Mundo zombi

Tan fascinantes como vigentes, los zombis parecen invadirlo todo: juguetes, libros, films, series o videojuegos son devorados por los fanáticos del género. Qué hay detrás de este ícono de la degradación humana y por qué atrae tanto a los jóvenes.

Terror. Los fanáticos pasan horas caracterizándose para lograr el zombi perfecto. (Télam)

 

Casi ha pasado medio siglo desde que George Romero estrenó La noche de los muertos vivientes, un film que sería para muchos el padre de todas las películas que se sucedieron luego sobre la temática zombi. Ejemplos no faltan, desde El amanecer de los muertos o Day of the Dead, del mismo director, a Guerra Mundial Z, REC, La Tierra de los muertos vivientes, Orgullo y prejuicios y zombis, hasta la serie más exitosa del momento The Walking Dead, que plantea un apocalipsis zombi y la lucha de los hombres por sobrevivir a cualquier precio en una sociedad anárquica. Basada en el cómic del escritor Robert Kirkman y el artista Tony Moore, la serie de la cadena televisiva AMC, de acuerdo con algunas estimaciones de 2014, recauda más de 1,3 millones de dólares por capítulo solo en Estados Unidos.
Claro que pensar que los zombis nacieron con esta serie norteamericana no solo sería un error que irritaría a más de un cinéfilo zombimaníaco, sino que también dejaría afuera tantas otras historias de este ser que viene desde los tiempos bíblicos, con el resucitado Lázaro, pasando por los zombis de Haití, provenientes de la cultura afro que tras ser encantados por el vudú volvían a la vida, hasta llegar a este zombi de nuestros tiempos que todo lo devora y que pone al límite a los vivos, volviéndolos incluso más peligrosos que los propios muertos.
Ahora bien, la pregunta que surge, incluso entre quienes consumen esta figura es: ¿Por qué fascina tanto este ser terrorífico?
Para la filósofa y exbecaria del Conicet Anahí Acosta, quien en 2012 ganó un premio por su ensayo sobre la temática en el certamen de la Antología del Ensayo Filosófico Joven en Argentina, que contó con el patrocinio del Fondo de Cultura Económica, la figura del zombi puede ser leída desde varias interpretaciones, una de ellas sin dudas tiene que ver con «la metáfora del consumo, del capitalismo; un sujeto masificado, carente de voluntad, reducido a puro instinto de devoración, donde el objetivo es consumir todo y sin límite».
Por supuesto que la significación no termina allí, porque quien devora es alguien cuyo cuerpo se encuentra degradado, nada más alejado de los deseos actuales de perfección y belleza. Tal vez allí la figura del zombi viene a irrumpir para recordarnos hacia dónde vamos.
«Recordemos que en 1968, cuando se estrena el film de Romero, se estaba en plena época de liberación sexual femenina, de una exaltación del cuerpo, y lo que se propone con la película es otra visión: un cuerpo que se destruye, que se rompe, lo muestra como un objeto también consumible. Entonces, en principio el zombi surge como una figura crítica», asegura Acosta en diálogo con Acción.

 

Todos podemos ser
Tal como lo muestran las películas, de Romero en adelante, siempre está el relato apocalíptico acompañando la figura del zombi, que sería ni más ni menos el responsable del fin de la humanidad tal como la conocemos, y al mismo tiempo todos somos potenciales zombis.
«Veo películas de zombis desde que era chica, es algo muy normal para mí. Lo que más me atrapa es saber cómo uno puede sobrevivir a una invasión zombi, al fin del mundo. Igual es muy raro, muy chocante, ver que alguien de tu familia se muere y se levanta luego y te quiere matar», relata Lucía (23), fanática del género y una de las organizadoras de Argentina Dead, un club de fans de la serie de AMC, que se maneja a través de Facebook y organiza eventos para los fanáticos.
«Un zombi no está vivo, no está muerto, no tiene voluntad, no habla, no se le puede atribuir pensamiento, entonces es una suerte de autómata devorador de carne, un destructor de cuerpos, es lo que no podemos nombrar. En este sentido, un zombi puede ser un inmigrante, la masa de pobres, en Buenos Aires incluso se les llamaba «zombis» a los chicos que limpiaban vidrios en las esquinas y que a veces estaban drogados. El zombi como categoría puede ser llenado con distintos significados», sostiene Acosta.
Será por esto que los videojuegos que fanatizan a chicos y adolescentes se desarrollan sin culpa, muchas veces para canalizar los instintos destructivos, pero por otro lado, sostiene Acosta «ese sujeto de destrucción es extraño y no termina de ser un ser, una persona; si es un zombi, es menos evidente que es un ser humano al que se mata, porque ese otro amenazante puede ser muchas cosas».

