¿Quién frena a Bolsonaro?

La crisis que vive Brasil a raíz del aumento de muertes por la pandemia solo desnuda los múltiples problemas que tiene el gigante sudamericano, que no comenzaron con la asunción de Jair Bolsonaro. Sí se agudizaron.
El juicio político contra la presidenta Dilma Rousseff y el encarcelamiento de Lula da Silva permitieron que Bolsonaro llegara a la presidencia apoyado por una coalición heterogénea cuyo principal objetivo era evitar la continuidad en el poder del Partido de los Trabajadores.
Ahora, la crisis es institucional, política, económica, diplomática, comunicacional, social y humana por los efectos del coronavirus. Todo junto. Mientras el ministro de Economía, Paulo Guedes, afirma que Brasil está «en el camino a la prosperidad» las muertes se acumulan sin que se sepa a ciencia cierta cuánta gente ya murió ni cuántos morirán. Nadie confía en los datos oficiales que pueda brindar este Gobierno que primero se burlaba de la «gripecita», como la llamaba el presidente.
Muchas personas que apoyaron a Bolsonaro se arrepienten en público, desde aquellas de la tradicional clase política hasta quienes hicieron campaña por él. Una de sus exdiputadas incluso lo calificó de «sociópata» y el expresidente Fernando Henrique Cardoso dice que Bolsonaro está cavando su propia fosa porque no está a la altura de las circunstancias.
Sin embargo, las actitudes disruptivas de Bolsonaro no buscan agradar al establishment político ni a las estructuras existentes, más bien lo contrario. Si durante años fue un marginal dentro del sistema, su posición al frente del país le permite arremeter contra la vieja clase política desprestigiada porque su objetivo es construir una nueva base de apoyo, más radical y fanatizada, que lo sigue en las calles y está dispuesta a todo.
Y por ahora nadie sabe cómo frenarlo.