Sexismo digital

Según un relevamiento con perspectiva de género, las aplicaciones diseñadas para el público femenino refuerzan los pilares del patriarcado y constituyen, además, potentes aspiradoras de datos personales. Un mundo hecho de maquillaje, fertilidad y dietas.

(Alliance/Alamy Stock Photo)

Una permite hacer un seguimiento del peso y muestra cuántos kilos faltan bajar o subir para alcanzar la figura ideal. Otra cumple el deseo de salir mejor en las fotos gracias a un algoritmo inteligente que «rejuvenece» la piel y agrega maquillaje. Entre las más descargadas aparecen las que avisan cuando está por llegar el período o cuáles son los días de ovulación. Todas responden a la categoría «Apps para mujeres» y se promocionan como herramientas modernas para organizar la vida, haciéndola «más fácil y divertida». Sin embargo, un relevamiento con perspectiva de género demostró que la oferta de aplicaciones «para ellas» reproduce en el universo online los estereotipos machistas del mundo real.
«Las apps, es decir, softwares que se instalan fácilmente en nuestros dispositivos, ya sean celulares o computadoras, se presentan como facilitadoras de ciertas tareas cotidianas o que se suponen funcionales en la vida de las mujeres. Estas aplicaciones dan consejos sobre cómo maquillarte, te explican cómo llevar adelante la economía del hogar, te dicen cuáles son las mejores dietas o directamente te enseñan a cocinar. Es precisamente en esta oferta donde opera el estereotipo machista por excelencia: las mujeres debieran estar mejor preparadas para cumplir con esas tareas. En cambio, cuando buscamos apps para varones, lo que nos encontramos son opciones para que ellos se constituyan en personas más competitivas, preparándolos para nuevos desafíos, apuntando a la superación personal, laboral, académica o social. Esta diferencia tiende a remarcar la desigualdad estructural existente», afirma Marina Demtschenko, abogada y presidenta de Fundación Activismo Feminista Digital, una ONG que trabaja por los derechos de las mujeres en la esfera digital.

Reglas impuestas
Demtschenko y su equipo analizaron las apps para mujeres más promocionadas del mercado y descubrieron que, lejos del empoderamiento que significa el uso de las Tecnologías de la Información y Comunicación (TIC), lo que se refuerza son los pilares del machismo y la disparidad de géneros.
«Al buscar opciones exclusivamente para mujeres –explica– se nos invita graciosamente a descargarlas para ser más independientes y porque resultan imprescindibles para nuestra vida. Así, el abanico se abre esperablemente hacia el maquillaje y la moda, el control de nuestro peso, la organización de las tareas del hogar, el progreso del embarazo, el registro de todo paso en el curso de la maternidad y el control de nuestros gastos, como si fuésemos incapaces de autogestionarlo con responsabilidad. O, lo que es más subliminal, como si no pudiésemos desenvolvernos adecuadamente en sociedad sin tener en cuenta estas máximas patriarcales que debieran conformar nuestra realidad. ¿Qué sería de las mujeres en el mundo sin reglas impuestas que seguir?».
Dentro de esta lista de aplicaciones, las más populares son las «menstruapps», es decir, aquellas que realizan un seguimiento del ciclo menstrual, llevando un control riguroso de la fertilidad a partir del cómputo de los días fértiles. En la actualidad, las menstruapps registran el número más alto de descargas en dispositivos. Si, en cambio, se analiza con atención la oferta de apps para varones, el panorama es muy distinto. Casi la totalidad de las propuestas apunta a desarrollar «habilidades inexploradas» o a maximizar el poder de seducción. Actualizar el corte de pelo, descubrir el mejor restaurante, conocer más de vinos, aprender a preparar tragos exóticos, mejorar las abdominales, mantenerse informado a toda hora o perfeccionar el rendimiento sexual son solo algunos de los «intereses esperables» en el mundo digital masculino.
En este punto es necesario destacar que, en el mercado virtual de los varones, las apps más promocionadas son las de citas, reproduciendo la mirada dominante a través de la cual la sexualidad activa en el hombre se estimula mientras que en la mujer se censura. El dato explica que muchas usuarias de estas aplicaciones oculten o nieguen su uso.
«Con esta información –remarca Demtschenko– tenemos una breve reseña de cómo el mercado estipula los intereses de uno y otro género en el consumo de apps. El de ellos: el apetito sexual. El de ellas: el control de su sexualidad y de su cuerpo fértil. Es lamentable ver que las apps para mujeres terminan siendo herramientas de control del poder opresor que intenta que seamos más predecibles en nuestros comportamientos. Difícilmente se encuentren apps que destruyan esta estereotipación».

Intercambio desigual
La continua oferta de apps para prácticamente cualquier aspecto de la vida diaria parecería, en principio, ser una gran ventaja. Sin embargo, lo que se les ofrece a las mujeres puede resultar de poco valor si se lo compara con la información personal que se les exige a cambio. Las apps que apuntan al mercado femenino, en general, se plantean como recursos interesantes, pero la mayoría no devela ningún misterio, es decir, no aporta nada por fuera de lo ofrecido por la oferta definida por los roles de género tradicionales: una mujer no tendría por qué aprender a maquillarse, como tampoco a controlar sus gastos.
«Las apps nos cuantifican, perfilan, estereotipan, rastrean y vigilan. Estos sesgos resultan aún más peligrosos cuando nos adentramos al mundo de las que están diseñadas para mujeres, que en general ocultan en su ingeniería de construcción mucho más de lo que reconocen. Así, vemos con preocupación que son verdaderas aspiradoras de datos, con políticas de privacidad oscuras o inexistentes que permiten ceder nuestra información a empresas analíticas. La protección de los derechos a la intimidad, privacidad y anonimato resulta cada vez más difíciles de sostener», advierte María Eugenia Orbea, abogada y secretaria de la Fundación Activismo Feminista Digital.
Según esta postura, las aplicaciones funcionan como laboratorios para la observación de patrones fisiológicos y de comportamiento, que van desde la frecuencia de la menstruación hasta los hábitos de compras y navegación por internet de todas sus usuarias. Las menstruapps, por ejemplo, además de monitorear el ciclo menstrual de la mujer, informan a las empresas desarrolladoras del software si la usuaria salió, fumó, tomó algún remedio o tuvo sexo, entre otros hábitos íntimos.
«Al analizar las apps para mujeres que existen en el mercado online, es importante hacerlo desde una visión crítica. ¿Sabemos realmente lo que pasa cada vez que tocamos la pantalla táctil de nuestro smartphone? Insistimos en que las apps son verdaderas aspiradoras de datos porque cuando abrimos una aplicación solo estamos viendo la punta del iceberg, ya que para su descarga hemos dado acceso a un desconocido a datos que nos exigen y que resultan innecesarios para su funcionamiento, como ser nombre, apellido, DNI, domicilio, acceso a micrófono, cámara, geolocalización, etcétera. Cabe cuestionarnos –concluye Orbea– si sería posible afirmar con total seguridad: mi cuerpo, mis dispositivos, mis reglas».