Reacción en cadena

Las revelaciones sobre los abusos sufridos por jugadores de las divisiones inferiores de Independiente generaron una seguidilla de denuncias sobre otras instituciones y disciplinas. Poco después de la difusión de la información de que al menos nueve chicos de entre 10 y 16 años habían sido abusados sexualmente mientras vivían en la pensión del club, un abogado de la Asociación de Ayuda a las Víctimas de Violación denunció que dos juveniles y una jugadora de vóley habrían sido víctimas de situaciones similares en River Plate. También se conocieron denuncias de hechos ocurridos en la década del 90 en el ámbito de la Confederación Argentina de Gimnasia. En tanto, en La Pampa, un DT de fútbol infantil del Club Deportivo Mac Allister fue apartado de su cargo después de la denuncia penal de una madre. Situaciones silenciadas, encubiertas y hasta celebradas en otros tiempos –como el caso del jugador y técnico Héctor Veira, condenado por la violación de un menor pero ensalzado por gran parte del público– salen por fin a la luz. Parte del crédito, sin dudas, le corresponde al movimiento feminista, cuyas luchas permitieron visibilizar abusos e inequidades que hasta no hace mucho tiempo eran aceptadas como parte de la «naturaleza de las cosas». El operativo de banalización del problema que, de la mano de algunos personajes y programas de televisión, pusieron en marcha gran parte de los medios de comunicación, logró correr durante algunas semanas el eje de la discusión pública, pero el efecto dominó generado por las víctimas que se atrevieron a denunciar a sus abusadores tendrá alcances aún difíciles de prever.