Rumbos españoles

Mientras el presidente Rajoy responde en la Justicia por las denuncias de corrupción dentro de su partido, los líderes del PSOE y Podemos acercaron posiciones para poner fin a su mandato. Diferencias en la construcción de un gobierno alternativo.

Diálogo. Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, principales referentes opositores, conversan antes de una sesión en el Congreso de los Diputados, en Madrid. (Del Pozo/AFP/Dachary)

Mariano Rajoy está incómodo. Nervioso. O, al menos, no tan tranquilo como unos meses atrás. Y no es únicamente por las denuncias de corrupción que lo salpican cada vez más cerca y que lo volvieron tristemente célebre a nivel internacional. En su cabeza también rondan las imágenes de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, los dos principales referentes de la oposición, estrechándose las manos y abriendo la puerta a un acuerdo político que podría traerle serios problemas al presidente del gobierno español.
Los primeros acercamientos entre Sánchez, secretario general del Partido Socialista (PSOE), e Iglesias, líder de Podemos, se dieron en julio. En esos calurosos días de verano europeo, los españoles eran testigos de una imagen inédita: por primera vez en la historia del país, un presidente debía declarar en un juicio por corrupción. Rajoy fue interrogado durante dos horas, aunque esquivó todas las preguntas. Poco y nada fue lo que aportó a la investigación por el famoso «Caso Gürtel», el oscuro esquema de financiamiento del Partido Popular (PP) que está bajo la lupa de la Justicia desde hace años.
Luego del interrogatorio, Sánchez pidió la renuncia del presidente. Iglesias fue un poco más allá y planteó la necesidad de realizar una moción de censura para destituirlo. Aún con sus diferentes estrategias, algo quedó claro: ambos dirigentes quieren a Rajoy fuera del Palacio de la Moncloa. Y para eso comenzaron a trabajar en un acuerdo político que, en el futuro, podría derivar en la formación de un gobierno integrado por miembros del PSOE y de Podemos, las dos fuerzas políticas mayoritarias del país después del PP.

Tiempo de negociaciones
Sin embargo, todo está muy verde aún. Consultados por Acción, dirigentes socialistas y de Podemos prefirieron ser cautos. Gustavo Acosta, secretario general del PSOE Argentina, sostuvo que, por el momento, se trata de «un acercamiento incipiente». «Mi mayor deseo –aseguró– es que esos entendimientos se amplíen y se consoliden sobre bases programáticas e ideológicas. Si las señales son claras y entramos en un marco de compromisos políticos, ojalá se produzca un acuerdo. Pero Podemos tiene que entender que en una eventual sociedad no es el accionista mayoritario, por lo que no puede imponer tantas condiciones como quiso hacer en el pasado».
Desde Madrid, Eduardo Maura, diputado de Podemos, consideró que «hay posibilidades de un importante acercamiento, que en la práctica se está produciendo», ya que se trata de «proyectos diferentes pero convergentes, porque en ambos casos hay una vocación de regeneración democrática y de buscar una alternativa progresista a la crisis económica». Sin embargo, y mirando hacia el futuro, aclaró que desde su partido no piensan en una alianza electoral con el PSOE, sino más bien en un acuerdo que permita reunir una mayoría para formar gobierno entre ambas fuerzas y así destronar al PP de Rajoy.

¿Qué cambió?
Por lo pronto, el PSOE y Podemos ya comenzaron a trabajar en diversas áreas para llevar adelante una «mesa de colaboración parlamentaria», que utilizarán para fortalecer acuerdos y también para buscarle la vuelta a posibles desacuerdos, como el que se da en torno al referendo independentista catalán (ver recuadro). En julio, además, cerraron un pacto en la región de Castilla-La Mancha, que será la primera comunidad autónoma en la que socialistas y los de Iglesias compartirán gobierno.
Los acercamientos son realmente sorpresivos. Sobre todo si se tiene en cuenta que quienes hoy estrechan sus manos, en el pasado supieron lanzarse con artillería pesada. Iglesias hablaba de la «casta» para hacer referencia a los dos partidos históricos de España, a los que consideraba «mayordomos de los poderes económicos», y no dudaba en afirmar que las diferencias entre el PSOE y el conservador PP «son de matiz». Sánchez, por su parte, acusaba a Podemos de «populista» –con toda la carga negativa que tiene ese término en Europa– y de querer «llevar al país por la senda de la Venezuela chavista».
¿Qué es lo que cambió desde entonces? Para Acosta, «lo que ocurrió es que lo peor de la derecha española, heredera del franquismo, está en el gobierno», lo que «nos obliga a aprender de nuestros errores y a tratar de entendernos». Maura, por su parte, consideró que existe un nuevo contexto político a partir del ocaso del bipartidismo. «Antes –explicó– todo giraba en torno al PSOE y al PP. Era una lucha entre dos titanes. Eso ya no es así. Ahora hay más actores políticos. La presencia de Podemos se ha naturalizado y se lo reconoce como un actor que ha venido para quedarse, por lo que se debe trabajar en clave cooperativa».
Si bien muchos dirigentes se muestran entusiasmados con la posibilidad de ofrecer un «gobierno alternativo» a los españoles, lo cierto es que el sendero hacia ese objetivo está repleto de desafíos. Desde Podemos, como dijo Iglesias, la expectativa está en que el PSOE opte definitivamente por posturas más izquierdistas y cercanas al «cambio» antes que a la «restauración». Los socialistas, por su parte, esperan que Podemos se dé «un baño de humildad» y asuma que, como nueva fuerza dentro del mapa político, «debe recorrer un largo camino para empezar a imponer condiciones». En la resolución –o no– de esas tensiones se juega el futuro del progresismo español.