Rumbo al espacio

Poner en órbita satélites de fabricación nacional y desarrollar un lanzador propio son los logros de la política científica implementada hasta hoy. Incertidumbre por el futuro.

INVAP. Los científicos de la empresa estatal rionegrina son los responsables de la fabricación de los satélites de la serie Arsat. (ARSAT/© ESA-CNES-ARIANESPACE/P. BAUDON)

El 16 de octubre de 2014, muchos argentinos tomaron conciencia de que su país estaba embarcado en una carrera espacial cada vez más prometedora. Aquel día, transmitido en vivo por la Televisión Pública, el satélite de telecomunicaciones Arsat 1 se elevó al espacio desde la base Kourou, en la Guayana Francesa, a bordo de un cohete Ariane 5 que lo dejó a 300 kilómetros sobre el nivel del mar, para luego, durante 10 días, ser transferido desde la Estación Terrena Benavídez por los técnicos argentinos –mediante una serie de precisas maniobras– a una órbita geoestacionaria a 36.000 kilómetros de altura.
De este modo, la Argentina entraba al selecto club de los países capaces de producir un satélite de estas características. Pero no es este el único proyecto espacial de nuestro país. Ya se encuentra en el espacio el Arsat 2 y está en fabricación el Arsat 3; así como una serie de satélites de carácter científico que vendrán a sumarse a los que ya están en órbita; está en plena etapa de producción el cohete lanzador Tronador II y la Universidad de San Martín (UNSAM) comenzará a dictar la carrera de Ingeniería Espacial, la primera en su tipo en Latinoamérica y una de las pocas carreras de grado de esta especialidad que existen en el mundo.
Sin embargo –pese a la continuidad en el cargo del ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva, Lino Barañao–, a partir del 10 de diciembre se ha extendido una sombra sobre este promisorio futuro tecnológico. No son pocos los investigadores y técnicos –ante la ola de despidos en el Estado– que se preguntan si la administración macrista continuará con la acertada política científica del gobierno anterior.
La noticia del lanzamiento del Arsat 1 fue tapa de todos los diarios y tuvo amplia cobertura televisiva. La gran aceptación ciudadana de este logro científico-tecnológico hizo que muchos canales y diarios se vieran obligados a hacerse eco del interés de la gente. La empresa estatal Arsat fue creada por ley en 2006, durante el gobierno de Néstor Kirchner, para brindar servicios de telecomunicaciones a través de infraestructuras terrestres, aéreas y espaciales. El objetivo era defender las posiciones orbitales asignadas a la Argentina por la Unión Internacional de Telecomunicaciones –que estaban a punto de perderse– con satélites desarrollados en el país.
El lanzamiento del Arsat 1 fue un éxito y hoy en día desde el espacio presta diversos servicios para la Argentina, como distribución de televisión digital abierta (TDA), Internet y telefonía celular en lugares y zonas aisladas donde no hay señal y donde las compañías privadas no invierten porque no es rentable. Al Arsat 1 siguió el lanzamiento del Arsat 2 el pasado 30 de setiembre.

Despegue. El satélite Arsat 1 fue llevado al espacio por un cohete francés Ariane en 2014. (Télam)

Este segundo satélite de telecomunicaciones se lanzó con éxito al espacio también desde la Guyana Francesa y demostró la eficiencia del equipo argentino. Pero, apenas asumida, la nueva gestión introdujo cambios en la empresa cuyos resultados aún no pueden ser evaluados. A mediados de diciembre Mauricio Macri puso al frente de Arsat a Rodrigo de Loredo, un abogado sin relación con el ámbito científico pero casado con la hija del dirigente radical Oscar Aguad, hoy ministro de Comunicaciones. A los pocos días comenzaron los despidos y la denuncia de empleados sobre listas negras y persecución ideológica. El flamante director negó los despidos y usó el eufemismo de cesantías para referirse a las 24 personas que perdieron su trabajo. No todas eran de áreas administrativas o jurídicas, como se dijo en un principio; al menos 6 de ellas pertenecían al sector ingeniería, vital para la gestión de los satélites que ya se encuentran en el espacio. Sin embargo, en un intento de despejar dudas acerca de la continuidad del desarrollo científico en este sector, De Loredo expresó en declaraciones periodísticas que «Arsat es una política de Estado».
Más allá de los cambios estructurales en Arsat, en estos días los técnicos de INVAP (la empresa de capitales estatales de Río Negro que construye los saltélites) están trabajando ya en el Arsat 3 (ver Autonomía Tecnológica).
Según comenta a Acción Guillermo Benito, Gerente de Proyectos Espaciales de INVAP, «el Arsat 2 es muy parecido al Arsat 1, pero en lugar de una tiene tres antenas de comunicaciones, porque brinda una cobertura más amplia: sobre toda América. Esto nos da capacidad de exportar servicios de comunicación y contenidos a todo ese mercado. Hoy el Arsat 1 está completamente usado, el 80% de su capacidad ya está vendida. El Arsat 2 tiene un plan de negocios que en dos o tres años va a vender toda su capacidad. Con estos dos satélites tenés las dos posiciones orbitales argentinas protegidas. Pero si te llenás de satélites no tenés a quién vendérselos». Y respecto al Arsat 3 el científico aclara: «Estamos pensando en un lanzamiento hacia 2019. Podría usar la misma posición orbital, cualquiera de las dos, y la empresa está tratando de conseguir dos o tres posiciones orbitales más para la Argentina».

