Nuevos relatos

Un grupo de trabajadores de prensa de Montevideo fundó un periódico que brinda una mirada alternativa a la de los medios hegemónicos uruguayos. Con más de 8.000 suscriptores, es el segundo diario más vendido del país.


Agenda propia. Género, juventud y derechos humanos, los temas de cabecera. (Gentileza La Diaria)

La Diaria, de Montevideo, es un diario independiente que nació en 2006 por iniciativa de un grupo de trabajadores de prensa que buscaba instalar una voz diferente dentro del sistema de medios uruguayo. Aunque durante los primeros años funcionó como una sociedad anónima, las decisiones internas se tomaron siempre en asamblea. Ese espíritu participativo y democrático fue el que llevó a que el proyecto se convirtiera, en 2010, en cooperativa de trabajo, un cambio que le permitió consolidarse y posicionarse como el segundo diario más vendido de Uruguay, con 8.000 suscriptores. «Con la idea de construir una agenda alternativa a la que permanentemente imponen los medios hegemónicos, nos propusimos contar las noticias desde otro lado y, al mismo tiempo, abrir nuevos debates y visibilizar los hechos que el periodismo tradicional silenciaba o ninguneaba», explica Damián Osta, gerente de la cooperativa.

Transformaciones
La Diaria incorporó a su agenda temas de género, minorías, juventud y derechos humanos, además de difundir modelos alternativos de desarrollo vinculados con la economía solidaria, el cooperativismo y el emprendedurismo. En el marco de los cambios que produjo Internet en el campo de la información, los asociados desarrollaron además nuevas propuestas de comunicación. «Estamos en un negocio que está mutando permanentemente –dice Osta–, por eso resolvimos crear un laboratorio de medios en el que convergen soportes tradicionales, plataformas digitales, redes sociales y diferentes contenidos audiovisuales. La idea fue crear nuevos formatos, nuevos relatos, pero en definitiva el concepto es el mismo: un colectivo de personas que paga para que exista una mirada diferente y para que los periodistas puedan hacer su trabajo con independencia sin tener que depender de un dueño que en cualquier momento puede decidir cerrar el diario».  
Los avances abrieron miles de puertas de acceso hacia un mayor flujo de información, pero los cooperativistas saben que estas herramientas no están exentas de concentración y de manipulación. «Lo que ocurre con el periodismo en general es que las empresas de comunicación están perdiendo rentabilidad, lo que las hace susceptibles a los subsidios que les ofrecen las corporaciones políticas y/o económicas para seguir existiendo –reflexiona Osta–. Estamos frente a un mercado de la información que hace la plata en otro lado porque lo que importa es que esos medios digan lo que esas corporaciones quieren decir para aumentar su poder. A eso nosotros le contraponemos una alianza entre profesionales de la comunicación y de la tecnología y ciudadanos críticos que están dispuestos a sostener una mirada diferente».

Presente y futuro
Desde abril de 2013 la cooperativa edita Lento, una revista mensual «pensada para leer con tiempo», que incluye el análisis de tendencias, notas en profundidad, producciones fotográficas, humor y arte. Por otro lado,  en la planta baja del periódico, donde funcionaba un café, está impulsando «La Diaria Lab, un espacio de conspiración», ya que allí también lectores y trabajadores proyectan y desarrollan tareas vinculadas con el futuro de los medios. En este sentido, están atentos al fenómeno denominado «economía colaborativa». Se trata de un modelo económico basado en el intercambio y la puesta en común de bienes y servicios mediante el uso de plataformas digitales. Osta advierte sobre las diferencias entre la economía colaborativa y la economía cooperativa y solidaria. «Esta modalidad que propone la economía colaborativa, el movimiento cooperativo la viene impulsando desde sus orígenes –concluye–.  Ahora el capitalismo quiere apropiarse de este modelo y nosotros como cooperativistas tenemos que tener cuidado en la construcción cultural que se nos impone».