Un nuevo horizonte

Tiempo de lectura: ...

En 1935 se fundó en el barrio porteño una de las cajas de crédito pioneras del movimiento nucleado en el Instituto Movilizador.

 

1970. En conmemoración del 35º aniversario de la Caja de Villa Mitre se realizó una cena que convocó a asociados y vecinos.

En mayo de 1935 un grupo de vecinos del barrio porteño de Villa Mitre se reunió en un local de la calle Gaona para resolver la creación de una cooperativa de crédito. El grupo fundador estuvo conformado mayoritariamente por inmigrantes de origen judío recién llegados de Europa que buscaban un nuevo horizonte en la Argentina y, para ello, necesitaban proporcionarse las herramientas que pudieran sostener sus nuevos rumbos. La respuesta mutualista y cooperativa se consolidaba entre los inmigrantes como modo eficaz para cubrir sus demandas básicas, ya que primaba un alto espíritu de ayuda grupal entre las diversas colectividades que habían desembarcado en el país. En este contexto nació la Caja Popular Villa Mitre, cuya finalidad se orientaba, originariamente, a reunir los pequeños ahorros de sus miembros y depositarlos en la entidad para luego brindar con ellos ayuda crediticia para solventar sus proyectos de trabajo. Primero fue el Banco de Crédito Israelita de Villa Mitre, luego se llamó Banco de Crédito Popular, y Caja Mutual Villa Mitre Cooperativa de Préstamos, hasta que su denominación final fue Caja Popular Villa Mitre Sociedad Cooperativa Limitada, nombre que sería sinónimo de una experiencia cooperativa exitosa y duradera.
Transcurridos cinco años de su fundación, la operatoria de la caja de crédito comenzó a expandirse. Según informaba un boletín de la entidad publicado en ocasión del 40º aniversario, en 1940 la Caja Popular contaba con 615 asociados, número que representaba un crecimiento continuo pero lento. No obstante, ese panorama se modificaría con el inicio de la Segunda Guerra Mundial: el conflicto bélico impulsó un cambio sustancial en la dinámica productiva del país, dado que se expandieron industrias como la textil, la metalúrgica y la maderera y, con ellas, un núcleo de talleres e incipientes fábricas. En medio de este proceso, la caja de crédito del barrio sería solicitada ya no sólo por quienes buscaban mejorar sus condiciones de vida a través de un préstamo, sino por las exigencias de inversiones para incrementar la capacidad productiva de emprendimientos familiares y pequeñas empresas.
En 1949, la entidad liquidaba préstamos que, en su mayoría, tenían como destino la ampliación o la instalación de un comercio o una industria pequeña. «El crédito se otorgaba mitad con el corazón y mitad con el cerebro», relataba –en un entrevista ofrecida para el Archivo Histórico del Cooperativismo de Crédito– Jaime Sepliarsky, dirigente de la entidad, sobre la forma de vinculación de la cooperativa con sus asociados, una modalidad que combinaba aspectos formales con relaciones establecidas a través de la propia vida en el barrio. El crecimiento de la entidad hizo necesaria una nueva sede: la casa fundacional de la calle Gaona fue reemplazada entonces por un nuevo local en Donato Álvarez 2127.
La Caja Popular Villa Mitre participó activamente en la constitución del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos en 1958. La creación de la entidad de segundo grado marcó un punto de inflexión para todo el cooperativismo de crédito: el movimiento experimentó un notable crecimiento a partir de su integración y del impulso motorizado por el accionar del IMFC. «Las cooperativas de crédito se abrían de a centenares. Miles y miles de pequeñas y medianas empresas ingresaban y progresaban con el crédito cooperativo. Obreros, empleados y entidades de bien público pudieron acceder al crédito, por primera vez para la mayoría de ellos», sostenía el texto de celebración de los 40 años de la caja de Villa Mitre. «Cuando se formó el IMFC, la idea era llevar los depósitos al Instituto para que sirvieran como cámara compensadora; es decir, de ahí surgió el gran boom de las cooperativas, que pasaron de ser unas pocas a varios centenares, gracias al trabajo del Instituto, que fue usando los recursos de la cámara para crear nuevas cooperativas de crédito», explicaba Harry Cwaigemberg, dirigente de la Caja Popular Villa Mitre.
La cooperativa de Villa Mitre avanzaba no sólo en su capacidad crediticia, sino que establecía, al mismo tiempo, un lazo profundo con la comunidad a través de la cultura y el apoyo a distintas instituciones del barrio. La magnitud de su crecimiento volvió a demandar un cambio y la caja popular inauguró un importante edificio en 1963, que aún existe y que cuenta con una sala de teatro diseñada por Saulo Benavente –réplica de la sala Martín Coronado del Centro Cultural General San Martín de la ciudad de Buenos Aires– para albergar la actividad cultural de la zona. Por allí pasaron, entre otros, Mercedes Sosa, Horacio Guaraní, Buenos Aires 8, ciclos de cine-debate y obras de teatro, entre otras iniciativas de organizaciones del barrio. También se creó desde la cooperativa el periódico Trabajo y cooperación.

 

Ataque y defensa
El golpe de Estado de Juan Carlos Onganía, en 1966, atacó directamente al movimiento cooperativo con diversas estrategias que hasta incluyeron el encarcelamiento de integrantes del consejo de administración del IMFC. La Caja Popular Villa Mitre sufrió las consecuencias. «Las medidas del Banco Central y el gobierno de facto significaban una traba para las cooperativas de crédito y producían una sensación de ahogo financiero», recordaba –entrevistado por Daniel Plotinsky– el funcionario del IMFC y la Caja Popular Villa Mitre, Domingo Rottman.
No obstante, las cooperativas nucleadas en el Instituto lograron enfrentar el ataque y, tras numerosos actos públicos, solicitadas y reclamos, contuvieron la ofensiva. «Todas las cooperativas nos salvamos por la lucidez de la dirección del IMFC», comentaba en una entrevista de 1996 el cooperativista Elías Zylber.
Una década después, la denominada Ley de Entidades Financieras impuesta en 1978 por la dictadura fue otra medida que apuntó a debilitar al movimiento solidario. Las cajas de crédito debieron adoptar, entonces, la forma de banco, y para posibilitarlo, se fusionaron las entidades de la Capital y el conurbano bonaerense. Fue el origen del Banco Credicoop. En el Interior se reprodujo la iniciativa y así, provincias como Santa Fe, Córdoba y Entre Ríos vieron florecer otros bancos cooperativos que agrupaban a las antiguas cajas. «Se necesitaba seguir avanzando y Villa Mitre era una cooperativa con capacidad de trabajo, con experiencia», contaba Elías Perelman, dirigente de la Caja Popular, sobre el período de transformación de la caja crédito. Convertida hoy en la filial 43 de Credicoop, Villa Mitre es el testimonio vivo de 80 años de historia cooperativa y solidaria.

Maximiliano Senkiw

 

16 de diciembre de 1982

El IMFC dice presente en la Marcha del Pueblo por la Democracia y la Reconstitución Nacional, que, con la movilización de 100.000 personas, mostró el rechazo social hacia la dictadura militar. La policía reprimió violentamente a los manifestantes, provocando la muerte de un obrero metalúrgico.