Variaciones sobrela primera vez

Más información y poco conocimiento, mucho estímulo y escasa prevención. Mandatos, dobles discursos, consumo de alcohol. Cómo viven el despertar sexual los chicos y chicas argentinos.

 

(Kala Moreno Parra)

Cuando tuve relaciones con mi novio a los 15 no le conté a nadie. Tenía en claro que había que cuidarse, sabía que tenía que usar forro, sobre todo para no embarazarme, sabía que había enfermedades, pero me preocupaba más el embarazo. Para mí era un momento esperado por la intriga que me generaba». Noelia (18)
«Mi primera vez fue a los 14 años con un amigo, no sé si estaba preparado, pero sí tenía ganas de saber qué era. La pasé bien, pero después me sentí reprimido, pero esto fue por el marco donde crecí, mi casa era súper machista, mi mamá súper religiosa». Ariel (20)
«Yo debuté a los 14, fue un encuentro casual, con una chica que conocí en una fiesta de 15 y nos fuimos juntos. No tenía mucha conciencia de los miedos, en mi casa se hablaba mucho de sexo porque mi papá es médico. Yo entendía que con el preservativo alcanzaba, no tenía miedos, mi preocupación era hacerlo bien o mal, no a una enfermedad o al embarazo». José (19)
«La primera relación es importante, no hay que estar presionada. Hay que cuidarse, yo a lo que más miedo le tengo es al embarazo, porque el VIH se controla, un embarazo es una responsabilidad para toda la vida. Sí, a veces nos vestimos para parecer más grandes pero eso no da derecho a que te toquen si no querés». Micaela (16)
«Falta información, en el colegio no se habla de sexualidad. Yo hablo con mis papás. ¿A qué edad empezás a tener relaciones? Algunos a los 12 o 13, las amigas de mi hermana tienen 13 y algunas ya tuvieron, yo sé porque las escucho hablar cuando vienen a mi casa». Emiliano (16)
Los relatos son variados y generalizar a la hora de hablar de sexualidad adolescente y su ejercicio resulta casi imposible, ya que cada chico y cada chica transita sus primeras experiencias sexuales de una forma única. Claro que hay estudios y encuestas que intentan poner en números estos modos de relacionamiento, pero más allá de estas cifras, casi siempre concentradas en las edades de inicio, en los métodos anticonceptivos utilizados o en la falta o no de información, surgen algunos interrogantes. ¿Es lo mismo el debut sexual hoy que aquel por el cual transitaron las generaciones que precedieron a estos jóvenes? ¿Tienen más información y saben cómo usarla?
«El inicio de las relaciones sexuales es más temprano, pero no de las relaciones sexuales como los adultos las entendemos. Cuando uno le pregunta a una mujer a qué edad se inició sexualmente interpreta a qué edad tuvo la primera penetración. En la última década, las relaciones sexuales pueden ser sin penetración, pero a edades mucho más tempranas. Esto nos preocupa a los médicos porque hay muchos riesgos igual, más allá de que no haya riesgo de un embarazo hay muchos juegos sexuales, sexo oral, alcohol y a veces los chicos pierden la noción de cuál fue la situación», señala Sandra Vázquez, coordinadora del servicio de Adolescentes del Hospital Cosme Argerich de Buenos Aires y especialista en gineocobstetricia.
