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Sin fronteras

La implementación por parte del gobierno de los programas de incentivo a la exportación de conocimiento no alcanza para poner en carrera a las pymes del rubro, que como muchos otros sectores de la economía profundizó su déficit comercial.

Transporte de mercaderías. Junto con el turismo internacional, los servicios financieros y las telecomunicaciones son los más tradicionales. (Jorge Aloy)

La teoría económica tradicional la considera una contradicción en sí misma, pero la exportación de servicios gana cada vez más lugar en la torta, convirtiéndose en la actualidad en el tercer rubro luego de las oleaginosas y la industria automotriz. La exportación de servicios de gran valor agregado, basado en conocimiento, genera divisas por más de 5.000 millones de dólares anuales, el 7,2% de la venta externa total, de acuerdo con cifras oficiales.  El gobierno presentó a principios de 2017 un régimen simplificado para realizar trámites de exportación de servicios de conocimiento, pero en el sector señalan que la presión tributaria y la complejidad burocrática son altas para las pequeñas y medianas empresas.
Los manuales de economía consideran a los servicios como un bien no transable, es decir, que no pueden venderse en el exterior, a diferencia de los bienes físicos. Sin embargo, hoy basta con una computadora, una conexión a Internet y el nexo con un «otro» para poder brindar un servicio en el exterior sin cruzar la frontera. Pero no es un sector nuevo, pese a que haya nuevos jugadores y rubros comprendidos. El  transporte de personas y cosas, el turismo internacional, los servicios financieros y las telecomunicaciones forman parte de los servicios tradicionalmente exportados. A estos se suman los que nacieron con las nuevas tecnologías, como educación a distancia o diagnósticos médicos vía webcam.

Transnacionalización
En los últimos años, los servicios estuvieron impulsados en gran medida por la transnacionalización empresarial, que facilita la difusión de lenguajes, estándares y prácticas de gestión comunes. «Este tipo de servicios son una de las formas de exportación de gran valor agregado ya que generan empleo, impulsan la innovación y el desarrollo tecnológico. A través de esta medida, se facilitan las gestiones para registrarse como exportador», destacó la web del Ministerio de Producción en el lanzamiento del régimen simplificado de trámites para exportar «servicios de conocimiento», que consiste solo en algunas mejoras. Sin embargo, los cambios tributarios y el arrastre burocrático e impositivo vinculado con el sector complica las posibilidades de desarrollo de las pymes y la situación comercial es desfavorable para el país. Según un informe de la consultora Ecolatina, la exportación de servicios en 2017 tocó su mayor valor en 20 años en términos de volumen. Las ventas crecieron un 12,8% en la primera parte del año pasado (aún resta computar la segunda mitad), pero las importaciones se incrementaron un 15,8%. Esto consolidó un déficit comercial de 20% respecto de igual período del año anterior. El rojo fue de 5.200 millones de dólares mientras que en 2016 había sido de 4.300 millones.
El gobierno intenta capitalizar esa mejora de volumen dentro del conjunto pero el aumento de la exportación de servicios no responde solo a nuevos jugadores que se incorporan, sino a la extranjerización y globalización de la economía. Las grandes multinacionales tercerizan sus servicios, principalmente en atención al cliente, desplazando mano de obra local. Argentina no responde a la tendencia global según la cual los consumidores contratan cursos a distancia, ven películas, escuchan música, o se psicoanalizan por videoconferencia con el prestador de su elección, sin que interese de qué país proviene el servicio.