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Sin destino

En la última década Haití perdió 1.600.000 compatriotas fronteras afuera. La migración, que había tenido su pico tras el terremoto de 2010, recrudeció por los convulsionados días que se viven en la isla.
El éxodo esconde también el negocio del tráfico de personas y la explotación sexual. Se ofrecen inciertos futuros a cambio de 350 dólares por cruzar por agua hasta Panamá, República Dominicana o Colombia. De allí la mitad de ellos elige probar suerte en Estados Unidos y Canadá y el resto se reparte hacia Argentina, Chile y Brasil. Los cierres de países por la pandemia aumentaron la precariedad de los traslados y su costo.
Por la falta de empleo, problemas de radicación y un tipo de cambio adverso, últimamente se producen migraciones extracontinentales: los haitianos que miran a EE.UU. vuelven de sus destinos latinoamericanos. Pero siguen huyendo.