«Olvidamos construir partidos fuertes»

El referente de Podemos y exasesor de Hugo Chávez analiza el giro hacia la derecha en América Latina, consignando la estrategia injerencista de Estados Unidos y las debilidades y retos de las fuerzas progresistas. España sin Rajoy: modelo en debate.

Buenos Aires. El politólogo, en su reciente visita, recorrió la librería del CCC Floreal Gorini. (3estudio/Juan Quiles)

Alos 55 años, Juan Carlos Monedero es considerado uno de los pensadores políticos más prestigiosos de Europa. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología y cofundador de Podemos, el partido surgido del movimiento de indignados en España, su visión estratégica incidió decisivamente para que la formación que hoy lideran Pablo Iglesias e Iñigo Errejón se consolidara como una referencia insoslayable de la izquierda en el viejo continente. Además de ello, en la biografía de Monedero se cuentas otras acciones relevantes, entre ellas haber sido asesor del fallecido Hugo Chávez en Venezuela durante cinco años. Una experiencia que le permitió incrementar sus conocimientos sobre la situación que viven los pueblos de América Latina.
En su reciente visita a Buenos Aires, donde participó de diversos actos en el Centro Cultural de la Cooperación, el ideólogo de Podemos dialogó con Acción sobre la actualidad política de España y de Europa, así como también de la región. En particular, reflexionó acerca de las nuevas estrategias utilizadas por la derecha para ocupar espacios de poder y los desafíos que debe enfrentar la izquierda en pos de recuperar el terreno perdido.
–¿Cómo analiza la embestida judicial contra expresidentes latinoamericanos?
–Después de la doctrina de Seguridad Nacional y su desprestigio final, Estados Unidos decidió poner en marcha una estrategia más limpia, más adecuada al siglo XXI. Difícilmente vamos a ver hoy un bombardeo al Palacio de la Moneda, como el del 11 de septiembre de 1973, porque eso ya no hace falta. Hoy, los neofascistas, los autoritarios, los neoliberales, van vestidos de Armani. Y así consiguen lo mismo, pero sin la necesidad de ensuciarse las manos, ni de generar lo que eufemísticamente se llama «daños colaterales». EEUU está financiando escuelas de judicatura en muchos países. Igual que ayer formaron a militares para la tortura y la desaparición, hoy están formando a jueces para hacer lo que han hecho con Lula, con Correa, lo que están intentando hacer con Cristina. Están tratando de conseguir, a través de disposiciones judiciales, lo que no son capaces de conseguir en las urnas. Todo lo que estamos viendo, tenga o no tenga algún pozo de verdad, es lo mismo. Todos están siendo perseguidos por esta nueva doctrina que sustituye a la vieja doctrina de Seguridad Nacional y que no deja de ser el recurso repetido de los privilegiados: utilizar el aparato del Estado para intentar silenciar a los adversarios políticos.
–América Latina es escenario de un giro político, iniciado hace ya algunos años, hacia la derecha. ¿Cuál cree que fue el error de los gobiernos populares para que se abra esta nueva etapa?
–El gran problema en América Latina es que olvidamos construir partidos fuertes, modernos, que fueran partidos-movimiento, y que no fueran simplemente correas de transmisión de las cúpulas. Creo que ha sido muy importante en México que López Obrador haya dejado en la dirección del partido a su mano derecha. Veo lo que ha pasado en Ecuador con Lenin Moreno y creo que eso habría sido imposible si el partido Alianza País hubiese funcionado. Me resulta difícil creer que si aquí el kirchnerismo o el peronismo hubiesen funcionado como un partido de nuevo tipo, muy vinculado con los movimientos sociales, no hubieran visto los errores que se estaban cometiendo. Por lo tanto, yo creo que una de las tareas pendientes es reinventar la fórmula partido: que esa estructura esté constantemente en deliberación con los movimientos sociales. Es lo que va a salvar a los partidos de su degeneración.
–Donald Trump en Estados Unidos, la ultraderecha que crece en Europa, el giro neoliberal en América Latina: ¿por qué ocurre esto?
–La derecha que emerge tiene entre el 20% y el 30% de los votos. Recordemos que en el año 33, en Alemania, la izquierda tenía 14 millones de votos y los nazis 11 millones. Somos más de lo que a veces parece. Lo que pasa es que estamos muy fragmentados. Y eso dificulta profundamente que podamos sumar. Recuerdo que en España, durante la transición, había cinco partidos maoístas.
–En ese plano, ¿por qué cuesta tanto la unidad de la izquierda, mientras la derecha no parece tener esa dificultad?
–Porque la derecha trabaja sobre elementos que son muy favorables a la cohesión. Uno de ellos es que opera sobre lo que existe y, por lo tanto, lo que existe deja menos dudas de interpretación. Siempre ha dedicado buena parte de sus esfuerzos a ser eficaz. Por eso los economistas y los think-thanks están con ellos. En cambio, la izquierda, cuando discute sobre las vías para acceder al socialismo, está operando sobre entelequias. Eso explica por qué por una diferente interpretación o por una diferente lectura de Marx se monta una nueva Internacional. La izquierda es el lugar donde se reflexiona de cosas muy alejadas de lo real. A mí me parece muy bien que haya muchos sociólogos y politólogos, pero no estaría mal que tuviésemos más ingenieros, físicos y geólogos.
–El PSOE asumió el gobierno español hace pocos meses con un discurso de cambio frente a Mariano Rajoy, líder del PP. ¿Lo ubica política e ideológicamente dentro de la izquierda?
–El PSOE hace mucho tiempo que renunció a sus siglas de izquierda. Ya Felipe González dijo una vez: «Hace mucho que renuncié a mis principios izquierdistas». González hoy es el asesor de Carlos Slim, el hombre más rico de América Latina en el continente más desigual del mundo. ¿Cómo es posible que el referente moral de la izquierda española ocupe ese rol? Es un disparate. No creo que lo veamos con la gente de los barrios humildes. Mucho más probable es que esté en las reuniones de estos grandes ricos.
–A lo largo de este año se barajó la posibilidad de una alianza entre el PSOE y Podemos. ¿Eso es posible ahora que el socialismo está en el poder?
–Antes de asumir, Pedro Sánchez tenía un discurso muy izquierdista. Mientras era oposición a Mariano Rajoy, dijo que Podemos sería su socio prioritario y que se había equivocado con nosotros. Pero luego se olvidó. Para la socialdemocracia, el gobierno o la política es como tocar el violín: se agarra con la izquierda y se toca con la derecha. Nosotros apoyamos la moción de censura contra Rajoy y le pedimos al PSOE formar parte del gobierno, como una garantía de que se iban a cumplir una serie de compromisos con un partido que históricamente los incumplió. Y nos dijo que no. Nosotros le estamos diciendo al PSOE: «Oye, te apoyamos, pero no te olvides que somos nosotros los que hicimos posible la moción de censura y además tenemos 71 diputados». Es decir, no se olviden que somos los que les permitimos presidir el gobierno. Y por eso exigimos cambios que rompan esa tendencia de obediencia ciega a los supuestos de una Unión Europea que se ha hecho neoliberal y que está incrementando las desigualdades de una manera brutal en todo el continente. Nosotros tenemos la obligación de que no regrese la derecha, pero al mismo tiempo no podemos dejar que un partido llamado socialista haga las políticas de la derecha.