Valores en común

Con un histórico vínculo con el Instituto Movilizador, la entidad ecuménica despliega desde su filial argentina una nutrida actividad deportiva, cultural y social, emprendimientos y servicios destinados a sus asociados y a la comunidad en su conjunto.


Rodríguez. «Con el movimiento cooperativo compartimos una mirada crítica y reflexiva». (Horacio Paone)

La Asociación Cristiana de Jóvenes (YMCA por sus siglas en inglés) es una institución ecuménica, laica, abierta, plural y autónoma que se plantea como objetivo central la difusión de valores como la justicia, la paz, el amor y la solidaridad. Por este motivo, tiene un histórico vínculo con el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos. «Con el movimiento cooperativo compartimos, a nivel mundial, el país y el año de nacimiento –Inglaterra, 1844–, además de los valores humanos que nos unen. Fueron esos valores los que en Argentina nos llevaron a trazar una alianza estratégica, con quien compartimos una mirada crítica, reflexiva y constructiva de la sociedad», dice Norberto Rodríguez, secretario general de la filial argentina de la YMCA. Y recuerda que el vínculo comenzó a gestarse en la participación que ambas entidades tuvieron en 2001 en el Frente Nacional Contra la Pobreza (FRENAPO), donde confluían organizaciones sociales, empresariales, de trabajadores, universitarias, de derechos humanos y culturales. A partir de allí, fueron numerosas las actividades que las instituciones desarrollaron de manera conjunta.
Actualmente, la entidad está presente en 120 países y cuenta con más de 65 millones de miembros. Con un fuerte acento en la práctica del deporte, la YMCA introdujo en la Argentina –donde fundó una sede en 1906– la práctica del básquetbol, vóleibol, béisbol y fútbol de salón. Instaló también la primera pileta climatizada del país, impulsó la conformación de la mayoría de las federaciones deportivas nacionales y posee uno de los gimnasios más completos de la Ciudad de Buenos Aires. «Desde los orígenes de esta organización se tomó la actividad deportiva como herramienta formativa, recreativa, de contención y desarrollo», señala Rodríguez.

Romper el círculo
También cuenta con ocho establecimientos educativos, donde se dictan los niveles inicial, primario y secundario, dos centros de formación profesional y un terciario. En total asisten más de 3.000 alumnos. «Una buena educación –dice Rodríguez– permite romper el círculo perverso de la pobreza». Por otra parte, como institución creadora a nivel mundial de los campamentos, existe un desarrollo permanente de esta actividad, que, según el secretario general, «es una herramienta educativa que permite promover el cuidado de la naturaleza, el respeto al prójimo, el intercambio de experiencias, la ayuda mutua, el esfuerzo compartido».
Recientemente, la YMCA inauguró un instituto universitario con carreras de grado, cuyas propuestas están orientadas, principalmente, al campo de las ciencias aplicadas a la actividad física, el deporte y la vida saludable. «Además, contamos con una carrera nueva para la Argentina –cuenta el dirigente-, licenciatura en Animación Sociocultural, que combina varias disciplinas: recreación, campamento, teatro».
La capacitación y la formación de jóvenes líderes es otro de sus objetivos. «Tenemos varios programas formativos y de reflexión con espíritu crítico y de compromiso y también generamos oportunidades de participación para la juventud en el ámbito nacional e internacional –explica Rodríguez–. En los últimos 18 años hemos enviado al exterior a 60 jóvenes para participar de diferentes experiencias. Nosotros intentamos formar personas para que sepan actuar en la sociedad, que sepan reclamar sus derechos, pero que también asuman obligaciones y responsabilidades y se comprometan con su entorno con profundo sentido solidario», enfatiza.  
También se promueven diferentes acuerdos de cooperación con diversas organizaciones. «En la última reunión de nuestro Consejo Mundial, realizada en julio en Tailandia, se firmó un convenio global de apoyo mutuo con Los Harlem Globetrotters. Además, se instaló un gimnasio en la Base Marambio. El convenio, establecido con la Fuerza Aérea Argentina, contempla, entre otros aspectos, el monitoreo permanente de la actividad física de los residentes argentinos en la Antártida.