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Vueltas por el universo

El éxito de la misión Rosetta, el envío de una sonda a Plutón y los planes de China e India reviven un viejo sueño de la humanidad. De la ciencia ficción a una realidad cada vez más cercana.

 

Hacia el cielo. Vehículo de lanzamiento instalado en la base de la Organización de Investigación Espacial de la India en Sriharikota. (AFP/Dachary)

En 1969 el hombre se permitió soñar con el universo. Cuando llegó a la Luna (con eso del «un pequeño paso para un hombre, un gran paso para la humanidad») todo parecía posible: Marte, las estrellas y colonias en la Luna. Terminó la Guerra Fría y la «carrera espacial» se planchó. La mirada de la humanidad se volvió sobre el propio planeta. En estos días, otra vez, los seres humanos miran al cielo y sueñan. Es que arriba está pasando mucho. Mientras sigue la búsqueda de planetas habitables más allá del sistema solar, la comunidad científica internacional reconoció como el hecho más relevante de 2014 el éxito de la misión Rosetta, llevada adelante por la Agencia Espacial Europea (ESA), que logró aterrizar en un cometa. Este «acometizaje» no fue el único hecho destacado. Con Marte a distancia razonable, se multiplicaron las expediciones y los planes a corto plazo. Una sonda que viaja rumbo a Plutón «despertó» para anunciar a sus responsables de la NASA que está por llegar al –ahora– explaneta. China tiene sus propios planes: desde una legislación con jurisdicción más allá de la estratósfera hasta su propia estación espacial. Y entre otras sondas y misiones estatales, no faltan las iniciativas privadas. Desde las 300 empresas constructoras de satélites –que rara vez son noticia– hasta el llamativo caso de una financiación colectiva online para perforar la superficie lunar.
«We are on the comet», anunciaron, tras unos instantes de inquietud, los responsables de la misión Rosetta, que permitió a un objeto creado por el hombre posarse sobre el cometa 67P. La proeza –que la revista Science reconoció como el logro científico del año– se apagó a los pocos días porque por una serie de complicaciones la sonda Philae que recorrería el cometa quedó atrapada en un lugar donde casi no la alcanza la luz solar. Y los objetos enviados al espacio son un poco como los celulares: si se usan mucho tiempo sin cargar su batería, se apagan. Mientras tanto, dedicó sus 57 horas de actividad a mandar información. Suficiente como para poner en duda la teoría que afirmaba que toda el agua de la Tierra provenía de cometas. Ahora los especialistas dicen que, en todo caso, habría que ver los cinturones de asteroides que hay entre Marte y Júpiter.
«Pasamos Neptuno, dormís un ratito y te despertamos cuando estés por llegar a Plutón». No es un padre ayudando a su hijo a sobrellevar el tedio de la ruta de vacaciones. Fue el plan de acción de los científicos de la NASA responsables de la misión Nuevos Horizontes (New Horizons). Tras 9 años de viaje y muchos millones de kilómetros recorridos, la nave que viajaba a Plutón se desperezó de su última hibernación (como las netbooks), y está pronta a alcanzar la frontera del sistema solar. «Técnicamente, esto es rutinario», reconoció Glen Fountain, jefe del proyecto, «pero simbólicamente es enorme, significa que empiezan nuestras operaciones previas al encuentro con Plutón».
Marte es una de las vedettes del sistema solar. Allí habitan míticos marcianos que invaden la Tierra en las películas, por ejemplo, o se lo coloniza en otras ficciones. Está, además, «cerca». O lo suficientemente cerca como para poder aspirar a él. 2014 fue un año histórico en la exploración marciana. Los vehículos no-tripulados de la NASA que recorren su superficie hicieron descubrimientos notables, como la presencia de microorganismos o de grandes cantidades de metano (que en la Tierra es producto de las formas de vida). Además, el 21 de setiembre llegó a la atmósfera marciana otro chirimbolito estadounidense que espera descubrir cómo es que el planeta rojo pasó de su hipotético pasado rebosante de vida a ser un yermo colorado. Y unos días más tarde, se instaló allí una nueva vecina: la sonda MOM, enviada por la misión orbital de la India –que, además, resultó ser la más barata: 74 millones de dólares, según el presupuesto oficial–. La lanzó para «demostrar que podía» y ya planea otras expediciones. Como para no quedarse atrás, China también desliza planes para el planeta vecino: su propio vehículo explorador, por ejemplo, podría estar allí antes de terminar la década.
Los chinos, además, tienen un programa espacial ambicioso. El gigante asiático, primera economía mundial, tiene en mente una estación espacial de investigación científica, dos cohetes y dos naves, incluyendo una de carga. Además, así como Estados Unidos colabora con sus pares europeos e indios, China firmó acuerdos de cooperación espacial con Rusia.
Todos estos planes son de países. Lo que no suele llegar a las noticias es que hay privados apuntando hacia afuera. Por supuesto, la mayoría de los fabricantes de satélites de telecomunicaciones son privados, pero hay proyectos más ambiciosos todavía, como Lunar Mission One, que aspira  a poner en la superficie lunar un taladro gigante para perforar «al menos 20 metros» el satélite natural de la Tierra y ver, por fin, qué hay abajo. La empresa británica detrás del proyecto consiguió los recursos gracias a donaciones en el portal de financiamiento colectivo Kickstarter. ¿Por cuánto? Un millón de dólares. El espacio, parece, está cada vez más cerca (y más barato). La ilusión del 69, también.

Andrés Valenzuela