 

Presupuesto
Buena parte de la opinión pública se sorprendió cuando el presidente Macri anunció que el ministro de Ciencia y Tecnología, Lino Barañao, continuaría en su cargo. Ocurre que la política científica del kirchnerismo fue uno de sus pilares y bajo la órbita del Ministerio de Ciencia y del de Planificación Federal se concentraron los principales desarrollos, entre los cuales los Arsat fueron la cara más visible. Para Daniel Blinder, sociólogo y analista internacional, «si uno mira las partidas presupuestarias de ciencia de los 90/2000, se ve que era bajísima, pero después el presupuesto se dispara, en 2005/2006 pega un salto enorme. ¿Pero cuál es el éxito de la política tecnológico-espacial del kirchnerismo? Continúan algunos de los pilares institucionales, con ciertos cambios y ajustes, como la CONAE –creación del menemismo–, que es la que era, pero mejor. Los tratados internacionales se siguen manteniendo, así como las relaciones con la NASA de Estados Unidos, la ESA europea y otras agencias. Lo que cambia es que se les pone presupuesto y hay una política activa en el desarrollo tecnológico, se destaca la utilización de la estructura institucional para la política exterior y esa misma estructura es aprovechada como política de Estado durante décadas para conseguir logros tecnológicos».

 

Fines pacíficos
Los Arsat no son los primeros satélites que se fabrican en el país ni son los primeros proyectos para incursionar en la carrera espacial internacional que hoy lideran grandes potencias como EE.UU., la Unión Europea, China y Rusia. Poco a poco, la Argentina se va haciendo un lugarcito en este rígido conglomerado.
Desde los años 90, desarrollados por la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), la Argentina ha lanzado al espacio –en cooperación con agencias espaciales de otros países– diversos satélites con misiones científicas que recogen datos de vital importancia de todo el territorio nacional. Según comenta a Acción el director científico de ese organismo, Marcos Machado, «ahora termina la etapa del Plan Espacial Nacional que comenzó en 2004. Se revisa cada 11 años. Imaginate que lo que planeás hoy en ese lapso puede quedar totalmente obsoleto o superado. En esta etapa en el área de satélites de aplicaciones tuvimos un desarrollo muy importante, como el lanzamiento del SAC-D, que es un dispositivo que hicimos –como los anteriores SAC-A y SAC-C– en cooperación con la NASA. Y dentro de poco tiempo lanzaremos el SAOCOM, de observación de la Tierra, utilizando tecnología radar en vez de cámaras ópticas. Es el más grande que hemos hecho hasta ahora».
Presionado por Estados Unidos para desmantelar el proyecto del misil Cóndor II, el presidente Carlos Menem creó la CONAE en mayo de 1991 bajo la órbita, no ya de un organismo militar como era usual hasta entonces, sino del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. Entre los considerandos del decreto –de modo de aquietar principalmente los ánimos estadounidenses– se proponía «el Plan Nacional Espacial para la Utilización y Aprovechamiento de la Ciencia y Tecnología Espacial con fines pacíficos». Desde 2012, la agencia espacial pasó a depender del Ministerio de Planificación Federal.

Juan. En los 60 se logró enviar un mono
fuera de la atmósfera y recuperarlo.

