Turquía y los entramados violentos

El atentado en una discoteca y el asesinato del embajador de Rusia en Turquía colocaron a este país nuevamente en el centro de la política internacional. En realidad, esto es inevitable. El Estado turco moderno es el continuador del Imperio Otomano que dominó durante más de 400 años gran parte de Oriente Medio. Vale recordar que su desintegración después de la Primera Guerra Mundial ha dejado secuelas que se sienten hasta hoy por cómo los franceses e ingleses se repartieron sus territorios.
En ambos casos, como en los otros que provocaron la muerte de decenas de personas en 2016, los atentados fueron atribuidos a grupos islámicos de la minoría kurda.
El panorama para el gobierno turco es muy complejo. Geográficamente está en Europa y Asia, y se presenta a sí mismo como el engranaje clave para un diálogo entre civilizaciones, aunque en vano intentó convencer por todos los medios a los europeos para que los dejen sumarse a la Unión Europea.
A su vez, se presenta como un actor clave en Oriente Medio, pero el acercamiento con el Estado de Israel siempre lo aleja del mundo árabe. A nivel interno, no logra resolver el histórico conflicto con la población kurda que está en toda la región oriental de su territorio; población que también se extiende en Irak y Siria y que lo lleva a intervenir en ambos países.
Su acción en Siria es una muestra de este complejo entramado. Por un lado, apoya a grupos que se enfrentan al gobierno de Bashar al Assad y que también combaten a los kurdos. Por otro, algunos de estos grupos combaten las tropas turcas dentro de Siria y ya han realizados atentados dentro de Turquía, entre otros motivos por considerar que Ankara se alía a los rusos. La alianza del gobierno con Rusia e Irán para terminar la guerra civil en Siria puede dar algunos resultados allí, pero no es garantía para acabar con la violencia dentro de Turquía.