Sarkozy, pruebas y escándalo

El expresidente de Francia, Nicolás Sarkozy, está envuelto en una trama que tiene todos los condimentos de una película de espías. Hay traficantes de armas que reconocen haber transportado millones de euros en valijas, corrupción de ministros y asesores, lavado de dinero, cuentas en Panamá y en Suiza, financiamiento de campañas electorales, muertes en circunstancias sospechosas, un personaje como Muammar Kadafi –que fue enemigo, luego aliado y nuevamente acérrimo rival según las circunstancias– y la invasión de la OTAN a Libia en el medio de una guerra civil.
Pero no es una película. Es la investigación sobre Sarkozy, acusado de haber recibido millones de euros directamente desde Libia para solventar su campaña proselitista a la presidencia en 2007. Desde ya que Sarkozy niega, pero las investigaciones periodísticas descubrieron varios cabos sueltos con la ayuda de algunos protagonistas. Es así como Ziad Takieddine, un traficante de armas franco-libanés vinculado con el Estado francés en la venta de armas, reconoció en una entrevista que él en persona llevaba valijas repletas de dinero destinadas al círculo íntimo del expresidente.
Si bien el financiamiento de las campañas electorales involucra a grandes empresas y empresarios, en este caso se trata del dinero entregado por Kadafi, un hombre acusado de terrorismo y de haber destruido en 1988 un avión que sobrevolaba el Reino Unido y provocado la muerte de 270 personas, entre otras cosas.
En Francia ya dicen que el escándalo supera al famoso «caso Watergate». Pero Sarkozy ya no tiene el poder de antaño. Mientras tanto, desde el desierto, Saif el-islam, el hijo dilecto de Kadafi dice que puede aportar más pruebas y pide a gritos que le devuelvan el dinero.