Opinión

Martín Becerra (@aracalacana)

Doctor en Ciencias de la Información

El juego del desgaste estratégico

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Una relación particular. Clarín, el grupo, y Milei tensionan, pero no tanto como para llegar a una ruptura.

Foto: Shutterstock

Mientras les planta cara y afecta intereses de grupos poderosos como Techint o Aluar, el presidente Javier Milei adopta una estrategia más calculadora y de desgaste estratégico con Clarín. El conglomerado liderado por Héctor Magnetto responde al Gobierno con el mismo juego, no apto para impacientes.

El pasado 2 de marzo cumplió un año el «tuit fijado» de Milei donde denuncia al Grupo Clarín como «la gran estafa argentina». La semana anterior, el 24 de febrero, se cumplió un año desde la compra de Telefónica de Argentina por parte de Telecom (conglomerado controlado por los accionistas de Clarín). Para Milei, esa operación, por la que Telecom pagó 1.245 millones de dólares, fue una afrenta. Su pretensión era que la filial de Telefónica quedara en manos de alguno de los capitalistas que patrocinan su Gobierno.

Además del tuit, que incorporó al léxico oficial términos ajenos al dogma libertario como «posición dominante», Milei instruyó a la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia (CNDC), al Ente Nacional de Comunicaciones (ENaCom) y a la Secretaría de Industria y Comercio a que cuestionen la nueva concentración privada del mercado de las comunicaciones en niveles inéditos.

El año transcurrido desde entonces estuvo plagado de piruetas retóricas de Milei contra Clarín y de agravios a algunos de sus columnistas. Empero, a diferencia de la munición gruesa que el Gobierno disparó contra Techint de Paolo Rocca (apodado por el presidente como «Don Chatarrín de los Tubitos Caros» por su oferta –rechazada– para el suministro de tubos para transportar gas licuado, finalmente adjudicado a la india Welspun) o contra Aluar de Javier Madanes Quintanilla (llamado «Don Gomita Alumínica» y castigado con el levantamiento del arancel del 28% para hojas de aluminio chino), en el caso de Clarín hay una separación entre las amenazas verbales y los hechos. La Casa Rosada distingue a Clarín de otros titanes del poder económico.


Por ahora, solo un tuit
El ritmo de los expedientes de la compra de Telefónica por Telecom contrasta con la arremetida contra Techint o Aluar. A los tiempos formales de tramitación hay que añadir sugestivos cambios de autoridades sectoriales y paréntesis burocráticos que el Gobierno estira como si el tiempo jugara a su favor o como si no se atreviera a traducir el tuit fijado de Milei en rechazo a la transacción consumada hace un año.

Conscientes de que no pueden quemar las naves como contra el kirchnerismo, los numerosos medios de Clarín ensayan una respuesta ambivalente a las agresiones del Gobierno a través de espacios y animadores fervorosamente oficialistas mezclados con otros segmentos informativos y de opinión de tenor crítico. Para un presidente intemperante con los matices, Clarín es un multimedios opositor, incluso cuando sus directivos consienten la manipulación gubernamental de las dóciles entrevistas que el propio Milei –obsesivo con sus apariciones televisivas, panelista al fin– le concede.

En junio de 2025, la CNDC (hoy, Autoridad Nacional de la Competencia) presentó un «informe de objeción» sobre la unión de las dos telefónicas herederas de la exestatal ENTel por los altos niveles de concentración en los mercados de comunicaciones móviles (casi el 60% de las líneas) que elimina uno de los tres operadores. La objeción comprende también la conectividad fija y móvil a Internet y telefonía fija. La concentración resultante es mayor en CABA y la región metropolitana y en las provincias de Buenos Aires, Mendoza, Neuquén y Río Negro, según la CNDC. Además, la acumulación de espectro de las dos empresas excede los límites establecidos por el intervenido ENaCom. La venta de algunos activos podría mitigar algunos de los efectos de la megaoperación.

El informe fue aprobado por la Secretaría de Industria y Comercio. Telecom respondió el dictamen, luego hubo dos audiencias entre el Gobierno y la empresa, la última en octubre, y desde entonces se abrió un dilatado cuarto intermedio. Por su parte, Claro (América Móvil) y Telecentro también cuestionaron la concentración que –afirman– afectaría a la competencia; o sea, a ellas.

Magnetto. El CEO corporativo, acostumbrado a estos enfrentamientos, juega un ajedrez de final imprevisible con el Gobierno.

Foto: NA


Bumerán
Suele pensarse que en las concentraciones económicas el tiempo juega a favor de los concentrados –mientras no haya una denegación tajante–, porque les permite ir consolidando su posición, consumar hechos que impiden desandar la situación al momento inicial de la operación. Los Gobiernos pasan, el poder fáctico queda. Más en un país como la Argentina, cuya institucionalidad es viscosa.

Sin embargo, para comprar Telefónica, Telecom tomó una deuda millonaria cuya gestión precisa de la conformidad definitiva del Estado. En su información para inversores, Telecom dice que «no determina la política comercial ni de precios» de Telefónica (a pesar de la evidencia de operaciones conjuntas en distintas provincias). Los cálculos del gigante de las telecomunicaciones sobre el plazo para obtener el visto bueno oficial y así administrar la financiación contraída son superados por la indefinición del Gobierno. El plan de Milei es el del desgaste estratégico, que resta capacidad de acción económica al Grupo y mitiga las críticas de sus tanques periodísticos a la espera de obtener el consentimiento oficial.

Para Telecom, ninguno de los remedios planteados para sortear las objeciones del Gobierno a la concentración «tendría un efecto adverso significativo en los negocios» ni afectaría el pago de sus obligaciones financieras. Voceros del Grupo aluden al «estancamiento» del trámite de aprobación que causaría «riesgo e inestabilidad» al sector, afectando inversiones necesarias para mantener o ampliar las redes y estorbando la «optimización de costos», la reducción de áreas duplicadas y la gestión conjunta de las deudas de lo que, hasta 2025, eran dos grandes operadoras y ahora es solo una con 20.000 empleados. Pero el desgaste estratégico puede ser también un búmeran que golpee a Milei: la legitimidad del Gobierno por parte de la sociedad y los apoyos –hasta ahora, decisivos– de Donald Trump y las élites locales no son estables. Clarín no es un agente aséptico sino un factor clave de la escena económica, política y judicial.

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