A partir de 1994 se proyecta la primera versión del Plan Espacial Nacional denominado «Argentina en el Espacio 1995-2006». Luego se hicieron dos revisiones con períodos de actualización de 11 años: Plan 1997-2008 y Plan 2004-2015, que acaba de finalizar.
Así, en agosto de 1996 un cohete ruso Molnya coloca en el espacio el primer satélite producido por la CONAE, el Víctor I. Ya puestos en carrera, tres meses después se lanzó el satélite de aplicaciones científicas SAC-B, mediante un cohete estadounidense Pegasus. Debido a un fallo el satélite se quedó sin baterías, aunque antes pudo enviar datos a tierra. Machado recuerda: «Fui el responsable y tengo mi pequeño orgullo personal por ese proyecto y mi bronca también. El cohete lanzador no lo desprendió. En el momento inmediato a que se abre la cofia es el lanzador el que tiene responsabilidad de soltar al satélite y darle un empujón, digamos, para que se ponga en órbita; y eso es lo que no hizo. Estudiamos cuál fue el problema y tenía un error de software». Dos años después, en diciembre de 1998, el transbordador de la NASA Shuttle STS-88 Endeavour puso en órbita el satélite SAC-A y ya comenzado el siglo XXI, la CONAE, junto con las agencias espaciales de Brasil, EE.UU., Dinamarca, Francia e Italia desarrolló el primer satélite de teleobservación, SAC-C, que obtendría imágenes de toda la Argentina para aplicarlas a estudios ambientales. En pleno funcionamiento del Plan Espacial 2004-2015 se definen otras misiones: se lanza en 2008 el SAC-D/Aquarius –en colaboración con la NASA– y el SABIA-Mar, un proyecto conjunto con Brasil para recabar datos del ambiente para la producción de alimentos en el ámbito del MERCOSUR; así como la serie de satélites en constelación SAOCOM (I y II) de Observación de la Tierra, que está siendo desarrollada actualmente en colaboración con la Agencia Espacial Italiana (ASI).

 

Antecedentes
Al disolverse en diciembre el Ministerio de Planificación Federal los científicos comenzaron a preocuparse por cuál sería el destino de la CONAE, pero el 26 de enero pasado se promulgó el decreto 242/2016 por el cual se puso al organismo bajo la órbita del Ministerio de Ciencia. El cambio de alguna forma tranquilizó al personal técnico por haber quedado en el área adecuada y bajo la dirección de un ministro respetado por el trabajo desarrollado en la anterior administración.
La historia espacial de nuestro país lleva ya muchas décadas y sus orígenes pueden rastrearse hasta los años del primer peronismo, cuando desde el Instituto de Investigaciones Científicas de la Fuerza Aérea Argentina, un grupo de técnicos desarrolló en 1948 un cohete de combustible líquido con fines militares. Pero la verdadera carrera espacial argentina comenzó a inicios de los 60 con el entusiasmo que despertó entre los científicos –aquí y en todo el mundo–, el primer satélite artificial fabricado por el hombre, puesto en órbita por los rusos en octubre de 1957.

Tronador II. Complejos sistemas controlan las pruebas del lanzador en desarrollo. (Jorge Aloy)

Diez años después nació el proyecto BIO, para enviar fuera de la atmósfera a pequeños animales de laboratorio con miras a ser recuperados y estudiados después de su breve viaje: al menos los que después de separarse la cápsula y caer lentamente gracias a un paracaídas, sobrevivían; lo cual no ocurrió en todos los casos.
El 23 de diciembre de 1969 se lanzó al espacio un cohete Rigel IV a bordo del cual viajaba un mono caí de Misiones, de dos años, al cual se le hicieron electrocardiogramas y se controló su sistema respiratorio enviando los datos por telemetría. Se llamaba Juan. El cohete trepó hasta los 60 kilómetros de altura en apenas 8 minutos y la cápsula fue recuperada con éxito con el animal en buenas condiciones. Así, la Argentina se convertía en el cuarto país del mundo en enviar un mono fuera de la atmósfera. Todos estos experimentos, si bien llegaron a los límites de la atmósfera, no alcanzaron el espacio exterior.

Machado. «Los réditos de la ciencia
son mayores que la inversión.»

Hacia 1975 se lanzaron algunos vectores desde la base Marambio, en la Antártida. Desde mediados de los 70 la carrera espacial argentina, exitosa hasta el momento, comenzó un lento declive y durante la dictadura militar todos los esfuerzos se concentraron en la producción de un misil, el Cóndor II, desactivado durante el gobierno de Menem. Tener un satélite para ser lanzado al espacio es un gran logro científico, pero tener un lanzador propio es aun uno mucho mayor.

Blinder. «Institucionalidad en política
exterior permitió logros tecnológicos.»

Con vistas a lograr que la Argentina tuviera su propio lanzador satelital, se crea en 1998 a través del Poder Ejecutivo la empresa VENG S.A. (Vehículo Espacial de Nueva Generación), que durante años no pasó de ser un mero proyecto, hasta que en 2007 el entonces presidente Néstor Kirchner, a través del Ministerio de Economía, firma la resolución 396 mediante la cual se aprueba un presupuesto de 900.000 pesos para los proyectos Tronador I y II. El Tronador I estuvo bajo la responsabilidad de la CONAE. Desde la base naval de Puerto Belgrano se lanzaron los cohetes sonda Tronador I (junio de 2007) y Tronador Ib (mayo de 2008).

