Queremos tanto a Linux

Elegido por millones de programadores en todo el mundo, con una lógica abierta que democratiza el acceso y ofrece más seguridad, el sistema operativo creado por Linus Torvalds cumple 25 años. El valor estratégico del software libre como política de Estado.

Centro Cultural San Martín. Como en cientos de ciudades, en Buenos Aires se realizó este año el Festival de Instalación de Software Libre. (gentileza Flisol)

 

Amediados de 1991 un joven estudiante finlandés llamado Linus Torvalds compartía a través de una flamante Internet su nuevo proyecto: «Un sistema operativo libre». Con ese humilde mensaje nació hace 25 años uno de los pilares sobre los que se apoya el mundo digital. El secreto de su gran proyección internacional fue una lógica abierta que democratiza el acceso a la tecnología, libera el conocimiento y ofrece más seguridad.
Las razones de su éxito pueden rastrearse hasta la prehistoria de la informática, cuando los programadores escribían el código capaz de hacer funcionar a las computadoras y lo mostraban a sus compañeros de la misma manera que una familia comparte recetas de cocina. Sin embargo, ya a fines de los 70 y  principios de los 80, los Bill Gates, los Steve Jobs y otros comprendieron que en ese código se escondía una fuente de dinero. No se equivocaron: tomaron ese conocimiento, lo desarrollaron, lo cerraron en un paquete que impedía ver cómo estaba hecho, lo cercaron con licencias y comenzaron a cobrar permisos para su uso. Con esos ingresos construyeron imperios corporativos como Microsoft o Apple en unas pocas décadas.
La creciente apropiación de bienes informáticos comunes enfureció a un joven programador del MIT (Massachusetts Institute of Technology) llamado Richard Stallman; desde su punto de vista el copyright servía para apropiarse de bienes que habían sido elaborados por la comunidad y pensó que era necesario protegerlos. Así fue que en 1983 ideó la licencia Gpl (General Public License) que garantiza que el código pueda ser descargado, usado y modificado. Tanto el original como sus derivados debían permitir lo mismo. Luego, convencido de que la informática debía ser un proyecto comunitario, dio nacimiento a GNU, un sistema operativo totalmente libre con herramientas informáticas desarrolladas en forma colaborativa protegido por una licencia libre.
Lo primero que necesitaba GNU era un sistema operativo completo. Para escribirlo, Stallman y sus colaboradores se basaron en Unix, el más usado por las empresas comerciales. La mayor dificultad era desarrollar un «kernel», el componente central, encargado de controlar el hardware de las máquinas. Por eso, cuando el joven estudiante de 22 años Linus Torvalds compartió Linux, el vacío comenzó a llenarse. La clave de su éxito fue darle una licencia GPL ideada por Stallman: años antes de que se pusiera de moda el trabajo colaborativo, cientos y luego miles de programadores comenzaron a hacer aportes para mejorarlo y adaptarlo a las necesidades del proyecto GNU. En pocos años GNU/Linux pudo ofrecer un sistema operativo completo y libre, listo para usar, mejorar y compartir, además de albergar otros programas libres.

 

En el trabajo y el hogar
La primera versión estable de Linux, la 1.0, se lanzó en 1994. Los años siguientes verían el crecimiento vertiginoso de Internet y el despliegue de la informática en el trabajo y el hogar de millones de personas. Durante los primeros años GNU/Linux pasó bastante desapercibido para los nuevos usuarios de computadoras personales; lo que no sabían es que buena parte de los técnicos optaban por la estabilidad de Linux para instalarlo en la mayoría de los servidores donde se alojan las páginas web. Gracias a que el código permanece visible, millones de programadores en todo el mundo miran el código, lo prueban en distintas máquinas y lo mejoran, lo que ha permitido a Linux ser sumamente estable. Además, gracias a su maleabilidad, GNU/Linux es el elegido como sistema operativo de autos, smart TV, cajeros automáticos y, sobre todo, celulares: Android utiliza un kernel Linux para funcionar. También las computadoras de la estación espacial internacional que, evidentemente, no se pueden «colgar» sin un riesgo enorme para los astronautas, utilizan GNU/Linux desde 2013.
Pese a sus éxitos, muchos usuarios perciben aún a este sistema operativo libre como un fenómeno marginal, solo apto para profesionales y fanáticos. Es que las pantallas más visibles de la informática son las computadoras personales, donde Microsoft ha logrado instalar a Windows como el estándar, mientras Apple reina en el nicho de alto poder adquisitivo. Si bien migrar de estos sistemas operativos a GNU/Linux no es más complicado que pasar de un Windows XP a un 8, muchos usuarios temen no reconocer un ícono o encontrar un programa. Sin embargo, en los últimos años, empresas y, sobre todo, Estados nacionales decidieron dar el salto y migrar hacia un GNU/Linux también en las computadoras de escritorio. Las razones son muchas: en primer lugar está el ahorro en licencias. En segundo, la casi ausencia de virus para este sistema operativo. La tercera razón es la seguridad: como los sistemas operativos privativos no dejan ver su código, es imposible saber qué ocurre realmente dentro de la computadora. Cuando se gestiona información sensible es vital saber si está segura. Gracias a las filtraciones del exagente de la NSA, Edward Snowden, se sabe que sistemas operativos y servicios de las grandes corporaciones informáticas dejan puertas traseras para acceder a las computadoras y comparten la información que obtienen con los servicios de inteligencia estadounidenses: de esta manera, puede ser vital para el Estado utilizar software auditable. Otra gran ventaja de GNU/Linux es que el cliente no queda atado a un solo proveedor ya que todos pueden modificar el código. Por eso, para un país emergente el software libre es una gran oportunidad para un desarrollo tecnológico local y no dependiente.
Cinco lustros después de su nacimiento, el Linux ha crecido, se ha estabilizado, multiplicado y vive su gran momento de éxito gracias a la explosión de celulares con Android y a la «Internet de las cosas» que requiere sistemas operativos livianos, versátiles y estables para funcionar. Las computadoras de escritorio también han madurado y hay cientos de distribuciones de GNU/Linux a gusto de cada paladar y necesidad. Se calcula que de las más de 15 millones de líneas de código del kernel, Torvalds «solo» escribió el 2% en estos 25 años, todo un síntoma de la vitalidad del proyecto. Actualmente su mayor función es encastrar los aportes que llegan de todo el mundo para construir una herramienta de conocimiento al alcance de todos.