Reparto injusto

Como parte de sus actividades abiertas a la comunidad, la filial Mar del Plata Centro organizó una charla que hizo hincapié en las desigualdades de género en el ámbito laboral. Estuvo a cargo de Carla Degliantoni, investigadora del CCC Floreal Gorini.


Panel. Presentada por Aumedes, Degliantoni disertó en la filial marplatense.

La Comisión de Asociados de la filial Mar del Plata Centro del Banco Credicoop organizó la charla «Las mujeres y la economía», en la que disertó Carla Degliantoni, licenciada en Economía e investigadora del área de género del departamento de Economía Política del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini.
La exposición, que fue presentada por Guillermina Aumedes, presidenta de la filial Mar del Plata del IMFC, hizo un repaso de la desigualdad de género en el trabajo en Argentina a partir de un relevamiento realizado por el INDEC, titulado «El uso del tiempo y el trabajo no remunerado», que reunió información respecto de la participación y el tiempo destinado por las personas de 18 años y más a las tareas domésticas, al cuidado de miembros del hogar y al trabajo voluntario.
«Eso que llaman amor, es en realidad trabajo no remunerado», dijo Degliantoni para comenzar y agregó: «Muchas tareas cotidianas no aparecen dentro del mercado, pero son imprescindibles para que el sistema funcione. La crianza de niños y niñas, la limpieza de la casa, el cuidado de adultos mayores, están mayoritariamente desarrollada por las mujeres. En promedio, en Argentina las mujeres destinan 6 horas diarias a desarrollar tareas domésticas, contra 3 horas y media de los varones». Por otra parte, la investigadora subrayó los alcances de esa distribución injusta. «La división de tareas que existe entre hombres y mujeres, que condiciona a que muchas mujeres se queden en sus hogares y se ocupen de tareas no remuneradas, forma parte del engranaje que permite que el sistema económico funcione».

Economía feminista
La economía feminista, señaló Degliantoni en otro tramo, busca visibilizar esta problemática y plantear alternativas para equiparar las posibilidades de ambos géneros. «La desigual distribución de las tareas no remuneradas influyen en las posibilidades de insertarnos laboralmente. Por eso, las mujeres terminamos aceptando trabajos parciales, con peores condiciones y salarios, que nos permitan tener el tiempo suficiente para ocuparnos de tareas no remuneradas, domésticas», detalló.
La investigadora abordó, además, temas como brecha salarial y el concepto de «techo de cristal», metáfora que se refiere a la dificultad de las mujeres para ascender a cargos directivos y de toma de decisiones. Al respecto, dio algunos datos que muestra el estudio: en las grandes empresas, solo el 4% de los puestos jerárquicos están ocupados por mujeres y, en el trabajo registrado, la brecha salarial entre varones y mujeres es del 27%.
Por otra parte, señaló que las mujeres no logran participar de manera estable en el mercado de trabajo a lo largo de la vida activa laboral, que va desde los 14 a los 65 años. «Aun las mujeres con estudios universitarios tienen intermitencia laboral. Esto está asociado a la presencia de menores en la familia, ya que las tareas de cuidados recaen en las mujeres y las licencias no son equitativas. Las mujeres en edad fértil salen del mercado laboral y después no pueden o les cuesta mucho reincorporarse. Por esta misma razón, hay pocas mujeres en puestos jerárquicos».
Para el cierre, planteó algunas propuestas pensadas para revertir esta situación de desigualdad. «Mientras no se reconozca al trabajo no remunerado como un “trabajo” va a ser muy difícil. Pero, además, es necesario romper con esta cuestión cultural desde las escuelas y los hogares, romper con el sistema sexo-género donde hay una división asociada a lo femenino y lo masculino que establece qué podemos hacer las mujeres y qué pueden y no pueden hacer los varones».
En esa línea, la investigadora dijo que son necesarias políticas públicas concretas: «Pensar nuevos programas educativos, una nueva visión en los roles de género. También, una reducción de la jornada de trabajo para todos y todas: si las jornadas fueran de 6 horas, las mujeres podríamos trabajar a la par de los varones. En el marco de las políticas de cuidado, creación de guarderías, jardines de infantes y escuelas públicas. Y establecer licencias parentales iguales y obligatorias para madres y padres».