Reino Unido, rebrotes del aislamiento

El intento de «despolitizar» la expansión del coronavirus fracasa porque la salud pública es un tema político, como ha sucedido con todas las epidemias y pandemias anteriores. A nadie se le escapa que la carrera detrás de una vacuna involucra enfrentamientos geopolíticos e intereses de las grandes multinacionales farmacéuticas y que esta influye en el momento de tomar decisiones nacionales o regionales. La nueva mutación del virus encontrada en Inglaterra no le escapa a esta lógica, ya que el Reino Unido ahora no forma más parte de la Unión Europea (UE), lo que ha generado una serie de controversias; entre otras el manejo de las fronteras. Justamente, el tratado de Maastricht de 1992 incluyó el tema sanitario como un asunto central para la UE con regulaciones comunes para diversos rubros, como el consumo de tabaco o alcohol, pero también la regulación de la producción y venta de medicamentos, y la prevención de enfermedades contagiosas que pudieran atravesar las fronteras comunes.
Al quedar fuera de la UE, el Reino Unido tiene que enfrentar el problema sanitario con un nuevo enfoque, ya que ha perdido el libre acceso al continente y los beneficios de pertenecer al bloque. Es posible que, en el momento de votar por el Brexit, muy pocas personas evaluaron qué podría pasar en una situación de crisis sanitaria. El fervor nacionalista pudo más. Aparentemente, la nueva cepa se expandió desde la región de Kent, al sureste de Inglaterra, sobre el Canal de la Mancha, un lugar geográfico clave, ya que recibe un cuarto de los bienes que provienen de la UE.
Por otra parte, hoy el bloque está comprando vacunas de manera conjunta y tiene un plan de vacunación integral que excluye al Reino Unido, más aislado que nunca.