Promoción de la salud

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Conformada por jóvenes profesionales santafesinos, la entidad autogestiva se propone un tratamiento diferente de los padecimientos mentales y del desarrollo de las subjetividades.

 

Equipo. Los integrantes de la institución proyectan abrir un centro de atención permanente que funcione las 24 horas del día. (Julieta Pisano)

En busca de fomentar la ética cooperativa y acentuar la impronta socio-cultural a través del abordaje terapéutico en materia de salud mental, una decena de psicólogos, trabajadores sociales y operadores comunitarios conformaron en 2010 la Cooperativa de Trabajo en Salud Mental Prisma, un emprendimiento colectivo inspirado en la experiencia de Ático, entidad solidaria fundada en 1986 por el psiquiatra y psicoanalista Alfredo Grande como alternativa en la atención de la salud mental. «Antes de constituirnos en una cooperativa intentamos ligar nuestra profesión con la intervención comunitaria pero con el tiempo notamos que nuestros intereses tenían poco que ver con las estructuras jerárquicas y las prácticas profesionales más burocratizadas que se dan en general –explica el psicólogo Hernán Etchebarne, miembro fundador de Prisma y presidente de la institución–. Por eso, teniendo como modelo la experiencia cooperativa de Ático, empezamos a plantearnos la posibilidad de crear una cooperativa de trabajo, convencidos de que la gestión solidaria nos iba a permitir desarrollar proyectos que inscribieran la problemática de la salud mental en el marco de los derechos humanos», subraya.

 

Terapia comunitaria
En ese contexto, los asociados de Prisma pusieron en marcha una serie de emprendimientos ligados al tratamiento de las adicciones, lo que implicó el desarrollo de un trabajo conjunto con distintas organizaciones barriales, la realización de charlas en escuelas de Rosario y la articulación terapéutica con el Programa Andrés, una asociación civil que desde hace décadas trabaja en la prevención y el tratamiento del consumo problemático de drogas. «El tema de las adicciones, al igual que el tratamiento que hacemos de otras tantas problemáticas o patologías, no puede pensarse sin hacer una crítica a la sociedad de consumo o sin poner de relieve el tipo de subjetividad que produce el contexto en que se vive. De allí que los abordajes terapéuticos que realizamos o la supervisión de los diferentes casos clínicos merezcan analizarse como parte de una trama más compleja», puntualiza Etchebarne en relación a la tarea articulada que llevan adelante los profesionales rosarinos, en la que combinan tratamiento terapéutico y una crítica mirada social. Vale señalar al respecto que el Artículo 3 de la Ley Nacional de Salud Mental puesta en vigor en el año 2013 reconoce precisamente a la salud mental «como un proceso determinado por componentes históricos, socioeconómicos, culturales, biológicos y psicológicos, cuya preservación y mejoramiento implica una dinámica de construcción social vinculada a la concreción de los derechos humanos y sociales de toda persona».
Por su parte, el psicólogo Ignacio Cárcamo, secretario de Prisma y otro de sus miembros fundadores, hace hincapié en la dimensión colectiva de la iniciativa y la necesidad de fortalecer los espacios de formación profesional y cooperativa. «Además de la realización de asambleas y reuniones semanales dedicadas a la formación en psicoanálisis o esquizoanálisis, para nosotros también es importante pensar la tarea cooperativa, ya que si bien no es un concepto clínico, hace al funcionamiento del espacio y es una estrategia de trabajo en el campo de la salud mental», comenta Cárcamo. En esa misma línea se manifiesta Evangelina Novero, psicóloga y tesorera de la entidad, quien recuerda que la cooperativa no surgió como consecuencia de una necesidad sino de la búsqueda de un espacio que les permitiera a sus integrantes desarrollar la tarea profesional de acuerdo con sus convicciones. «Concebimos la salud pública como un suceso político y nos definimos como una cooperativa de trabajadores –señala Novero–. Por lo tanto, la idea es ampliar el campo laboral y conseguir las habilitaciones que nos permitan armar nuevos dispositivos terapéuticos. Más allá de la generosa ayuda del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, sufrimos algunos contratiempos en la gestión de las habilitaciones», se lamenta.
En tal sentido, la institución rosarina planea poner en funcionamiento un centro de día y un centro de noche con el propósito de cubrir las diferentes demandas y realizar intervenciones de carácter grupal. «Nuestro trabajo está atado a la promoción, la prevención y la atención de la salud mental, y eso exige repensarnos y repensar el armado de dispositivos terapéuticos que respondan a esas expectativas y a nuestras convicciones», planta Cárcamo a modo de conclusión. Esos son los desafíos futuros de la cooperativa Prisma, un proyecto que, tal como se plantea en la última declaración de la Alianza Cooperativa Internacional (ACI), puede inscribirse dentro del conglomerado de cooperativas de salud que buscan proporcionar modelos sanitarios asequibles y accesibles para las poblaciones marginadas.

Lautaro Cossia