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El modelo se muerde la cola

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Mirta Quiles

Las importaciones en general, y las de bienes finales en particular, crecen a pasos agigantados y modifican la matriz productiva nacional. Exenciones impositivas y beneficiados.

Ratio. Argentina, en comparación con sus pares regionales, tiene bajos niveles de apertura. Es entre el 12% y 18%.

Foto: Shutterstock

El día de Reyes, el Gobierno prorrogó por seis meses los beneficios fiscales que vencían el 31 de diciembre para las importaciones de bienes finales. Hasta el 30 de junio, y a través de una resolución de Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), excluyó el cobro de Impuesto a las Ganancias y el IVA a cuatro ítems: al ingreso de alimentos que componen la canasta básica, a bienes de primera necesidad, a medicamentos e insumos para pymes. De acuerdo con los propósitos del Gobierno libertario, la medida busca extender las facilidades a importadores para que ingrese más mercadería proveniente del exterior y que la mayor competencia ayude a bajar los precios de diferentes productos.

Sin embargo, las consecuencias de la apertura al comercio internacional en general y en particular de estos cuatro ítems, son profundas, de raíz, y buscan cambiar la matriz productiva nacional. En solo un año, en 2025, de acuerdo con datos de la consultora Abeceb, el volumen de importaciones creció 27%, e impulsado por la rebaja de impuestos produjo un cambio en la composición de los ingresos, con un mayor protagonismo de los bienes finales. El año pasado cerró con volúmenes de importación récord, con 70.235 millones de dólares en importaciones de bienes entre enero y noviembre, el segundo más alto desde 2022.

Los bienes de consumo y los bienes de capital mostraron un alza notable, del 58,3% y del 55,6%, respectivamente. Los de consumo representan alrededor del 15% del total, el porcentaje más alto desde el año 2000 y solo 2% por debajo de la media de la década del 90. Un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA) releva que la mayor parte del incremento de bienes de consumo se explica por el ingreso de productos alimenticios. En términos generales, el CEPA identificó que 291 empresas de la industria alimenticia que no importaban en 2023, en 2025 lo hicieron. En paralelo, algunas compañías que ya compraban al exterior el año pasado diversificaron considerablemente su canasta de importaciones. Ferrero, Carrefour y Bonafide entre los principales. Los datos del Indec ratifican estos incrementos. Por ejemplo, el aumento interanual del 104% en panificados y productos de pastelería.


«Proceso virtuoso»
Sin embargo, el rasgo más relevante de esta etapa de importaciones, se pone en evidencia en el desagregado del crecimiento interanual en la composición de las importaciones. Mientras que las importaciones de bienes intermedios crecieron 6,2% interanual y las de piezas y accesorios para bienes de capital 17,4%, los vehículos fueron los que experimentaron la variación más profunda, del 109%. Así, señala el informe, «el rasgo distintivo de este año (2025) fue el cambio en la composición de las importaciones, con un mayor protagonismo de bienes finales». Y señala una clara diferencia: «Este patrón marca una diferencia respecto de etapas previas del ciclo, donde la recuperación importadora estaba más concentrada en insumos productivos», advierte Abeceb. En consecuencia, este patrón deformó «el ADN industrial». Los dos sectores más afectados por este cambio son el metalúrgico, con una tasa de sustitución del 28,4%, y el químico, del caucho y de los plásticos, con una tasa de sustitución del 29,2%.

Bienes de consumo. Su crecimiento de un año a otro, se explica por el ingreso de productos alimenticios.

Foto: Jorge Aloy

Informes sectoriales dan cuenta que esta situación ya replica en las empresas, que están sustituyendo los productos nacionales por importaciones. El reemplazo, se duplicó entre el primer semestre del año pasado (5,3%) contra el 10,1% en la segunda mitad de 2025. Si se le suma el régimen de courier o «puerta a puerta» –con plataformas como Shein y Temu– que creció 291,8% interanual, el impacto en la matriz productiva y en consecuencia en el mercado laboral es letal.

Si bien algunos especialistas insisten en que Argentina tiene bajos niveles de apertura comercial (12% al 18% del PIB), en particular si le los compara con países latinoamericanos como Chile, México o Colombia con ratios de importaciones sobre PIB que van entre 20% y 45%, otros economistas señalan lo contrario y hacen especial hincapié en la sofisticación del entramado industrial y autoabastecimiento de cada país para explicar su mayor o menor apertura. Argentina, con una estructura productiva industrial muy sofisticada, con un gran diferencial productivo, cuando se implementan estos grados de apertura comercial lo que provoca de forma inmediata, es un rápido desmantelamiento del aparato productivo. Terminada la etapa aperturista, a la matriz industrial le cuesta volver tan siquiera a los niveles inmediatamente anteriores.

Así, este «proceso virtuoso», no es tal si se lo piensa en su totalidad. Si bien la apertura comercial –en teoría– beneficia a los consumidores, quienes acceden a una mayor variedad de productos y en ocasiones a un mejor precio, también pone en riesgo y destruye una gran cantidad de puestos de trabajo, que a su vez erosionan el poder adquisitivo de esos mismos consumidores, en teoría «los beneficiados» por esta política de apertura comercial.

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