Una mesa diferente

Desde la Ciudad de Buenos Aires y bajo la filosofía del comercio justo, la entidad vende productos de más de 30 proveedores de la economía social, entre ellos pequeños productores familiares y empresas recuperadas. Otra forma de comprar y consumir.

Etiquetas solidarias. Vila, de Las Morenas y Bulzomi: otra cadena de valor. (Jorge Aloy)

En la última década surgieron numerosas experiencias autogestivas de consumo y comercialización de alimentos que se presentan como una alternativa a las grandes cadenas de supermercados. En algunos casos se trata de personas que se organizan en colectivos de consumo y, en otros, como entidades solidarias, tal es el caso de Alimentos Cooperativos, de la Ciudad de Buenos Aires. «Yo no sabía nada de cooperativismo y en la economía solidaria descubrí un montón de cosas que me movilizaron», dice Pablo Bulzomi, encargado de logística y comercialización de la cooperativa. Y agrega: «En la práctica cotidiana te das cuenta de que lo que hacemos no solo nos sirve a nosotros como alternativa laboral, sino también a las familias de los agricultores, a los emprendedores y a los pequeños productores».
Comenzaron vendiendo tomates triturados, vinos y aceites de oliva producidos solo por dos organizaciones. Hoy tienen más de 30 proveedores de diferentes provincias, entre los que se encuentran agricultores familiares, cooperativas y empresas recuperadas. Desde su sitio web, alimentoscooperativos.com.ar, ofrecen una amplia variedad de alimentos: bebidas, conservas, dulces, fideos, harina, yerba, infusiones, galletitas y productos frescos, entre otros. Además de distribuir en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano bonaerense, los productos llegan a diferentes localidades de la Argentina. También promueven la formación de nodos de consumo entre los interesados, que pueden contactarse vía mail o a través de redes sociales para realizar pedidos. «La idea es que la gente nos haga pedidos de manera conjunta. Para estimular esta práctica ofrecemos precios mayorista cuando se hacen grandes pedidos –indica Jorge, de Las Morenas, encargado de marketing y comunicación–. Por otro lado –continúa–, queremos posicionarnos a nivel comercial como marca y pretendemos instalar los productos de nuestro proveedores de manera ingeniosa y creativa para que la gente reconozca las marcas de la economía solidaria». La cooperativa, integrada además por Amarú y Miguela Varela (vocal y secretaria respectivamente) y Aimé Rojo (tesorera), participa también en distintas ferias de productores: la que se realiza en el predio de la facultad de Agronomía (UBA) el segundo fin de semana de cada mes; Placeres Regionales, en La Rural de Palermo el tercer fin de semana de cada mes; y en el Mercado Popular Itinerante de Avellaneda, entre otras.

Respetar el trabajo
Los integrantes de Alimentos Cooperativos afirman que apelan al consumo «consciente y comprometido», partiendo de entender la problemática del sistema alimentario y los diferentes eslabones que componen la cadena. «En este terreno inciden las formas de producción, la industrialización, la comercialización y también el soporte financiero», explica Ignacio Vila, presidente de la cooperativa, y afirma que el proyecto apunta a «respetar el trabajo y el esfuerzo que hacen productores y elaboradores para agregar valor a sus materias primas». Por otro lado, buscan una intermediación sustentable que otorgue a los proveedores una justa retribución y que posibilite la reinversión.  La solidaridad, afirman, debe expresarse tanto dentro de la empresa, como en el resto del entramado que va desde la producción al consumo final; por ello, para aprovisionarse de mercaderías, solicitaron varios microcréditos al Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. «Esto nos permitió hacernos de stock y garantizarles el cobro, en tiempo y forma, a los productores», señala Vila. La entidad tiene en cuenta, además, la calidad de los productos. «Nuestro slogan es: “Otra forma de consumir, otra forma de producir”, y  la calidad de los alimentos que ofrecemos tiene que ver con esto, con la manera que los agricultores familiares y las cooperativas trabajan, es decir, de manera natural, sin agrotóxicos, ni aditivos químicos», concluye Vila.