11 de abril de 2026
Artemis 2 rodeó a la Luna y llevó a la humanidad más lejos que nunca. Un récord demasiado costoso que se enmarca en nuevas batallas geopolíticas y apunta a recuperar el devaluado orgullo de Estados Unidos.

Eclipse. La Luna iluminada a contraluz por el Sol, fotografiada por una de las cámaras de la nave espacial Orión.
Foto: NASA
Mucho ha cambiado el mundo desde 1969 cuando Neil Armstrong y Buzz Aldrin dejaron la primera huella humana y la primera bandera estadounidense sobre nuestro único satélite natural. Poco antes, en 1961, Estados Unidos veía cómo la Unión Soviética llevaba al primer humano, Yuri Gagarin, al espacio. Transportar un par de norteamericanos sobre la Luna era una muestra de superioridad tecnológica pero, sobre todo, ideológica.
A primera vista la competencia por volver a la Luna puede verse como parte de una nueva Guerra Fría, esta vez con China. De hecho, los orientales vienen generando nuevos «momentos lunares» poco publicitados en Occidente: en 2018 su sonda Chang’e 4 fotografió la cara oculta del satélite natural y en 2020 el Chang’e 5 alunizó, tomó muestras y las trajo nuevamente a la Tierra, algo que nunca se había logrado. Todo esto lo realizó sin el «costo» de transportar vidas humanas.
Para Estados Unidos, un regreso a la Luna permite recuperar un poco del devaluado orgullo tecnológico e ideológico del hegemón en decadencia, aunque el costo puede resultar muy alto y la épica esquiva en un clima social convulsionado.
4.000 millones
La historia es conocida: la misión Artemis 2 partió el 1° de abril para llevar a cuatro astronautas a rodear la Luna. Luego de las siempre atractivas imágenes desde el espacio comenzaron las preguntas. La primera es, seguramente, sobre el costo: 4.000 millones de dólares para esta misión, una parte menor de los 93.000 millones presupuestados para llegar nuevamente a la Luna en 2028.
Después del Apolo 11 en 1969, diez personas más dejaron su huella en la Luna: todos antes de 1973, varones y estadounidenses. Ningún soviético logró cumplir el desafío y el costoso programa fue discontinuado. Con la victoria política en el bolsillo para los estadounidenses no quedaron razones para repetir la hazaña con altos costos y riesgo para los astronautas.
¿Qué cambió desde entonces que justifique el desafío? Desde lo simbólico el Artemis 2 tiene para ofrecer un nuevo récord de distancia de un humano respecto de la Tierra. Sus astronautas superarán por 10.000 kilómetros a la Apolo 13 de 1970. Es algo, pero mucho menos fotografiable que una bandera sobre la superficie lunar.
El objetivo de poner humanos en el satélite en 2028, 59 años después de la primera vez (en caso de cumplirse los tiempos) es una especie de «retrofuturo» borroso. La novedad es que estas misiones servirían para investigar mejor el terreno a fin de establecer una base lunar permanente en los próximos cinco años. Desde allí se partiría hacia Marte.
Los desafíos técnicos para establecer una base en la Luna no son nada menores. El antecedente de la Estación Espacial Internacional podría aprovecharse, pero el viaje es bastante más largo, de unos cinco días y requiere un cuidadoso alunizaje con módulos muy pequeños, algo que encarece enormemente cada kilo de alimento, herramientas o cualquier otra cosa que deberá alunizarse. Por eso resulta vital ver qué puede ser útil para sobrevivir. ¿Hielo para hacer agua? Suponiendo que exista, hacerse de él y que sea saludable no será fácil. Tampoco ayuda la intensa radiación espacial y el polvo que, a diferencia del que está en nuestro planeta, es filoso y arruina los equipos a gran velocidad. Eso por mencionar solo algunos desafíos.
Pero las dificultades para establecer una base en la Luna son pocas si se las compara con la promesa de llegar a Marte o, más ambicioso aún (por no decir delirante), de terraformar el planeta rojo como Elon Musk asegura que es posible y necesario para preservar la vida humana. Desde este punto de vista, más que una epopeya superadora, el proyecto parece el reconocimiento de una derrota y una huida para pocos.
También existen versiones sobre que hay tierras raras, necesarias para la industria electrónica (y casi monopolizadas por China), aunque la minería en la Luna tampoco parece algo demasiado viable. Eso por no mencionar los problemas legales internacionales que provocaría la decisión unilateral de explotarla.
Dicho todo esto se puede volver a la pregunta original: ¿para qué tanta inversión entre tanta incertidumbre, hipótesis y potenciales? La respuesta que parece quedar en pie es, nuevamente, la necesidad de generar en la sociedad estadounidense un gran «momento lunar» similar al que encandiló en 1969 a millones de personas frente a televisores de todo el mundo. El paso de la innovación tecnológica reciente ha sobreestimulado tanto la capacidad de sorpresa que no resultará fácil lograr algo comparable. Y, con el descontento social existente, pocos confiarán en un hipotético futuro para todos en Marte cuando la Tierra ya sea inviable.
Esta posibilidad se condice con un Estados Unidos desatado en busca de mostrar su poder bombardeando o amenazando bombardear a quien quiera. Parecen todas señales para que China y Rusia comprendan que a Estados Unidos se lo toma en serio y no va a ceder militarmente lo que perdió económica, tecnológica e industrialmente. Llegar a la Luna retrotrae a un imaginario histórico de tiempos mejores.
Modelo tecnofinanciero
También se podría agregar que la apuesta tecnológica de volver a la Luna y todas las promesas posteriores responden a la perfección al patrón tecnofinanciero de los grandes anuncios de los últimos años: prometer que los NFT (tokens no fungibles) revolucionarán la vida de los artistas, el Metaverso remplazará a la web, los autos se manejarán solos, las criptomonedas nos liberarán de las estafas o, para el caso, que internet garantizará una democracia perfecta. Lo importante no es cuánto de lo prometido se logra sino que mientras la promesa dura, el dinero llega y la esperanza sobrevive al menos un tiempo. Como consecuencia de ese mismo proceso luego crece el escepticismo, por lo que es necesario aumentar la dosis de desmesura.
Como nota al pie se suma que próximamente SpaceX, una de las empresas de Musk, está por salir a la Bolsa. El objetivo es recaudar entre 50.000 y 75.000 millones de dólares y la aventura espacial de Artemis 2 llega en un momento inmejorable para generar expectativa. Si bien la nave utilizada ahora fue fabricada por Lockheed Martin y Airbus, dentro del programa Artemis está previsto utilizar naves de SpaceX de Musk y Blue Origin de Jeff Bezos. que también tienen planes de turismo espacial. Si salvar a la humanidad no es posible, al menos estos ultrarricos conseguirán unos contratos.
Más allá del genuino entusiasmo científico que habilita la posibilidad de una estación lunar o del impacto de las imágenes espaciales, resulta difícil justificar el gasto de llevar más astronautas a la Luna habiendo tantas urgencias en el planeta, desde el hambre hasta la necesidad de producir un cambio drástico en el uso de energía no renovable que detenga el calentamiento global. Por desgracia, esas políticas relativamente simples desde lo técnico, resultan mucho menos atractivas para quienes tienen el poder de decidir dónde poner los esfuerzos de la humanidad.
