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Plazas sin humo

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Un estudio reciente reveló que 8 de cada 10 porteños aceptarían la prohibición de fumar en los parques si se implementara para preservar la salud de los niños.

 

Ilustración: Pablo Blasberg

No son las guerras ni el HIV ni el cólera, tampoco los terremotos, ni siquiera los accidentes de tránsito. Si se quisiera evitar la principal causa de muerte bastaría con no fumar. El tabaquismo es la principal causa de muerte evitable en el mundo, con 5 millones de vidas perdidas cada año a nivel mundial y, peor aún, se estima que dentro de 15 años el número podría ascender a 8 millones.
La Argentina, por supuesto, no es la excepción, con 40.000 defunciones anuales, en su mayoría por enfermedades no transmisibles asociadas con el consumo de cigarrillos: cáncer, enfermedades cardiovasculares y respiratorias. Además, de acuerdo con los datos de la Encuesta Mundial de Tabaquismo en Adultos, del año 2012 y de la cual participó la Argentina, «los costos de salud directos asociados al tabaco igualan a lo recaudado por impuestos a los productos del tabaco».
En 2011, la Argentina sancionó la Ley Nacional de Control de Tabaco que contempla los ambientes 100% libres de humo, restricciones a la publicidad, patrocinio y esponsoreo de tabaco, además de advertencias sanitarias en los paquetes. No obstante, todavía no ratificó el denominado Convenio Marco de Control de Tabaco, el primer tratado mundial de salud pública que brinda justamente un marco internacional para la aplicación de medidas de control tendientes a proteger a la población de los nocivos efectos del consumo de cigarrillos. La norma nacional determina, entre otras cuestiones, la prohibición de fumar en todos los espacios cerrados de uso público o privado como así también en lugares de trabajo, a excepción de los patios, terrazas, balcones y demás áreas al aire libre. En las escuelas y servicios de salud, sin embargo, tampoco se puede fumar en los patios.
«Socialmente se considera que fumar en un espacio abierto no produce daño para la salud de los no tabaquistas, una idea basada en la falsa creencia de que el humo emanado se mezcla con el aire del ambiente. Sin embargo, numerosas investigaciones afirman que no hay un umbral seguro de exposición al humo del tabaco ambiental», reveló Ehsan Latif, director de Control de Tabaco de la Unión Internacional contra la Tuberculosis y las Enfermedades Respiratorias, quien estuvo recientemente en Buenos Aires.
Con la intención de saber el grado de acuerdo de la población porteña con la prohibición de fumar en parques y plazas de la ciudad y cuáles eran los principales argumentos para acordar o disentir, el Centro para la Investigación de Enfermedades No Transmisibles realizó una encuesta entre abril y mayo de este año, de la que participaron 938 personas mayores de 15 años. El 47,9% de los participantes eran fumadores, el 17,8% exfumadores y el 34,2% nunca había fumado.
Cuando se les preguntó si consideraban que el humo del tabaco en ambientes abiertos era perjudicial para su salud y la de los otros, el 43,4% respondió en forma negativa, 15,5% no supo qué responder y el 41,3% lo hizo afirmativamente. Además, ante la consulta sobre su opinión acerca de que se prohíba fumar en espacios abiertos, como parques y plazas, el 38,3% se mostró a favor (de acuerdo o muy de acuerdo) contra el 61,7% que lo hizo en contra (en desacuerdo o muy en desacuerdo). No obstante, cuando la pregunta mencionó a los niños, tratando de averiguar la opinión en caso de que la prohibición incluyera los espacios que se encuentren a menos de 8 metros de las áreas infantiles, el 82,5% estuvo de acuerdo contra el 17,5% que se manifestó en contra. Según el estudio, entre los argumentos de quienes estuvieron en desacuerdo está el que señala que se atenta contra la libertad del fumador y que son medidas inútiles.
«La contaminación que se produce al aire libre es igual a la generada en espacios cerrados, estos más de 4.000 contaminantes que tiene el cigarrillo se expanden hasta 7,5 metros a la redonda. Además, las colillas de los cigarrillos, que contienen todos los tóxicos, no son biodegradables y frecuentemente los chicos se las llevan a la boca», aseguró en diálogo con Acción Marta Angueira, médica cardióloga, especialista en cesación tabáquica y directora del Proyecto Buenos Aires Ciudad Libre de Humo.
En la misma línea, el Health and Safety Code (Código de la Salud y la Seguridad de California) ubica al humo ambiental de tabaco en la misma categoría que otros tóxicos ambientales como benceno, arsénico y asbesto. De hecho, en California, Estados Unidos, existe legislación desde 2001 que prohíbe fumar a 25 pies (7,62 metros) de areneros y áreas de juego de chicos en los parques.
«Las colillas de cigarrillos constituyen la principal fuente de envenenamiento accidental en menores de 6 años. En bebés o niños pequeños una cantidad mínima de nicotina causa náuseas y vómitos, dosis mayores provocan debilidad, convulsiones o crisis respiratorias que pueden ser mortales», advirtió Latif.
«Uno de los problemas es que los chicos suelen ponerse las colillas en la boca, porque imitan lo que hacen los adultos. El otro problema es que la tocan y la colillas tienen saliva de no sabés quién y puede llegar a tener cualquier tipo de gérmenes; es una fuente de infección», enfatizó Angueira y ante el interrogante de Acción sobre si este estudio serviría para pensar a futuro plazas divididas para fumadores y niños sostuvo que «hay que ir paulatinamente porque a los argentinos, sobre todo al porteño, la cosa muy impuesta no le gusta. Pero si lo vas convenciendo y le vas mostrando cuáles son las ventajas de esto, mostrándole qué es lo que pasa con la intoxicación en los niños, con la limpieza de los areneros de las colillas que tienen secreciones de todo el mundo, se puede lograr. Este trabajo representa un punto de partida».

María Carolina Stegman