Según datos de la Primera Encuesta Nacional de Salud Sexual y Reproductiva, elaborada por equipos técnicos del Ministerio de Salud de la Nación y del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC), las mujeres comienzan un poco más tarde que los varones a tener relaciones sexuales. Entre las mujeres de 14 a 49 años que tuvieron su primera relación sexual, la edad promedio de inicio es de 17,3 años. En tanto, para los varones de entre 14 y 59 años es de 16 años.
«Creo que en las encuestas preguntamos mal, porque preguntamos relaciones sexuales en términos de penetración, entonces responden a los 16, pero cuando indagamos más y preguntamos por el primer contacto sexual con un chico, surge que fue a los 13 o 14. El modo de relacionamiento sexual cambió; el sexo oral no existía antes en una pareja que no se había iniciado con relaciones sexuales, hoy es a la inversa: a la salida de un boliche hoy hay sexo oral como algo habitual en chicas que tienen 14 años. Si a esas mismas chicas les preguntás si tuvieron relaciones sexuales te van decir que no», asegura Vázquez.
Para Ana Lía Kornblit, antropóloga e investigadora del CONICET y del Instituto Gino Germani de la UBA, el inicio cada vez más temprano de las relaciones sexuales se da mayormente entre las mujeres. «La sexualidad está como un aspecto más de la vida, naturalizado, sin la carga que podía llegar a tener en décadas anteriores, cuando era considerado como un paso imprescindible hacia la plena realización. No obstante, lo que sí se observa es que hay un endiosamiento del cuerpo, aunque esto no necesariamente se vincule con la sexualidad. Es la necesidad de mostrarse, de aparentar, de acercarse a los ideales estéticos del momento. El problema es que esto puede ser interpretado por algunas personas, que sí tienen un móvil sexual, como una incitación a la sexualidad», señala.
Según Kornblit, el panorama es aún menos alentador si se toma en cuenta que en los adolescentes hay una disminución de la sensación del riesgo. «Faltaría la percepción del riesgo al que se someten con este tipo de actitudes, esto está como anulado. Por su parte, los adultos no han podido transmitir esto o tienen miedo de hablar de cuestiones que asusten a los chicos y provoquen una actitud de retraimiento», indica.
Para Ana Rozenbaum de Schvartzman, médica, psicoanalista especializada en niños y adolescentes y miembro de la Asociación Psicoanalítica Argentina, APA, la presión del grupo y de la sociedad al momento del debut sexual es fuerte y se ha convertido en algo cultural. «Se piensa que si un chico o una chica a los 18 años todavía no debutó, tiene algún tipo de inhibición. El riesgo de esto es que el debut se produzca en cualquier momento y con cualquiera y no en una situación particular, especial y amorosa», advierte.

