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Alimentos Cooperativos y la Unión de Trabajadores de la Tierra instalaron un nuevo espacio de comercialización abierto al público en el barrio porteño de Villa Devoto. Agroecología, solidaridad y comercio justo. Del productor al consumidor.


Variedad. En las góndolas del almacén se exhiben productos de la economía social. (Jorge Aloy)

En el gran y pintoresco almacén del Mercado de la Agricultura Familiar Campesina se pueden encontrar alimentos frescos como verduras, hortalizas y frutas agroecológicas. En sus góndolas también se exhiben yerbas, dulces, conservas, frutos secos, mieles, lácteos, embutidos, vinos, cervezas y panificados, entre otros productos y artículos elaborados por cooperativas, empresas recuperadas y pymes de diferentes sitios del país. «Al principio teníamos dudas sobre cómo iba a funcionar en esta zona, que es eminentemente residencial y poco comercial, pero la respuesta de los vecinos fue muy buena. Nos recibieron con gran entusiasmo y nos agradecen por haber instalado acá una propuesta que promueve la agroecología y la buena alimentación», comenta Ignacio Vila, presidente de la Cooperativa de Trabajo Alimentando.
Hace un año Alimentando –emprendimiento autogestivo de comercialización mayorista– y el Centro de Comercialización de Productos de la Agricultura Familiar (CECOPAF) –dedicado a la venta minorista–, se fusionaron en el proyecto Alimentos Cooperativos. De esa integración surgió la idea de abrir el Mercado en Villa Devoto, una propuesta en la que también participan Unión de Trabajadores de la Tierra (UTT) y Cauqueva, una cooperativa conformada por más de 100 pequeños productores de la Quebrada de Humahuaca. «Este es un proyecto íntegramente cooperativo, desde su ejecución, financiación, hasta su gestión diaria en el almacén», asegura Vila.
«Acá trabajamos todos priorizando lo colectivo y dejando de lado los intereses individuales especulativos», comenta Lucrecia Alvarado, secretaria de CECOPAF. «Aunque nos repartimos las tareas, todos colaboramos con la administración, las estrategias comerciales y el trato con proveedores. También atendemos al público, armamos las góndolas y limpiamos», agrega en relación a cómo se organizan las labores dentro del Mercado.

Precio y calidad
Además de preocuparse por lo que hay detrás de la formación de precios, los cooperativistas  tienen en cuenta la calidad de lo que venden. «Los productos de la industria alimenticia tradicional están cargados de grasas saturadas, azúcares, sodio, químicos y conservantes. No aportan a una buena alimentación. En oposición a esto, la agricultura familiar produce alimentos sin agrotóxicos ni aditivos químicos, nutren y son beneficiosos para la salud», diferencia la secretaria.


Integración. La clave del crecimiento. (Jorge Aloy)

Según comenta Vila, la cadena convencional de comercialización solo le deja al agricultor entre el 5% y 20% del precio final y prácticamente le prohíbe el ingreso al mercado. «En ese marco –señala el presidente–, hemos decidido dejar de ofrecer nuestros productos a los grandes supermercados y armar una estructura comercial propia para mejorar esas condiciones y ofrecerles a los proveedores una justa retribución», apunta en relación con la apertura del Mercado como un almacén minorista de cercanía, entre otras propuestas. Frente a prácticas especulativas, y en medio de un contexto de baja de la demanda, que perjudica tanto a pequeños y medianos productores, como a los consumidores, los cooperativistas apuestan la integración y el trabajo mancomunado.
Para aprovisionarse de mercaderías, abonar en tiempo y forma a los productores y no trasladar costos financieros a los consumidores, los integrantes del Mercado solicitaron microcréditos al Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos (IMFC). «Además de nuestra capacidad de trabajo, la clave de nuestro crecimiento tiene que ver con que decidimos unirnos con otros. No es fácil –concluye Vila–, hay distintos puntos de vista, pero hemos logrado afianzar buenos vínculos».