21 de enero de 2026
Tras la mitad de la gestión libertaria los sectores beneficiados por la política económica se consolidan, mientras que los perdedores no encuentran piso. Crecimiento con destrucción de empleo.

Producción automotriz. El sector −creador de puestos de trabajo de calidad− es uno de los rezagados del nuevo modelo.
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Como cada diciembre, consultoras y especialistas aprovechan el último mes del año para hacer un balance sobre el ciclo que termina. Lo llamativo de los informes de 2025 es que prevalece un mismo concepto, aun utilizando términos diferentes. «Reconfiguración», «cambio estructural», «reseteo» e incluso, «cambio de régimen», son algunos de ellos. Con claridad, la idea que se materializa es que 2024 y 2025 fueron dos años que marcan un antes y un después en la actividad económica nacional. El bienio «rompió» con las características propias de la matriz productiva hasta entonces conocida y «demarcó» el rumbo de los años venideros. A su vez, deja un listado corto de sectores muy dinámicos y atentos a esta nueva etapa de la economía y uno muy largo de rubros muy rezagados hasta el momento y que van a seguir retrocediendo. Una situación que puede resumirse en el principio científico, universalizado en un refrán popular y hasta en canciones populares, «Nada se pierde, todo se transforma».
Mientras el listado de los ganadores lo integran el sector energético −apoyado y apuntalado por Vaca Muerta−, que en noviembre mostró una variación positiva interanual del 6,3%; la minería, la próxima vedette ya que se vislumbra una nueva etapa de inversiones en cobre, litio, oro y plata post modificación de Ley de Glaciares (apoyada por los propios «gobernadores de la Cordillera»); el agro −uno de los recurrentes ganadores en cualquier modelo−, a través de la baja de retenciones y de impuestos y de acuerdos internacionales (como el recientemente firmado entre Mercosur y Unión Europea y la ampliación del cupo para exportar carne a Estados Unidos). Por último, y no por esto menos relevante, la economía del conocimiento, con características propias, ya que prospera de la mano de su gran capital humano, pero debido a la política monetaria comienza a convertirse en una economía cara. Esto pone en duda su margen para expandirse y traccionar en el largo plazo.
Mientras que, del otro lado, se ubican el resto de las actividades económicas. Hasta el momento, las excluidas o las grandes perdedoras. Desarrollar la «hecatombe» de estos sectores, llevará varias líneas.
En primer lugar, y así de amplio, el resto de las industrias (menos las enumeradas entre las ganadoras). El índice de Producción Industrial Manufacturero del Indec del mes de noviembre retrocedió 8,7% interanual; 15 de las 16 divisiones industriales registraron bajas respecto a 2024. Los retrocesos más importantes fueron en productos textiles (-36,7%), vehículos automotores (-23,0%), maquinaria y equipo (-17,9%) y calzado y prendas de vestir (-17,6%). La caída también alcanzó a alimentos, bebidas y muebles, entre otros sectores. En el mismo rumbo que el organismo de estadística, la UIA en su último informe sostiene que la recuperación de 2025 no cubrirá en absoluto la caída de 2024, mientras que habrá sectores −anticipa− que van a seguir rezagados el año próximo. Y pone como ejemplo a la producción automotriz. Otro trabajo elaborado por el Observatorio de Actividad Industrial de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), sostiene que la industria nacional acumuló cinco meses consecutivos de caída y cerrará el año casi 9% por debajo de los niveles de 2023.
La otra actividad golpeada de lleno desde el inicio de la gestión libertaria, en especial por la paralización de la obra pública, es la construcción. Según el Indicador Sintético de la Actividad de la Construcción del Indec, mostró una baja interanual de 4,7% en noviembre y del 4,1% respecto al mes anterior, donde insumos clave como ladrillos, yeso, cemento y placas de yeso registraron caídas significativas.

Minería. La preferida en una nueva etapa de inversiones, con la mira puesta en el cobre, litio, oro y plata.
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Nuevos trabajadores
Ahora bien, tras este bosquejo abreviado, se pone en evidencia que el crecimiento de la economía nacional estimado para el año que comienza vendrá −como en 2025− de la mano de los cuatro sectores beneficiados. Tendrá como característica principal su expansión heterogénea, consensuan los economistas que participan del Relevamiento de Expectativas del Mercado (REM) del Banco Central, que proyectó un crecimiento del PIB de entre 3,5% y 4% para 2026, luego de una expansión acumulada del 5,4% en 11 meses de 2025, según el Índice General de Actividad (IGA) de la consultora Orlando Ferreres.
Sin embargo, la pregunta que se impone es cómo impacta este «crecimiento heterogéneo» en la creación de empleo.
De acuerdo con el último informe de la consultora C-P, en el tercer trimestre de 2025, el mercado laboral muestra una baja del desempleo frente a 2024, pero un empeoramiento claro respecto a 2023 y, sobre todo, una caída en la calidad del empleo. A su vez, el sector privado registrado profundizó la destrucción de puestos de trabajo: solo en septiembre se perdieron 10.600 empleos formales y, desde agosto de 2023, ya se eliminaron 191.000 puestos, un retroceso del 3%. En el desagregado, de acuerdo con datos de la Secretaría de Trabajo, el agro, la energía, la minería y los servicios informáticos y del conocimiento (los cuatro sectores puntales de la actual economía) generan aproximadamente el 10% del empleo asalariado registrado en empresas privadas. Cabe aclarar que en los últimos dos años los sectores de minería y de petróleo destruyeron 3.300 puestos de trabajo, en particular por la reconversión en curso del sector petrolero, donde las empresas, en especial YPF, abandona yacimientos maduros de las áreas convencionales, como Comodoro Rivadavia, Santa Cruz, Tierra del Fuego, para enfocarse en el no convencional.
Pero vayamos al rubro de los perdedores. Los datos de la Secretaría de Trabajo sostienen que la industria y la construcción crean el 25% del empleo asalariado registrado, mientras que el comercio y los servicios explican el restante 65%. C-P releva que la industria perdió 36.000 empleos registrados y 125.000 no registrados. La misma UIA, en su informe de condiciones laborales de octubre señala que, el 21% de las empresas redujo su dotación de personal, mientras que cada vez más empresas implementan reducción de turnos laborales (23,5%) y suspensiones (7,7%) como respuesta a la caída de producción. A su vez, la construcción en dos años destruyó 85.000 empleos formales y 27.000 informales, también según C-P. Y si bien en comercio se evidencia una leve recuperación, cerca de 150.000 empleos, la mayoría es informal. El Gobierno sostiene convencido de que las reformas estructurales en ciernes, como la laboral, van a modificar la situación. Por su parte, los empresarios cómodos en la reconfiguración de la economía, se manifiestan en contra de realizar inversiones en los sectores rezagados, mano de obra intensivos, porque «no son competitivos para la economía».
Raro capitalismo en el que vivimos en esta segunda década del siglo. Donde desde 2020 la fortuna global de los multimillonarios se incrementó un 81% y en 2025 la riqueza conjunta del club de los súper ricos aumentó en US$2,5 billones, un monto comparable al patrimonio de la mitad más pobre del planeta. Donde el modelo parece haber dejado de lado uno de sus argumentos principales como era su capacidad de reducir la pobreza extrema a escala global. Ya en nuestras tierras, donde la pobreza desciende en el distrito más rico del país, pero crecen exponencialmente las personas en situación de calle, y donde la economía crece a una tasa del 4% y no crea empleo formal.