(Jorge Aloy)

En cambio, Lucila Tufro, comunicadora y coordinadora de la reciente investigación denominada «Jóvenes, relaciones de pareja y malos tratos en el noviazgo», llevada adelante por la Asociación Civil Trama y el Instituto Abierto para el Desarrollo y Estudio de Políticas Públicas (IADEPP), sostiene que la primera relación sigue siendo importante para los chicos. «A diferencia de lo que circula en el sentido común, que cree que los chicos mantienen relaciones coitales casi en forma automática cuando se conocen, la investigación nos mostró que esto no es tan así, los chicos llegan a una relación coital con una persona a la que le tienen confianza y con la que ya han tenido acercamiento. No sucede y no está bien visto tener relaciones sexuales apenas haberse conocido», asegura.

 

El discurso del método
De acuerdo con los datos recolectados por el Ministerio, tanto los varones como las mujeres poseían un alto conocimiento respecto de los métodos anticonceptivos. Así, mientras el 94% de las mujeres entrevistadas mencionó a las pastillas anticonceptivas en primer término, seguido por el preservativo o condón con un 87% y el DIU con un 62%, entre los varones, el método más nombrado fue el preservativo, con un 95%; luego las pastillas anticonceptivas en un 82%, y un 37% mencionaron al DIU.
«Los chicos tienen una cierta información sobre sexualidad, no es que no manejan el conocimiento sobre cómo cuidarse, la dificultad está en cómo llevar esa información a la práctica real cuando tienen que tener una relación sexual. Esto tiene que ver no solo con manejar información sino con cómo se dan las situaciones y con tener otras habilidades que no solamente tienen que ver con conocer los métodos anticonceptivos. En las relaciones violentas o en los abusos, empiezan a jugar otras variables vinculadas con las relaciones de género donde la posibilidad de negociar o de llegar a acuerdos resulta dificultosa, porque el modelo masculino pasa por imponer su deseo o su forma de pensar la sexualidad por sobre el de las mujeres», asegura Tufro.
«Una vez con un chico que era 7 años más grande que yo, no quería usar preservativo y yo no accedí. Me acuerdo que primero se enojó y después se le pasó y se lo puso, pero fue una situación incómoda», cuenta Noelia (18).
Para Ariel (20) la situación fue más difícil aún: «Una vez accedí a tener relaciones sin preservativo. Después de eso, tuve miedo, lo hablé con mi mamá y me hice los análisis de VIH. No me contagié pero tuve mucho miedo».
Precisamente, el trabajo coordinado por Tufro mostró que a entre un 25% y un 30% de la chicas les costaría dejar en claro su postura frente a la negativa del varón a usar preservativo. «Esto muchas veces tiene que ver con la imposibilidad de negociar con la pareja y con tener que aceptar ciertas situaciones aunque no se esté de acuerdo; tiene que ver con cómo se maneja el poder en todos los aspectos de la vida y en la sexualidad especialmente. Por otra parte, los varones tienen muy baja percepción de aquello que necesita su pareja y les cuesta mucho entender que la otra persona está incómoda o que no quiere hacer algo», refiere Tufro.
En la misma línea, Rosa Pappolla, médica de adolescentes del Hospital General de Agudos J. A. Penna, sexóloga clínica y asesora del Comité de Adolescencia de la Sociedad Argentina de Pediatría, reconoce que el problema es la falta de acompañamiento de los adolescentes para aprender a tomar decisiones autónomas. «Los chicos tienen mayor facilidad para poder investigar y preguntar, pero desde el punto de vista de los adultos acompañantes –padres, hermanos mayores, maestros, médicos– no conforman este andamiaje para ayudarlos a gestionar y tomar decisiones también en su sexualidad. Estamos mejor en cuanto a accesibilidad, pero no respecto de la necesidad de gestionar y saber qué es lo que les pasa a los chicos con respecto a su cuerpo, al placer y al momento erótico. Los chicos saben que existe el preservativo pero no saben cómo usarlo y esto es una deficiencia de los adultos», subraya.
De acuerdo con la especialista, si bien desde 2006 hay una Ley de Educación Sexual Integral, lo que se ve, tanto en las escuelas públicas como privadas, es que hay una suerte de deuda al momento de gestionarla, o bien se toman acciones aisladas cuando en realidad la educación sexual debería ser transversal, no solo con información biológica sino con asesoramiento y charlas sobre las vivencias en relación con la pubertad y cómo se va insertando la sexualidad en la vida. «Para esto hay que darles más espacio a los chicos, escucharlos. Hoy los chicos saben para qué se usa un preservativo pero al momento de gestionar sus decisiones, de decir sí o no a una relación con sexo seguro, a veces quedan afuera por situaciones que muchas veces tienen que ver con lo genérico; la presión que siguen teniendo las mujeres y los menores de 18 años en torno al ejercicio de su sexualidad los convierte en las poblaciones más vulnerables en las relaciones de poder», asegura Pappolla.

Vida nocturna. El boliche, símbolo de un cambio de horarios, de hábitos y de consumos. (Jorge Aloy)

«Hay provincias que ni siquiera aplican la Ley de Educación Sexual y tampoco hay personal específico capacitado como en cualquier materia. La profesora de Matemática da Matemática, no son docentes específicos de esta temática y se les pide que hablen de sexualidad. Hay que ser claro, específico, porque si no se termina hablando de anatomía, y la educación sexual no es una clase de anatomía; enseñar a usar un preservativo o hablar del orgasmo no a cualquier docente le resulta sencillo, mucho menos cuando aparecen las preguntas de los adolescentes con las palabras que ellos utilizan. Si la sexualidad en los adolescentes no se relaciona con el placer, son contenidos vacíos, porque además a ellos la planificación familiar no les interesa, no es un tema», indica Vázquez.

 

