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Endeudamiento y mora

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Cristian Carrillo

El incremento de los préstamos a las familias y su correlato de incumplimientos es reflejo de la caída de los ingresos. De herramienta para incrementar el consumo a recurso de subsistencia.

Tarjetas. La morosidad con los plásticos llega al 6,7%, los niveles más altos desde 2010, año de comienzo de la medición.

Foto: Shutterstock

El aumento del financiamiento al consumo, la expansión de las billeteras virtuales y la caída de los ingresos explican un escenario en el que más de la mitad de la población adulta tiene deudas y el incumplimiento alcanza niveles que no se veían desde antes de la pandemia de Covid-19.

El nivel promedio de los empréstitos por persona alcanzó en 2025 su punto más alto desde 2020. El fenómeno no se explica por un proceso de expansión del consumo para inversión ni por una mejora en el acceso al crédito de largo plazo, sino por la necesidad de cubrir gastos corrientes en un contexto de ingresos que no acompañaron el aumento del costo de vida. De acuerdo con los últimos informes del Banco Central, se registra un crecimiento sostenido tanto en la cantidad de deudores como en el uso intensivo de instrumentos de financiamiento de corto plazo. «La expansión del crédito a personas humanas continuó marcada por la incorporación sostenida de nuevos deudores y un uso creciente del financiamiento. A junio de 2025, 19,5 millones de personas registraban crédito en el sistema financiero ampliado, lo que representó un aumento neto de un millón de deudores respecto de diciembre de 2024. Además, el saldo promedio por deudor creció un 19% en términos reales, alcanzando su nivel más alto de los últimos cinco años», señala el informe del BCRA sobre inclusión financiera. De acuerdo con el balance oficial, el 52,6% de la población mantiene deudas con entidades financieras o con proveedores no financieros de crédito, como billeteras virtuales y plataformas digitales.

Durante el primer semestre del año se consolidaron dos tendencias simultáneas: la incorporación de nuevos deudores y el aumento del financiamiento entre quienes ya tenían crédito. Ambas dinámicas se verificaron tanto en bancos como en proveedores no bancarios. En 2025, la cantidad de personas con financiamiento «creció un 5% para entidades financieras y un 11% para proveedores no financieros, mientras que los saldos promedio por deudor aumentaron 37% y 28%, respectivamente», destacó la autoridad monetaria que conduce Santiago Bausili.

El ingreso de nuevos deudores se produjo en un contexto en el que la capacidad de los hogares para afrontar gastos básicos se vio restringida. El pico, registrado a mediados de 2025, fue de 2,2 millones de personas que ingresaron al mercado de crédito. Más de la mitad, el 51%, accedió únicamente a financiamiento de proveedores no financieros; el 41% lo hizo solo a través de entidades financieras, y el 8% combinó ambos canales. «El análisis de períodos anteriores muestra que el ingreso de nuevos individuos al crédito formal se canalizó más a través de los proveedores no financieros −como las billeteras virtuales− que del sistema financiero tradicional», detalló el informe del BCRA.

Servicios. El endeudamiento se profundiza por la necesidad de cubrir gastos corrientes ante la caída de los ingresos.

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Formal e informal
Los proveedores no financieros se consolidaron como una puerta de entrada al crédito para sectores con menor formalidad laboral. Se trata de créditos de menor monto, con requisitos más flexibles y tasas más elevadas, otorgados mayormente de forma virtual. Esta modalidad reduce barreras de acceso, como la ubicación geográfica o la necesidad de historial bancario, pero expone a los deudores a condiciones financieras menos favorables. Según el BCRA, entre quienes en diciembre de 2024 se financiaban exclusivamente con proveedores de crédito, «el 71% mantuvo esa condición seis meses después, el 15% sumó financiamiento de entidades financieras –ampliando así su acceso al crédito– y el 12% dejó de registrar saldo de crédito».

El crecimiento del endeudamiento no se explica solo por la entrada de nuevos deudores. Entre quienes ya tenían crédito en diciembre de 2024, el 51% incrementó su saldo en términos reales, concentrando el 66% del saldo total. En el caso de los proveedores no financieros, el 49% de los deudores también aumentó su nivel de financiamiento, y alrededor del 20% de los deudores de cada segmento más que duplicó su deuda real.

El impacto de los nuevos deudores sobre el saldo total resulta limitado, dado que ingresan con montos bajos. «Para los proveedores no financieros, el 24% de los nuevos deudores –según últimos datos disponibles– del primer semestre del año registró un saldo menor a 50.000 pesos, mientras que en bancos ese estrato concentró el 11% de las altas. En los tramos superiores también hay brechas entre proveedores: para proveedores no financieros, solo el 4% de los nuevos deudores superó los 2 millones de pesos, frente al 14% para las entidades financieras», según la Encuesta de Condiciones Crediticias del segundo trimestre de 2025. Este esquema de endeudamiento creciente comenzó a reflejarse en el nivel de incumplimiento. En septiembre, el ratio de irregularidad del crédito al sector privado alcanzó el 4,2%, el valor más alto desde la salida del macrismo y superior incluso a los registros del período más crítico de la pandemia.

El deterioro se concentra en los hogares. La mora de los préstamos a las familias alcanzó el 7,3% de la cartera, frente al 1,7% en el financiamiento a empresas. Dentro del segmento familiar, el incumplimiento se focalizó en créditos personales, con una mora del 9,1%, y en tarjetas de crédito, con el 6,7%, los niveles más altos desde que existe información oficial, a partir de 2010. En paralelo, el crédito total al sector privado mostró un crecimiento moderado, con un aumento real del 1,3% en septiembre al considerar pesos y moneda extranjera. El financiamiento a las familias representó el 19,8% del activo del sistema financiero, mientras que el crédito a empresas alcanzó el 23,9%.

Estos porcentajes de toma de crédito y mora por parte de las familias reabre una discusión estructural sobre el endeudamiento de los hogares y el rol del Estado frente a un mercado de crédito que creció al calor de la caída del ingreso disponible. Los datos oficiales muestran que el endeudamiento dejó de ser una herramienta para incrementar el consumo y se convirtió en un recurso de subsistencia, con un nivel de mora que empieza a marcar los límites de dicho proceso.

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