Yasielski. «Argentina está madurando
rápidamente en lo espacial.»

El proyecto Tronador II, actualmente en pleno desarrollo, se ensayó a través de una serie de vehículos experimentales suborbitales denominados Vex. En marzo de 2014 se efectuó una primera prueba del vehículo Vex1A en el área de Punta Indio que no pudo completar su misión y fue objeto de escarnio por parte de los críticos al gobierno de Cristina Fernández. A ello Machado responde: «Las fallas son cosas a las que uno se expone. Es numerosa la cantidad de cohetes que les explotaron en la base de lanzamiento a los estadounidenses antes de llevar exitosamente uno al espacio. En realidad la mayor parte de los primeros dispositivos explotaban, hasta que llegó Wernher Von Braun, que fue quien diseñó el primer cohete, el Redstone. Pero antes hubo cerca de 50 fallas de distintos cohetes».

Benito. «Es necesaria la acción del
Estado para el desarrollo científico.»

El Vex1B, por su parte, logró llegar a una altura máxima de 2.200 metros, pero como fue un éxito del gobierno no concitó el interés de los medios. El próximo paso de los científicos de la CONAE es el ensayo del vehículo Vex5A, que se realizará en el Centro de Control de Lanzamiento de Vehículos Experimentales en Punta Indio. Es un cohete en dos etapas que reproduce el funcionamiento del Tronador II. Cuando al fin esté a punto, este lanzador llevará al espacio satélites algo más pequeños que los Arsat, los SARE de observación de la Tierra, pero será un gran primer paso para que, algún día, la Argentina tenga su propio gran cohete lanzador como los Ariane de los franceses o los Soyuz de los rusos. Solo 10 países en el mundo tienen sus propios lanzadores de satélites.

 

Acción del Estado
Algunos meses después del lanzamiento del Arsat 1, cuando ya se comenzaba a hablar del Arsat 2, se conoció la noticia de que en la Universidad de San Martín (UNSAM) –con apoyo de la CONAE–, se dictará desde este año la carrera de Ingeniería Espacial. La idea es formar técnicos para los desarrollos tecnológicos que se vienen. Tendrá una duración de cinco años y dos orientaciones: diseño de lanzadores y vehículos espaciales; y producción y operación de satélites. Según comentó a Acción su director, el ingeniero Roberto Yasielski, «Argentina está madurando rápidamente en lo espacial y que se haya creado una carrera de Ingeniería Espacial está hablando de eso, de generar un capital humano importante para el futuro. Vamos a tener que formar gente para dentro de 5 o 6 años hacia adelante». Esta nueva carrera se vincula directamente con el Plan Espacial que desarrolla el Estado nacional. Yasielski aclara: «Esta es una carrera de grado, no es un posgrado. En EE.UU. solo hay cuatro universidades que tienen grado. Por eso hablamos de que esta carrera de grado en Ingeniería Espacial en Latinoamérica es única».
Lo que sí quedó claro para mucha gente es que haber alcanzado estos logros tecnológicos en los últimos 10 años no fue obra de la casualidad sino de una decisión de gobierno y política de Estado. Muchos especialistas coinciden en que lo mejor para la ciencia y la tecnología de la Argentina sería que el gobierno de Macri continúe con las políticas que implementó en el área el kirchnerismo, algo que aún no ha quedado fehacientemente ratificado. Según Benito, «que el desarrollo tecnológico se convierta en una devolución social básicamente es un proceso constructivo, lleva mucho tiempo. Todos los países que inician un camino de desarrollo tecnológico saben que requiere una inversión grande y es necesaria la acción del Estado para que sea sostenible. Es necesario tener continuidad, sea el gobierno que sea». Con devolución social Benito se refiere a que cerca de 1.600 elementos de la vida cotidiana fueron desarrollados en las últimas décadas en laboratorios de la carrera espacial. Machado, por su parte, añade: «Confío en que todo va a seguir en marcha. Hemos aprendido mucho; incluso lo han hecho los políticos. Los réditos que te da la ciencia frente a la inversión que te demanda, realmente son muchos. Espero que cualquier gobierno que esté al frente lo tenga presente». Y Benito concluye: «Hay que tener cuidado, porque romper siempre es más fácil que construir. Si lo considerás un gasto y cortás la inversión, las infraestructuras que lograste rápidamente se desarman. Creo que a lo largo de todos estos años se entendió que a la ciencia hay que darle una dinámica sostenida en el tiempo».

Marcelo Torres