Opinión

Carlos Heller

Dirigente cooperativista

Más concesiones a compañías de EE.UU.

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Firma en Washington. Jamieson Greer, representante comercial de EE.UU., y el canciller Quirno.

Foto: @USTradeRep

El Gobierno nacional dio otro paso hacia la consolidación de un modelo económico favorable a los sectores primarios (agro, minería, energía) en detrimento de la industria local, al suscribir este jueves con Estados Unidos un Acuerdo de Comercio e Inversiones Recíprocos que va más allá del impulso al intercambio bilateral y constituye una clara cesión de soberanía.

El acuerdo avanza, además, sobre el rol que debe cumplir el Estado, las garantías a los inversores estadounidenses y el acceso a la información, en menoscabo de otros socios comerciales como los países del Mercosur y destinos relevantes de nuestras exportaciones, como es el caso de China.

Las pautas establecidas en el convenio prefiguran asimismo un escenario de preponderancia de sectores extractivos, con menor valor agregado y, por lo tanto, menos demandantes de empleo.

En el caso del agro, más allá de algunos negocios inmediatos, los supuestos beneficios quedarán supeditados a los vaivenes de los precios internacionales y a las vicisitudes de los cambios climáticos, situaciones que no pueden controlarse y que en el pasado reciente (sequía de por medio) llevaron a una caída del volumen de productos exportados.

Con este acuerdo, además, los futuros Gobiernos, cualquiera sea su signo político, quedarán fuertemente condicionados a los lineamientos en materia comercial que establezca Estados Unidos.


Detalles
La Argentina se compromete a otorgar un «trato no menos favorable» a los productos estadounidenses que el que le otorga a los productos nacionales y a «eliminar las barreras comerciales que impidan una reciprocidad» entre ambos países, incluyendo la supresión de medidas sanitarias y fitosanitarias actuales.

La Cancillería informó que «Estados Unidos eliminará los aranceles recíprocos para 1.675 productos argentinos en una amplia gama de sectores productivos, lo que permitirá recuperar exportaciones por 1.013 millones de dólares».

El acuerdo contempla también la ampliación del ingreso preferencial de carne bovina argentina, lo que generará en 2026 un ingreso adicional de cerca de 800 millones de dólares.

Por cierto, la mayor exportación a Estados Unidos en beneficio de ganaderos y frigoríficos tendría un impacto en el mercado interno, ya que puede reducir la oferta doméstica de carne y provocar una correlativa suba de precios.

Según el acuerdo, la Argentina se abstendrá «de imponer nuevas barreras comerciales que provean un trato menos favorable a los proveedores de servicios estadounidenses, que el que reciben los proveedores locales o los de cualquier otro país».

Luego, se deja en claro que se facilitarán las inversiones provenientes de Estados Unidos para exploración minera, extractiva, refinación, transporte y distribución de minerales críticos y recursos energéticos, telecomunicaciones, transporte e infraestructura de servicios, «en términos no menos favorables que los que les otorga a sus propios inversores».

Puertas cerradas. La producción textil se redujo un 31,5% desde la asunción del Gobierno libertario.

Foto: Getty Images


Importaciones
El acuerdo con Estados Unidos ratifica la apuesta libertaria a un modelo de efectos desindustrializadores, a contramano de las políticas proteccionistas que aplican las principales potencias, como EE.UU. o la Unión Europea, en defensa de sus mercados internos.

Ese rumbo fue defendido en los últimos días por el ministro Luis Caputo, quien sostuvo que nunca compró ropa en Argentina porque «era un robo».

La realidad es que la industria textil está pasando por uno de los peores momentos de su historia, con una producción que se redujo un 31,5% desde la asunción del Gobierno libertario y una pérdida de 18.000 puestos de trabajo, presionada por el ingreso creciente de mercadería extranjera.

El ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, por su parte, se apoyó en la teoría liberal clásica para afirmar que las economías de los distintos países deben especializarse en aquellos sectores en los que «son más productivas que otras en todos los productos».

Para el funcionario, el camino a seguir es el de la «integración internacional», a partir de la eliminación de las ineficiencias productivas, la disminución de costos y la reducción del Estado.

Más aún, Sturzenegger negó la incidencia del ingreso de bienes importados sobre el empleo y remarcó que lo que se ahorra con los menores precios (de los productos externos) se consume en otros productos.

Ahora bien, ante la importación de frutas, bebidas, ropa y maquinaria agrícola usadas, entre muchos otros productos, cabe preguntar: ¿Cuáles son las actividades donde podría aumentar el consumo de bienes producidos en el país y por lo tanto sostener la mano de obra local?

Otro interrogante abierto para los promotores de las políticas de liberalización importadora y «libre comercio»: ¿Qué parte de la sociedad va a consumir los supuestamente más baratos productos importados, en un contexto de mayor desempleo y caída de ingresos del grueso de la población?

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