza. Otro ejemplo de que lo que está ocurriendo va mucho más allá, e incluye nuevas problemáticas, es, como cuenta Peña, que «el año pasado llegó un chico que tenía 18 años, que vino con su mamá, quien se había hecho una inseminación con esperma anónimo. Y uno dice “qué loco, ya empezaron a llegar los que fueron concebidos por fertilización asistida”». Un fallo de abril de este año a favor del pedido de unos padres para que sus hijas, concebidas mediante un tratamiento de fertilización, puedan disponer de la información de los donantes una vez que lleguen a la mayoría de edad, anticipa una discusión insoslayable.
Una ley sería, a los ojos de los involucrados, un primer paso para saldar años de ausencia institucional. Peña remarca que debe tratarse de una ley de Identidad de Origen y Biológica, porque «lo biológico se refiere a lo genético y el origen es la cultura, la historia».

Diego Braude