Chicos al límite
Para Pappolla hubo un cambio abrupto en la crianza de los chicos: si hace 50 años había un modelo parental imponiendo su voluntad y su deseo, ahora muchas veces ocurre lo contrario. Por otra parte, hay como un corrimiento del adulto de su rol porque su vida es diferente, se está menos en la casa y el rol maternal tiene otras características. «Los adultos terminan dando premisas cerradas: “cuidate” y los chicos no saben qué es cuidarse; la casa tiene un rol fundamental porque son los que más conocen a ese chico», enfatiza.
Por su parte, Vázquez indica que también los horarios de los adolescentes cambiaron. «Antes eran horarios en los cuales los adultos también circulaban, ahora todo es muy de madrugada, los adultos están durmiendo. Antes los chicos tenían que volver a la 1 de la mañana, o los papás iban a buscar a las chicas a la salida de los boliches, esto no pasa más. Ahora las busca un remís o si están muy alcoholizadas se va una a dormir a la casa de una amiga y a la mañana siguiente vuelven», sostiene.
«Hay chicas que se visten como más grandes y los padres no dicen nada, en realidad creen que es normal vestirse como adultos. En mi colegio a una chica que iba con short y remera corta y otro compañero le tocó la cola, ella se quejó con la directora, pero para mí la chica provocó», relata Emiliano (16) reproduciendo el discurso patriarcal heredado socialmente. Más allá de esta observación, sus palabras ponen la mirada en una cuestión no menor y que de alguna manera roza el ejercicio de la sexualidad de los chicos y chicas: la erotización del cuerpo.
«Hay una erotización mediática de la sexualidad, la imagen sexual en cualquier momento y cualquier hora, esto se capitaliza en edades tempranas, sobre todo en las nenas con imágenes muy estigmatizadas: vestimentas, poses. El problema es que ellas no están eligiendo y terminan dando imágenes que tienen que ver con la vida adulta», considera Pappolla.
Para Rozembaum, la sexualización prematura se debe en parte a la actitud que tiene la sociedad en su conjunto para con los chicos pero también al consumo excesivo de alcohol, que disminuye la represión. «Los padres tienen que ayudar a los hijos a no saltear etapas. Uno escucha que cuando los chicos tienen 11 o 12 años ya empiezan a ir a fiestas, a bailar y les preguntan si ya tienen novio o quién les gusta, y todo esto es prematuro, porque hay chicos y chicas más infantiles y hay que permitirles ese tiempo y no preocuparse si quieren seguir jugando», señala.
Por su parte, Tufro advierte que las chicas son permanentemente estimuladas a una sexualización que no siempre es acorde con su la edad cronológica, llevándolas a correr riesgos, ya sea por acoso sexual o incluso abusos. «Culturalmente muchos varones siguen pensando que por estar vestida de determinada manera los habilita a algo. La precaución desde el mundo adulto pasa por evitar que esto suceda para no ampliar los riesgos», subraya.
«El alcohol desinhibe, es cierto, pero no son todos los chicos o chicas los que toman, siempre muestran lo peor de nosotros, “un trago por un pete” dicen, pero los medios no dicen nada cuando alguien se acuesta con su jefe o jefa para ascender. El sexo se usa como una herramienta para conseguir otras cosas, es un intercambio de poder donde la persona que entrega su cuerpo siempre está en una posición inferior; esto es algo que pasa en todas las edades», opina José (19).

Temores. El embarazo aparece como
un riesgo más real que el HIV.
(Martín Acosta)

«Hoy a los chicos los atormentan con cuestiones ligadas con la sexualidad todo el tiempo, ves un programa de televisión y es así, después ¿cómo le decís que no puede hacer esto o lo otro? Hay un doble mensaje. Por otra parte, el consumo de alcohol cambió muchos hábitos, es muy alto, y cuando esto ocurre se pierde la noción de lo que se hace. Muchas veces en el consultorio vemos chicas que vienen diciendo: “Tengo miedo porque no sé lo que hice anoche”, “dame la pastilla del día después porque no sé hasta dónde llegué”», indica Vázquez.
«Lo fundamental es inculcarle a los chicos el autocuidado y empezar a trabajar desde edades tempranas, que sepan que en situaciones de intimidad no hay nadie que pueda salir en ayuda. Las chicas y los chicos deben tener en claro qué situaciones los ponen incómodos, que nadie tiene derecho a avasallarlos, que no tienen que hacer nada que no quieran. Hoy estamos frente a una generación de padres que confunde esto de poner límites con coartar la libertad, no poner límites es exponer a chicos y chicas a situaciones de riesgo que se podrían evitar si esto se conversara y se pudiera dialogar», concluye Tufro.

María Carolina Stegman

 

 

Sin miedo al VIH

De acuerdo con el relevamiento de la cartera sanitaria nacional, casi el 100% de los encuestados manifestaron conocer al VIH/Sida, no obstante, en el caso de las mujeres, los métodos anticonceptivos más utilizados eran los hormonales –que incluyen las pastillas, los inyectables, los parches o los implantes– con un 51%, seguidos por los denominados métodos de barrera –preservativo, diafragma o espumas, jaleas u óvulos– con un 30%. En tanto, entre los varones, el 49% utiliza anticoncepción de barrera, y un 38% anticonceptivos hormonales. «En realidad cuando los chicos dicen que se cuidan en las relaciones sexuales tienen más en mente el embarazo como riesgo que la transmisión de enfermedades como el VIH. El fantasma del sida que era tan importante hace 20 años atrás fue desapareciendo, en parte porque ya no implica la muerte o problemas graves para la salud pero también porque no existen las campañas masivas de prevención del VIH», asegura Kornblit.