 

La amenaza biológica y la supervivencia   
«En el zombi el cerebro sigue funcionando, siempre se habla de las creaciones de virus, creo que podría llegar a pasar», asegura Lucía. En el caso de Agustina (21), otra de las organizadoras de Dead Argentina, el zombi es la criatura de terror que más la atrae. «Puede llegar a ser la más real si la comparo con los vampiros o Frankenstein, por ejemplo», arriesga y hasta se anima a fantasear con la creación de un virus que nos convierta a todos: «Yo no pondría la manos en el fuego, con todo lo que se hace puede terminar en cualquier cosa».
Quien consume el género sabe que la causa de ese resucitar de los muertos nunca queda explicada, aunque siempre sobrevuela esa historia del virus cuya creación secreta se salió de las manos. «Acá también entran a jugar las teorías conspirativas de las corporaciones que son más fuertes que el Estado, que provocan la aparición de estos sujetos que voltean todo Estado; es una regresión de la sociedad al estado de naturaleza. Así, hay toda una cuestión en la figura del zombi que se podría relacionar con el atravesamiento de lo biotecnológico; este nuevo zombi es producto de la experimentación; el zombi es un infectado, un enfermo», señala la investigadora cordobesa.
«Para mí lo que más atrapa a la gente de este fenómeno es el morbo de querer que pase, comprobar si puede llegar a ser real, porque sienten que están preparados para enfrentar a un zombi», arriesga Federico (21) quien junto con Lucía y Agustina realizó recientemente la segunda convención para fanáticos de The Walking, donde se pudieron encontrar desde caricaturistas, maquilladores, dulces que simulaban ser dedos, ojos y cerebros, remeras, mochilas y demás productos de merchandising de elaboración propia.
«Siento mucha adrenalina. Me emociona ver zombis, son criaturas únicas. Te ponés a pensar qué harías vos si tuvieras que sobrevivir a un apocalipsis zombi. Por otra parte, también te da miedo perder gente que vos querés, de tu grupo», comenta en una charla con Acción Sofia (13) quien sonríe bajo un maquillaje que emula una mordida.
«La figura del zombi pone en el centro la cuestión de la mortalidad, la inmortalidad y la supervivencia. Por otro lado, la muerte como tópico siempre ha resultado muy atractiva, sobre todo para los jóvenes, es una etapa de la vida en donde se desafían los límites, esto podría explicar el porqué de la atracción entre los chicos», afirma Acosta.
Matías (16), quien se confiesa un gran consumidor de cómics, juegos de supervivencia, revistas, películas, disfraces y libros sobre zombis, ratifica esto y señala que esta figura representa «la mejor rama de la ciencia ficción. Hay gente que disfruta con la tensión de las películas. A mí me gusta la tensión, la adrenalina que genera saber que te están persiguiendo».
Con todo, estos muertos vivientes llegaron hace décadas para interpelar lo que somos y lo que indefectiblemente vamos a ser: materia que se degrada, aunque también, tal como afirma Acosta, «dejan en claro de qué son capaces las personas para sobrevivir, porque los muertos lo resuelven devorando, pero los vivos, liberados de un poder que administre la ley, son capaces de hacer cualquier cosa».