Mensajes de guerra

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Pese a su rápida liberación, la detención de la directora de Huawei, en Canadá, reavivó la ofensiva comercial de la administración Trump contra China. La cuestión de la seguridad y las estrategias para controlar el negocio de la tecnología digital.


Vancouver. Meng Whanzhou, directora de la compañía de telecomunicaciones, sale de tribunales luego del pago de una fianza. (CTV/ AFP / Dachary)

Parece una partida de ajedrez de la geopolítica mundial: Estados Unidos avanzó sobre una figura clave, nada menos que la dama. La pieza es Meng Wanzhou, directora de la empresa Huawei, la compañía de telecomunicaciones que pateó el tablero del mercado y se ganó un lugar de privilegio entre los principales competidores. Wanzhou fue detenida en Canadá por pedido de Estados Unidos el mismo día que en Buenos Aires se encontraban cara a cara los presidentes Donald Trump y Xi Jinping en la cumbre del G20. La liberaron poco después, pero no de cargos. La Casa Blanca acusa a la empresa de hacer negocios con Irán, violando las sanciones comerciales que Washington impuso a ese país. Y, además, advierte que usar productos de Huawei pone en riesgo la seguridad, toda vez que supone –sin pruebas– que la compañía entrega al gobierno chino información que recaba del tráfico de datos en los celulares y computadoras. Beijing respondió con la detención de dos ciudadanos canadienses, como para equilibrar una contienda que tiene una disputa de fondo: quién se queda con la hegemonía de la tecnología digital, la industria del futuro.
Huawei fue fundada en 1987 por el padre de la actual directora, Ren Zhengfei, exmiembro del ejército chino, con una inversión inicial de 3.000 dólares. La compañía facturó en 2017 más de 70.000 millones y piensa cerrar el 2018 por encima de los 100.000 millones. Su crecimiento anidó en el plan que en 2015 China bautizó como «Made in China 2025»; se busca dedicar esfuerzos intensivos durante una década para desarrollar sectores clave de los tiempos modernos como la inteligencia artificial, la robótica, la transmisión de contenidos e información y la aeronáutica espacial. Los resultados ya se vislumbran: el año pasado el gigante asiático acumuló el 46% de las patentes registradas en el mundo (el doble de Estados Unidos) y aumentó su inversión en investigación y desarrollo hasta el 2,1% de su PBI (gastaban el 1,4% en 2006). «No queremos ser más el país de la mano de obra barata e incansable», dicen desde el gobierno oriental; pretenden ser líderes de vanguardia industrial. En esa carrera, Huawei luce las mejores medallas. Superó a Apple en el segundo puesto de ventas de teléfonos inteligentes (muy cerca de Samsung, el primero) y ya domina el 10% del nuevo sistema de comunicación global, 5G.
«La detención de Wanzhou es casi una declaración de guerra de Estados Unidos contra la comunidad empresarial china». La cita es de Jeffrey Sachs, economista egresado de Harvard y hombre de consulta permanente para el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. No interviene en la discusión sobre bloqueos comerciales (de por sí válida y necesaria), pero cuestiona a la Casa Blanca por arremeter contra directivos de una empresa en lugar de multar a las firmas. Sachs enumera a aquellas compañías y bancos que recibieron castigos económicos (y no la cárcel de sus directivos) por violar sanciones de Washington a Irán y a otros países: JP Morgan Chase, Bank of America, Banco de Tokio, Banco Do Brasil, Deutsche Bank, HSBC, ING, PayPal, Barclays y otras.

Desmentidas y enigmas
Lo ocurrido con Huawei refuta incluso la propia conducta de los Estados Unidos en –aparentes– circunstancias similares. En abril de 2018 la administración Trump había cargado contra ZTE, otra empresa tecnológica china. La señalaron por haber roto el embargo comercial con Irán y Corea del Norte y le prohibieron comprar componentes estadounidenses, vitales para su cadena de producción. La firma estuvo al borde de la quiebra. Eso alertó a Pekin y motivó que el presidente Xi Jinping llamara a redoblar su industria nacional con un argumento desafiante: «En el pasado nos apretamos el cinturón y los dientes y pudimos construir la bomba de hidrógeno, la bomba atómica y un satélite… en materia de tecnologías debemos ahora dejar de lado las ilusiones y depender de nosotros mismos». El antecedente de ZTE sirvió, pero nadie de los suyos terminó tras las rejas. ¿Por qué con Huawei sí?
El influyente diario The Washington Post habla de una pelea interna dentro del Salón Oval. Se trata de «una facción anti-China del gobierno», con John Bolton y Peter Navarro (asesores de Seguridad Nacional y de Comercio) a la cabeza. Según el diario, le transmiten a Trump su preocupación por los avances tecnológicos chinos y por el crecimiento de las transacciones comerciales en su moneda, el yuan, en depreciación del dólar. Como «negocios son negocios», hay una facción opuesta, liderada por el secretario del Tesoro, Steven Mnuchin, que busca acrecentar la participación de las compañías estadounidenses en el mercado chino y su enorme área de influencia.
Desde Huawei rechazan toda acusación. La compañía asegura que las cuestionadas transacciones con Irán se hicieron a través de una empresa totalmente ajena. En efecto, los vínculos comerciales los hizo la firma Skycom. Se conocieron papeles donde Whanzou reconoce que Huawei tenía control accionario y que ella encabezaba el directorio allí. Las operaciones en estudio se realizaron cuando Huawei ya había abandonado Skycom. Estados Unidos cree que ese vínculo jamás se disolvió.
Tampoco las sospechas sobre cuestiones de seguridad son fundadas, agregó la compañía. «Pese a que en algunos mercados se busca crear temor en torno a nosotros y usan la política para interferir con el crecimiento del sector, estamos orgullosos de que nuestros clientes siguen confiando en nosotros», dijo Ken Hu, CEO de Huawei. Explicó, además, que la empresa ha firmado 25 contratos comerciales de 5G y entregó más de 10.000 estaciones de ese sistema en diferentes países. «No hay evidencia de ataque alguno, las especulaciones están basadas en temores ideológicos y geopolíticos», concluyó.
Nadie se anima a adivinar la próxima jugada, pero parece que Huawei está en jaque. Francia no usará el 5G chino, tampoco Gran Bretaña. Alemania revisará el ingreso al país de productos de la empresa asiática, Nueva Zelanda y Australia directamente lo prohibieron. De monopolios, licencias y hegemonías se trata: se juega a fabricar el más moderno celular y la señal de mayor alcance, pero lo que se disputa es –y con mayúsculas– el Poder.

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