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El viaje de Kicillof

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Lucía Aisicoff

Entre el cerco de la interna partidaria y la asfixia económica que impone Milei, el gobernador empezará a caminar el país de cara a 2027. Sus movimientos reactivan la disputa por el liderazgo opositor. 

4 de Marzo. El gobernador inauguró un polo educativo en Berazategui y atravéso el primer inicio de clases con paro de su gestión.

Foto: NA

Axel Kicillof se muestra decidido a dar el salto a la arena nacional, aunque su convicción responde más a un instinto de supervivencia que a una ambición expansiva. Sin posibilidad de reelección en la provincia de Buenos Aires, el gobernador sabe que su capital político tendrá fecha de vencimiento si no logra traspasar las fronteras de la General Paz. Por eso, comenzó a dar signos de apertura. Uno de ellos fue el lunes, cuando aceptó compartir mesa con el expresidente Mauricio Macri en Expoagro, el evento que reúne a los principales referentes del campo. Otro gesto lo hizo días antes, en la inauguración de las sesiones legislativas, donde anunció el lanzamiento de su «patria itinerante», un recorrido nacional que se parece más a una maniobra de escape que a un lanzamiento de campaña. La parálisis tiene una respuesta: el gobernador está atrapado en una doble tenaza, la asfixia financiera de Javier Milei y el cerco político que le montó el kirchnerismo en su propio distrito.

Con las transferencias discrecionales cortadas y un presupuesto podado por la Rosada, en La Plata buscan demostrar que pueden gestionar en la escasez e instalarse, en todo el país, como la contracara de Milei. En un plan con fecha de incierta de inicio pero ya definido por el núcleo del movimiento Derecho al Futuro, Kicillof visitará Santa Fe y Formosa para firmar convenios de seguridad y salud. Su intención es construir federalismo sin billetera, apoyándose sobre todo en los pocos gobernadores que se resisten a negociar con la Casa Rosada, como Ricardo Quintela (La Rioja), Gustavo Melella (Tierra del Fuego), Sergio Ziliotto (La Pampa) y Gildo Insfrán (Formosa): el club de los cinco que casi no tienen diálogo con Nación y que –con excepción del pampeano– suelen ser ninguneados en las invitaciones que hace el presidente a los representantes de las provincias.

Durante la apertura de sesiones en la Legislatura, Kicillof volvió a sugerir que será candidato en la elección presidencial de 2027. «No hay soluciones provinciales para una crisis nacional, ni tampoco una solución provincial para evitar el destino al que nos conduce este rumbo económico», afirmó y llamó a construir una «alternativa» al modelo nacional, anclada en las políticas que implementa en la provincia. «No estamos condenados a esta pesadilla. Hay otro camino», insistió.

El gobernador se apoya en un puñado de intendentes leales como Jorge Ferraresi (Avellaneda), Mario Secco (Ensenada), Julio Alak (La Plata) y Fernando Espinoza (La Matanza), mientras que su ministro Andrés «Cuervo» Larroque teje puentes con las organizaciones sociales y algunos sindicalistas como Sergio Palazzo y Pablo Moyano. En su recorrido por las provincias, Kicillof no viajará solo, llevará a sus ministros para firmar distintos convenios que le sirven como excusa para visitar a gobernadores, legisladores y posibles aliados en su aventura nacional.

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Foto: redes sociales

Tensiones
Mientras se planifican estas visitas, el frente interno se caldea de nuevo. La tregua que se había pactado para su llegada a la presidencia del PJ Bonaerense voló por los aires hace unos días. El escenario de conflicto fue la elección de autoridades en la Legislatura. El gobernador fue derrotado en su intento de imponer a Ayelén Durán en la vicepresidencia primera del Senado, un lugar clave porque está en la línea de sucesión. Máximo Kirchner y Sergio Massa, que retienen el control real de los votos en las Cámaras, le impusieron a Mario Ishii. Para el axelismo, el intendente de José C. Paz (en uso de licencia) no es un aliado, sino un comisario político plantado por La Cámpora para vigilar sus movimientos. El mensaje del Instituto Patria es elocuente: si Axel quiere caminar el país, deberá hacerlo con el aval del kirchnerismo. Kicillof quedó cercado por una estructura que lo vigila y le deja un margen de maniobra cada vez más estrecho.

«La tregua nunca fue real. El supuesto “pacto” que se consolidó cuando Máximo Kirchner le cedió a Axel la jefatura del PJ Bonaerense no fue un acto de generosidad para bajar la tensión, lo hizo porque no le quedaba otra. La Cámpora no tenía un candidato fuerte para enfrentar en una interna a Verónica Magario, y no quisieron exponerse a perder. Le dieron la presidencia del PJ a Axel por una cuestión de supervivencia. Cuando ellos tienen mayoría, la usan, como volvió a quedar claro en la Legislatura. El gobernador quería a Ayelén Durán, pero ellos se impusieron», dijo a Acción un colaborador de Kicillof, y opinó que uno de los mayores «desafíos» políticos de los próximos meses será instalar un candidato propio en la provincia: «Axel todavía no termina de definir cómo afrontar la estrategia nacional, pero no puede construir el plano nacional sin tener resuelto el local; para caminar el país debe empezar a instalar a un sucesor en la provincia, que lo acompañe en los actos y que empiece a demostrar una intención de competir».

El escenario interno se tensó, además, porque en la primera semana de marzo el gobernador sufrió un golpe a su activo más preciado: la paz social. Por primera vez desde que asumió en 2019, las clases no comenzaron con normalidad. El paro docente, que tuvo una adhesión dispar pero significativa en el Conurbano, expuso el desgaste de una gestión con pocos recursos. Pese a la conciliación obligatoria, el conflicto persiste y tiene un impacto político: para un gobernador que hizo de la escuela pública su bandera de gestión desde 2019, la foto del 2 de marzo con las aulas vacías impactó de lleno en su narrativa. Además, su alianza con el titular de Suteba, Roberto Baradel, entró en una fase incierta, pese a que el sindicalista se cuidó de no criticarlo públicamente y concurrió a apoyarlo a la apertura de sesiones ordinarias.

El fin de la tregua demostró, una vez más, que la interna en loop entre Kicillof y Cristina Kirchner está lejos de acomodarse. La expresidenta realiza movimientos sinuosos. Bajo el paraguas de la «amplitud», recibe a figuras como Miguel Ángel Pichetto y se acerca a Guillermo Moreno, dos dirigentes que critican sin piedad al gobernador bonaerense.

Kicillof se encuentra hoy en una auténtica encerrona. Si sus viajes por las provincias logran instalarlo como el referente de la oposición, la guerra con Máximo Kirchner escalará. Si, por el contrario, la crisis docente y el ahogo financiero de Milei terminan por paralizar su gestión, se dirá que no tiene chances electorales en 2027. Para el gobernador, el viaje recién empieza, pero aún no logró ordenar quiénes lo acompañarán en el recorrido.

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