Mundo | CAMINO A LAS PRESIDENCIALES DE OCTUBRE

Otro Bolsonaro, la misma ultraderecha

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Gustavo Veiga

El hijo mayor del expresidente de Brasil condenado a 27 años de cárcel es la apuesta del clan para volver al poder. Denuncias de lavado de dinero, alineamiento con EE.UU. y riesgos de retroceso económico.

Lavado de cara. Bolsonaro, en el acto de asunción de José Antonio Kast como nuevo presidente de Chile, en Valparaíso.

Foto: Getty Images

El apellido Bolsonaro se plesbicitará por tercera vez consecutiva en las elecciones de octubre en Brasil como ya ocurrió en 2018 y 2022. Flavio, el hijo mayor del expresidente condenado a 27 años de prisión –por cinco delitos, el más grave por tentativa de golpe de Estado–, reemplazará al jefe del clan en la candidatura de la extrema derecha. Lula irá por su cuarto mandato y tendrá enfrente al senador, al que casi dobla en edad. Al padre ya lo derrotó hace cuatro años. Ahora lo intentará con su primogénito, un aspirante a gobernar al país más grande de la región, alineado por completo con Donald Trump. Esa identificación podría convertirse en un salvavidas de plomo para sus pretensiones políticas. El magnate y su partido Republicano están cayendo en todas las encuestas para los comicios legislativos de noviembre en EE.UU.

Ese no es el único problema de Flavio para acceder al Palacio del Planalto que una turba de partidarios de su padre invadió el 8 de enero de 2023. A pesar de que las encuestas más recientes lo dan en ascenso, Bolsonaro (h) se encuentra ante un serio dilema. Si endurece su posición de extrema derecha –como le pide su familia y en especial su hermano Eduardo, prófugo en Estados Unidos–, podría perder con Lula. Esta hipótesis es la de un exministro de Jair Bolsonaro, el senador Ciro Nogueira, hoy referente de la centroderecha en el Congreso y aliado. Pero si se modera, si abandona el estilo confrontativo y violento del expresidente, quedaría desdibujado para el electorado más duro que lo respalda. 

Causas oscuras
Se sabe. Bajo esas formas llegaron al poder en sus respectivos países Trump, Javier Milei y el propio Bolsonaro. Pero Flavio es un tanto distinto. No tiene carisma, es el hijo de… y además pesan sobre su trayectoria política dos causas judiciales sobre los que está obligado a dar respuestas todo el tiempo. La que en Brasil se conoce popularmente como «rachadinha», sobre malversación de fondos, y la segunda referida a su vinculación con las milicias parapoliciales de Río de Janeiro cuando era diputado estadual. 

El primer caso trata de cómo los trabajadores de su gabinete parlamentario tenían que entregar, en promedio, el 40% de sus ingresos como empleados del Estado. En esa mecánica recaudatoria con fines espurios, hubo un personaje clave. Su colaborador Fabricio Queiroz. En solo un año, de enero de 2016 al mismo mes de 2017, pasaron por sus cuentas bancarias 1,2 millones de reales. Suma que no se compadecía con sus ingresos de asesor en la Asamblea Legislativa.

Ese dinero era supuestamente lavado por Flavio cuando sobrefacturaba negocios privados y financiaba emprendimientos inmobiliarios de dudosa legalidad. La información fue publicada por el sitio de investigación periodística The Intercept, con el agregado de que la plata costeaba a las milicias paramilitares de barrios como Rio das Pedras y Muzema.

El dinero despojado a los empleados que coordinaba Queiroz incluso llegó a las cuentas de Michelle Bolsonaro, la esposa del expresidente ultraderechista. Pero él la desvinculó del tema cuando explicó que la suma cobrada en cheques era suya y provenía de la devolución de un préstamo. 

Queiroz está hoy corrido de la escena política. Se refugió como subsecretario de Seguridad y Orden Público en el municipio de Saquarema, del estado de Río de Janeiro, y con su silencio intenta no perturbar las chances presidenciales de su exjefe político. Esta vez no cometió el mismo error de 2022 cuando se presentó como candidato en las elecciones para diputado. Apenas sacó 6.701 votos, pese a ser apoyado por el mayor de los hermanos Bolsonaro.

Flavio dice atribulado que la causa donde Queiroz terminó detenido en 2019 es «pura espuma» y que nunca se inició un proceso criminal contra él por la «rachadinha». Envalentonado porque un fiscal carioca suspendió las investigaciones en un territorio gobernado por el bolsonarismo, como Río, ahora promete que su padre y «los perseguidos» –se refiere a los condenados por el intento del golpe de Estado en 2023– volverán a «subir la rampa del Planalto» si supera a Lula.

Ideario conocido
Jair Krischke, el más respetado militante del movimiento de Derechos Humanos brasileño, le dice a Acción desde Porto Alegre sobre un hipotético regreso de otro Bolsonaro al Gobierno: «Si llegara a vencer Flavio Bolsonaro sería una tragedia para Brasil. Este candidato no es un político, es un marginal, en extremo vinculado a las milicias, al crimen organizado de Río de Janeiro. Cuando era diputado en Río, varias veces por su iniciativa, se le otorgaron medallas de la Asamblea legislativa estadual a estos milicianos bandidos. Él en su despacho de diputado practicaba aquello que en Brasil llamamos rachadinha. Consiste en emplear a una cantidad de gente con buenos sueldos, que ni siquiera van a trabajar y entregan su tarjeta bancaria a un jefe inmediato que les saca una parte de su sueldo. Por eso repito. Si llegara a la presidencia, sería una tragedia».

El escenario que percibe Krischke puede significar también un retroceso económico notorio para Brasil. Flavio Bolsonaro representa el ideario neoliberal con que su padre gobernó el país cuando Paulo Guedes era su ministro de Economía. Acaso porque no se atrevió a dar un anuncio colonialista en su propia tierra, lo hizo en la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC 2026) realizada en Texas a fines de marzo pasado. Le dijo al auditorio que «Brasil se convertirá en el campo de batalla donde se luchará por el futuro del hemisferio, porque Brasil es la solución de Estados Unidos para romper la dependencia de China en minerales críticos, especialmente elementos de tierras raras». Acompañado en la misma cumbre por su hermano Eduardo, a quien se lo menciona como futuro diplomático si Flavio ganara las elecciones, el rival de Lula en octubre dejó otra frase que habla del optimismo de su voluntad: «Trump 2.0 es mucho mejor que Trump 1.0. ¿Verdad? Pues bien, Bolsonaro 2.0 también será mucho mejor». Se colocó así unos pasos por delante de su padre, el expresidente condenado por golpista y referente de la extrema derecha global en franco declive.

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