Netanyahu, intocable

La figura de Benjamin Netanyahu se agiganta con el paso del tiempo y bate todos los récords de permanencia en el poder al superar a figuras legendarias del Estado de Israel, como David Ben Gurión y Golda Meir.
Cuando asumió, en 1996, a los 47 años, fue el primer ministro más joven de su país; ahora –con 70– ya es el más longevo en el cargo al asumir su quinto mandato. Si durante años la derecha aclamaba al general Ariel Sharon como «rey de Israel», Netanyahu lo superó, incluso sorteando todas las denuncias de corrupción en su contra.
Como gobernante, ha demostrado gran capacidad para interpretar la derechización de la sociedad israelí desde la ocupación de Cisjordania y la franja de Gaza en 1967. Además, logró dominar al Likud, el principal partido de la derecha, eliminando fieles seguidores cuando osaban desafiarlo. Nadie de la clase política israelí parece confiar en su persona, pero, o terminan apartados completamente o enredados en sus maniobras que lo mantienen incólume a pesar de que varias veces pronosticaron su ostracismo.
En mayo, después de un año con tres procesos electorales que no le dieron la mayoría necesaria para formar Gobierno, logró el apoyo de 73 congresistas sobre 120 para armar un «Gobierno de unidad nacional» en un acuerdo de rotación con la principal fuerza opositora –algo que en Israel ya se ha practicado en el pasado–, en el que repartió ministerios a diestra y siniestra.
Los sectores progresistas tampoco han logrado enfrentar a Netanyahu, que avanza con la colonización de los territorios palestinos y cuenta con el beneplácito de Donald Trump. Más aún, el llamado nuevo plan de paz presentado por Trump –sin consultar a los palestinos– pareciera haber sido redactado de puño y letra por el primer ministro que –por ahora– sigue disfrutando de las mieles del poder. Y cada vez más a la derecha.