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Organizada por el departamento de Estudios Políticos, se realizó en el CCC Floreal Gorini una jornada donde sociólogos, economistas e investigadores analizaron diversos aspectos de las protestas protagonizadas por estudiantes y obreros en 1968.


Sala Laks. Ximénez, Álvarez, Burgos y Giller en el primer panel del encuentro. (Facundo Nívolo)

Organizada por el departamento de Estudios Políticos y el departamento de Economía del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, se realizó una jornada a propósito de los 50 años del Mayo Francés. Participaron investigadores y especialistas que reflexionaron sobre aquellas protestas de estudiantes y obreros que se manifestaron contra el sistema capitalista en París y otras ciudades durante mayo y junio de 1968.   
La primera mesa del encuentro, titulada «El acontecimiento y sus resonancias», fue presentada por Alejandro Sosa Días, sociólogo e investigador del CCC. Los disertantes fueron Daniel Ximénez (sociólogo y docente universitario), Lucia Álvarez (socióloga y periodista), Martín Burgos (coordinador del departamento de Economía del CCC) y Diego Giller (sociólogo e investigador del departamento de Estudios políticos del CCC). Burgos abordó el contexto económico durante el acontecimiento francés, que, según señaló, «se dio en la época dorada del capitalismo», y destacó a pensadores como Louis Althusser y Fernand Braudel y a los economistas François Perroux y Arghiri Emmanuel, entre otros, que dejaron su impronta en las nuevas generaciones de intelectuales.
Sobre los legados, Álvarez destacó las diversas interpretaciones materializadas en múltiples escritos: «Eric Hobsbawm ya registra que, para finales del año 68, se habían publicado cerca de 50, entre libros y artículos, sobre el acontecimiento. Estamos hablando de una proliferación que el acontecimiento despierta inmediatamente y no se frena nunca». Giller se centró en un hecho ocurrido ese mismo año en México: la masacre de Tlatelolco en la Plaza de las Tres Culturas de la ciudad de México. Allí, una protesta estudiantil terminó con un saldo de cientos de muertos y heridos y miles de detenidos. «Esta Plaza de las Tres Culturas fue llamada por Octavio Paz la Plaza del Sacrificio. Allí leyó un hilo de continuidad entre ese México prehispánico y el México del 68, porque la Plaza de Tlatelolco fue el último bastión de la resistencia mexica frente al imperio español», señaló Giller.
Ximénez habló sobre las repercusiones del Mayo Francés en Uruguay, en un contexto de grandes transformaciones culturales y revoluciones que se daban en diversos rincones del planeta. En ese país latinoamericano, recordó, «fue un año muy convulsionado, empieza con una marcha cañera de trabajadores de la remolacha del norte del país, de la zona más pobre, organizada por Raúl Sendic, uno de los fundadores de la guerrilla en Uruguay. Era un dirigente socialista, él organiza los sindicatos y marchan sobre Montevideo».

Corrientes militantes
La segunda mesa de la jornada se tituló «La revuelta y sus corrientes militantes». La encabezaron Adrián Celentano (profesor de historia de la Universidad Nacional de La Plata), Belén Sánchez (profesora de Letras y editora de la revista Espartaco), Raquel Masci (artista, curadora y gestora cultural) y Alejandro Sosa Días. Coordinó Martín Cortés, a cargo del departamento de Estudios Políticos.
Sánchez realizó un enfoque de género de los acontecimientos de 1968. «El Mayo del 68 no fue un movimiento para las mujeres ni para el feminismo –explicó–, pero sí tuvo un rol muy importante en la socialización política de todos sus militantes, tanto varones como mujeres, pero especialmente las mujeres». Celentano habló sobre la participación de las corrientes maoístas, como el maoísmo ligado a la «revolución cultural proletaria» y sus repercusiones en los intelectuales marxistas Michel Foucault y Althusser.
Acerca del grupo que participó en el «espíritu» de las revueltas estudiantiles, la Internacional Situacionista (organización de artistas e intelectuales revolucionarios), Masci dijo que «basaba su pensamiento en mejorar la vida cotidiana, hacer una revolución de la vida cotidiana e impedir el espectáculo que ocupa todo nuestro ocio: una vez que el capital empezó a ocupar el tiempo de trabajo de las personas también empezó a ocupar el tiempo del ocio». Por último, Sosa Días se explayó sobre la corriente trotskista del lambertismo que, a diferencia del maoísmo, tenía una vasta trayectoria en el país y nucleó a militantes universitarios y secundarios en la Federación de Estudiantes Revolucionarios.