17 de abril de 2026
El multifacético pastor evangélico tantea la arena política desde un lugar ambiguo. Esperanza de un variopinto conglomerado de dirigentes desplazados, construye como predica, con carisma y misterio.

Gira profética. En su espectáculo humorístico, que pasea por Latinoamérica con singular éxito, narra lo que haría si fuera presidente por un día.
Foto: Getty Images
«Prefiero que me llamen “comunicador”, “artista”. ¡Me fascina esa palabra! Soy dibujante, escritor, actor, empresario y conductor y heredé el oficio de mi padre. Quienes no me quieren, pueden llamarme “solo un motivador” (me causa gracia cuando me lo dicen como si fuese un insulto), “payaso”, “cómico”, “hijo del diablo” o como prefieran; me tienen sin cuidado. Sé cómo Dios me llama y me conoce y eso me basta; apenas soy un sencillo cartero, un mensajero, un simple embajador. Ni siquiera soy evangélico, soy cristiano». Así se define en sus redes sociales Dante Gebel, quien está siendo promocionado como el nuevo «outsider» de la política argentina que, como si fuera posible repetir las particulares condiciones que propiciaron la aparición sorpresiva de Javier Milei, apelando a otro pintoresco personaje, es propuesto como candidato a presidente para 2027 por un variopinto conglomerado de dirigentes y sindicalistas devaluados, pertenecientes a las más diversas corrientes de pensamiento –exlibertarios, experonistas y otros camaleónicos exponentes– agrupados en Consolidación Argentina, un espacio que acaba de hacer su presentación pública ante un millar de personas en un miniestadio de Lanús, si bien –contra lo que los fans esperaban– Gebel no se hizo presente en el lugar. Días después trascendió que se reunió en Madrid con algunos de los dirigentes que conformarían su «mesa política». La foto del encuentro la publicó él mismo en sus redes y la definió así: «Reunión con amigos en Europa, haciendo planes a futuro».
Es que él prefiere cultivar la ambigüedad y no niega ni confirma sus ambiciones, se limita a darle vía libre a los autodesignados armadores, aunque, quienes lo conocen bien, afirman que hace un minucioso seguimiento de las informaciones que lo involucran. Por lo pronto, sus adeptos ya están saturando paredones en avenidas del Conurbano y varias autopistas con la consigna «PresiDante», el nombre de un espectáculo humorístico, no religioso, que pasea por Latinoamérica con singular éxito, en el que narra lo que haría si fuera presidente por un día.
Gebel, que padece síndrome de Asperger, una de las manifestaciones del autismo, expresó que esa condición lo obligó a esforzarse para interpretar emociones, comprender ironías y adaptarse a la convivencia social, lo cual no le impidió desarrollar una intensa actividad como conferencista, combinar sermones con espectáculos y fundar en California su megaiglesia, River Church, con capacidad para alrededor de 5.000 asistentes al tiempo que desarrollaba su faceta de showman televisivo e influencer en las redes y escribía numerosos libros que combinan la religión con la autoayuda, actividades todas que le permitieron construir una cuantiosa fortuna, al punto que se desplaza en un avión privado. Su estructura empresarial incluye ingresos por donaciones y diezmos, aunque asegura que están absolutamente destinados a obras benéficas.
Estadios colmados
Este particular ministro religioso, hijo de un carpintero, nació hace 57 años en la Argentina, donde inició su prédica. Su popularidad explotó en la década del 90 cuando los masivos encuentros evangélicos «Superclásicos de la Juventud» llegaron a colmar los estadios de River Plate y Vélez Sarsfield. En 2009 se trasladó a Estados Unidos, donde reside actualmente, para ejercer su ministerio en la Crystal Cathedral de California, hasta que consiguió construir su propia congregación, la citada River Church, que lo consagró como referente de la comunidad hispana. En su país natal condujo shows televisivos, el más conocido de ellos «La divina noche de Dante», cuando hacía muchos años que no vivía en la Argentina. En 2023 se adjudicó el premio Martín Fierro al mejor conductor en una velada celebrada en Miami y últimamente se vinculó con figuras consagradas como Mario Pergolini, quien le cedió un espacio en su propio programa. Tiene, además, millones de seguidores en YouTube, TikTok e Instagram
Su tímida incursión en la política local se produjo a partir de declaraciones públicas en las que apuntó que sería capaz de acabar con la grieta y manifestó sutilmente cierta simpatía por causas populares, aunque siempre evitó definiciones claras y precisas al respecto. Empero, los antecedentes que acredita como pastor no lo vinculan de manera alguna con el progresismo, aunque desde sus comienzos como predicador intentó seducir a la comunidad LGTB y realizaba servicios religiosos para prostitutas, actitud que le granjeó la animadversión de las autoridades de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (Aciera), de la cual se alejó. La cronista Leila Guerriero, en un trabajo publicado cuando principiaba su carrera apostólica, titulado «Diego Gebel, pastor en los márgenes», se refiere así a la cuestión: «Los pastores evangélicos pentecostales o neopentecostales tienen estilos muy distintos, y cada uno encuentra un nicho de mercado diferente. La lógica evangélica es adaptar el mensaje, ir a cada uno como cada uno te va a entender y aceptar. Y lo que hace este pastor parece llevar la diversidad evangélica al extremo».
Lo cierto es que la pretensión de quienes lo promueven de exhibirlo como expresión de la virginidad política es contundentemente desmentida por su participación en 2019 y 2024 en los actos de asunción del presidente de El Salvador, Nayib Bukele, donde no solo pronunció la oración sino que también dio un discurso en las ceremonias.
Ante su extraña emergencia se impone despejar algunas incógnitas. La primera es si se decidirá a dar el paso que le están pidiendo sus feligreses, la segunda, si el armado que se urde tendrá la necesaria solidez como para constituirse en una nueva alternativa conservadora, y la última, de dónde extraerá los votos que se requieren para que ello sea posible, si de un oficialismo desgastado o del sector colaboracionista que gusta definirse como opositor.
