Un recurso estratégico

En el segundo seminario «ABC del Litio Sudamericano», referentes de la Argentina, Bolivia y Chile debatieron sobre la explotación del metal. Cadena productiva, necesidad de capacitación y el rol de la universidad, algunos de los ejes.

 

Echazú. «El desafío es que los Estados participen activamente en este tema». (Horacio Paone)

El Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini fue el escenario del segundo seminario «ABC del Litio Sudamericano: Soberanía, Industria, Tecnología y Ambiente», en el que especialistas argentinos, bolivianos y chilenos encabezaron el debate sobre la explotación del metal en Latinoamérica. En esta edición, «el seminario apuntó a profundizar los aspectos más relevantes a la hora de reflexionar sobre la mejor alternativa productiva para los países de la región», precisaron los organizadores.
«La universidad tiene que crear espacios para hablar de temas estratégicos como el litio y producir materiales para que sigan circulando», dijo el vicerrector de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), Alejandro Villar, en la apertura de las jornadas. «La Argentina, Chile y Bolivia tienen el 80% de la producción de litio a nivel mundial. Es clave su potencialidad para la región; el desafío es que los Estados participen activamente en este tema», sostuvo Luis Alberto Echazú, gerente nacional de Recursos Evaporíticos de la Corporación Minera de Bolivia (Comibol). Participante de un panel dedicado al tema de la soberanía, el funcionario destacó las políticas del gobierno de Evo Morales al asegurar que «el Estado asume el control de los recursos naturales estratégicos en ese país».
En tanto, el rector de la Universidad Nacional de Jujuy (UNJu), Rodolfo Tecchi, habló acerca de la importancia del litio en la economía del norte argentino.  Por su parte, el chileno Vicente Pérez Vidal, quien integró la Comisión Nacional del Litio creada en 2014,  habló de la «visión estratégica» en su país, la distribución en el mundo y la estructura del mercado. En la segunda mesa del Seminario se abordó la relación entre el litio y el medioambiente, tanto en relación al proceso extractivo como al impacto potencial de su industrialización sobre la matriz energética.

 

Capital humano
En la segunda jornada, la actividad comenzó en la mesa de Tecnología e Industria. El director del Instituto de Química Física de los Materiales, Medio Ambiente y Energía (Conicet-UBA), Ernesto Calvo, se refirió a la recuperación del litio por método electroquímico; la energía solar y la importancia del capital humano. «Estamos centrados en formar profesionales en el norte del país. Hay que focalizarse en el valor agregado y que el trabajo sea para nuestros pueblos», señaló.
«La Argentina se convirtió en el tercer productor mundial de litio, contamos con salares en Salta, Jujuy y Catamarca. El bajo costo de producción despierta mayor interés», afirmó Andrés Castello, consultor del Centro Interdisciplinario de Estudios en Ciencia, Tecnología e Innovación (Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva) en temas relacionados con la cadena productiva del litio en la Argentina. Marcelo Kloster, integrante del mismo centro, advirtió: «Estamos asistiendo a la segunda ola de motorización electrónica. Hoy tenemos que crear nuestra propia demanda de baterías de litio. La fabricación de buses eléctricos puede ser el camino, para lo cual es necesario voluntad política». «La necesidad es de una mayor articulación entre las dimensiones geopolítica, económica  y la política. Sin estas articulaciones no se puede llevar adelante la producción de litio», afirmó Bruno Fornillo, doctor en Ciencias Sociales (UBA).
Federico Nacif, sociólogo y becario del Conicet con el proyecto «El litio en América del Sur: Argentina, Bolivia y Chile», además de coordinar las diferentes etapas del seminario, estuvo al frente de la presentación del libro ABC del litio sudamericano. También participaron de las jornadas Fernando Porta, coordinador del Centro Interdisciplinario de Estudios sobre Ciencia, Tecnología e Innovación; Martín Burgos, coordinador del Departamento de Economía Política y Sistema Mundial del CCC;  y Juan Carlos Junio, director del CCC.

Mariana Aquino