Los puños llenos de verdades

Con una función especial de la obra teatral Los golpes de Clara y posterior debate con la presencia de la socióloga María Pía López, se recordó el tercer aniversario del movimiento que lucha por los derechos de las mujeres. Organizó el Espacio de Géneros del CCC.

Lo personal es político. Aguilar, Lois, López y Guevara, en la sala Tuñón del CCC. (3estudio/Juan C. Quiles)

Clara es pequeña, menuda, pero cuando se calza los guantes, se vuelve enorme. Decide practicar boxeo siguiendo el consejo de una amiga, que le sugiere «redireccionar la violencia» que le despiertan el desempleo, el acoso callejero, la falta de compromiso del padre de sus hijos y los mil avatares de la vida doméstica. El unipersonal de Carolina Guevara, con texto de la actriz y dramaturgia y dirección de Leandro Rosati, desgrana, con humor e ironía, las violencias cotidianas que sufren las mujeres pero deja una mirada esperanzada: es posible hacer frente a todo esto, uniéndose con otras. Con una función especial de la obra –que durante 2017 formó parte de la cartelera del CCC Floreal Gorini y actualmente se exhibe en la sala del Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (CELCIT)–, el Espacio de Géneros del CCC conmemoró tres años del nacimiento del movimiento Ni Una Menos. La actividad contó con un panel posterior integrado por la socióloga María Pía López, quien estuvo acompañada por Ianina Lois, del Departamento de Comunicación del CCC, y Paula Aguilar, coordinadora del Espacio de Géneros.
«El personaje de Clara logra ver la mirada de las mujeres, la mirada de una mujer de barrio, de clase popular, que es madre, que es exesposa, puede ver la vida cotidiana y cómo la vida cotidiana tiene que ver con el mundo en el que vivimos, con la sociedad en la que vivimos. Conjuga todo el tiempo esas dimensiones y me parece que eso es un poco la agenda feminista y lo que estamos viendo, sobre todo en estos tiempos, esto de que lo personal es político», dijo Lois.
María Pía López, en tanto, señaló: «Tengo la sensación de que hay una afinidad, hay un pasadizo entre esta actuación y lo que pasa con nuestros cuerpos en la calle, que tiene que ver con lo que definiría como una “furia alegre”, estamos furiosas. Y el movimiento de mujeres, lesbianas, transexuales y travestis en la Argentina somos un modo de poner la furia en juego. Esa furia es una furia que tiene muchas aristas, que tiene muchas razones, pero tiene una tonalidad y es esa tonalidad festiva, esa tonalidad alegre, esa tonalidad irónica, la que priva a ese movimiento de cualquier solemnidad a la hora de su aparición pública».

Otra corporalidad
Asimismo, López destacó cómo el feminismo está tomando la escena teatral. «Se ve en muchas salas, en muchas dramaturgas, en muchas actrices, en una redefinición de la corporalidad, eso está pasando y está afectando la escena teatral argentina o porteña, por lo menos, de un modo muy interesante». A la par, afirmó que «es interesante ver cómo la teatralidad está jugando en el movimiento callejero. Es decir, cómo cuando estamos en la calle se produce una puesta en escena de los cuerpos que es una puesta en escena muy autoconsciente, muy pensada, muy performática, que todo el tiempo está inventando los modos de habitar la calle, los modos de expresarse con ciertos montajes corporales». Y concluyó: «Mi último resto de optimismo consiste en confiar en que los feminismos sigan creciendo, sigan encontrando sus lenguajes, su teatralidad».
Aguilar, también socióloga, leyó, sobre el final, un texto donde volcó su interpretación de la obra.  «La escisión moderna entre lo público y lo privado, lo sabemos, es burguesa –señaló–. Lo privado queda reducido a lo clandestino y a lo invisible, de puertas adentro, “femenino”. Clara hace estallar esas fronteras, reacciona de un modo emocional en el espacio público. Lo de siempre, recibe la acusación de loca, bien lo saben las madres y las brujas. La expresión de las afectividades en el espacio público es disruptiva, claro que no todas. ¿Es lo mismo una pelea callejera por tránsito entre dos varones que la ira de Clara? ¿Cuánto podemos enojarnos o defendernos en público?».