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Perdidos en el espacio teatral

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Ezequiel Obregón

Ya comeremos faisán
Autora: Gabriela Romeo
Director: Daniel Marcove
Intérpretes: G. Romeo, H. Cosiansi, T. Salinas y C. Truyol
Sala: Espacio Experimental Leónidas Barletta

Desesperados. Romeo, Cosiansi, Truyol y Salinas integran un grupo de actores en problemas.

A partir de la imagen de cuatro actores que tienen el urgente deseo de actuar, Ya comeremos faisán indaga en la vida del artista errante, aquel que por diversos motivos no logra conciliar su vocación con lo que el exterior le provee, pero, lejos de claudicar, lucha para llevar adelante una carrera en la que las dificultades no dejan de multiplicarse.

La obra presenta a Arturo, Carolyn, Débora y Lindo, que integran una austera compañía de teatro. El público tiene contacto con los personajes por primera vez cuando, desde el fondo de la larga caja del escenario, se levantan y se aproximan a la platea, como si acabaran de despertarse de un tiempo pasado difícil de definir. Esta imagen inicial es potente en su configuración metafórica; un tanto replegados sobre sí mismos, simulan ser bultos, acaso restos, y comienzan a reclamar esa presencia vital que para cada intérprete representa la posibilidad de subirse a un escenario.

Desde entonces, la pieza escrita por Gabriela Romeo aborda con comicidad las carencias del grupo que interpretan la propia Romeo, Hugo Cosiansi, Toto Salinas y Camila Truyol, bajo la dirección del experimentado Daniel Marcove.

Convocados por un empresario al que jamás le vieron la cara, el cuadro no podría ser más desesperante: no solo el productor no aparece nunca, sino que no se les permite alojarse en el hotel pactado (apenas podrán quedarse en el sótano) y la gira, al igual que la moral grupal, queda finalmente por el nivel del suelo. Como si con todo eso no bastara, una tormenta de nieve y la ausencia de recursos hacen aún más tensa la espera.

Con ese cuadro de situación, Ya comeremos faisán ahonda en las dinámicas grupales (Arturo, el mayor, es el delegado y, más temprano que tarde, se revelan varias de sus faltas), los reproches que los artistas se hacen a sí mismos y la posibilidad de que el arte no sea, finalmente, el lugar donde trascender.

«Los actores un día comemos faisán y otro día comemos las plumas», afirma Arturo, tal vez el más consciente de que la empresa no podrá salir bien, pero obligado por las circunstancias a disfrazar la desesperación de esperanza. La música de Sergio Vainikoff y la composición de luces de Miguel Morales cumplen a la hora de diseñar el acompañamiento entre farsesco, desencantado y a la vez emotivo, de estas cuatro criaturas. Porque lejos de ubicarlos en el lugar de caricaturas, el texto de Romeo abraza con ternura a estos actores, que también tendrán sus propias escenas monologales para lucirse por separado.

Obra agridulce, Ya comeremos faisán dialoga con otros valiosos espectáculos de la actual cartelera del Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini, como por ejemplo La vis cómica, de Mauricio Kartun, con la que comparte no solo la matriz cómica sino también la mirada sobre el lugar del artista, al que ciertos sectores se empeñan en señalar como «improductivo».

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