11 de mayo de 2026
El 31 de mayo estarán en juego dos modelos de país: el progresista del oficialismo y el de una derecha que llega fragmentada. Perfiles de los candidatos y el impacto regional de una elección clave.

Pacto histórico. Iván Cepeda y Aida Quilcue, la fórmula del partido liderado por Gustavo Petro.
Foto: Getty Images
Profundizar el cambio o retornar al pasado. Ese será dilema de Colombia para las próximas elecciones presidenciales del 31 de mayo, en las que solo 3 de los 14 candidatos registrados poseen chances concretas de ganar. Hasta ahora lidera todas las encuestas el candidato de izquierda Iván Cepeda (63 años) por el oficialista Pacto Histórico, partido de Gobierno del actual presidente Gustavo Petro. Le siguen dos opciones de centro-derecha y derecha extrema. Por un lado, la senadora Paloma Valencia (49) del Centro Democrático –partido del expresidente Álvaro Uribe Vélez (2002-2010)–, y por el otro, el abogado mediático Abelardo De la Espriella (47) quien busca emular el estilo de los presidentes de El Salvador Nayib Bukele y de Argentina, Javier Milei.
Iván Cepeda es hijo de un senador comunista asesinado por el paramilitarismo en 1994, y alcanzó notoriedad por su rol de mediador durante el proceso de paz entre el Gobierno de Juan Manuel Santos (2010-2018) y las guerrillas de las exFARC. Además, el año pasado, Cepeda logró que encarcelaran al expresidente Álvaro Uribe, por el delito de fraude procesal y soborno a testigos, aunque un tribunal de segunda instancia lo liberó semanas después. Sin embargo, la popularidad de Cepeda se disparó y su partido lo eligió carta de éxito.
Con un estilo serio, reflexivo y más de la política profesional, Iván Cepeda tendrá el desafío de medirse con candidatos rivales que apelan al couching y a la movilización de pasiones, en una sociedad con índices crecientes de politización y polarización
Alquimias electorales
El sistema político colombiano es de voto voluntario, por lo que el sufragante debe tomar dos decisiones el día de los comicios: primero, salir a votar, y segundo, elegir entre los distintos candidatos. En las últimas presidenciales, el ausentismo rondó el 44% del electorado en primera vuelta y el 41% en segunda. En consecuencia, cada voto adquiere valor proporcional que obliga a los equipos de campaña a complejos ejercicios de prospección y a los votantes a «balotagizar» la primera vuelta en procura de sufragar de modo «útil».
En tal contexto, las posibilidades de que la izquierda colombiana conserve el Gobierno son directamente proporcionales al nivel de fragmentación de las fuerzas de derecha. Al respecto, el decano de la Escuela de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Sergio Arboleda, Fredy Andrés Barrero le explicó a Acción que la transferibilidad de votos entre los dos candidatos de la derecha no es recíproca, «de modo que si Paloma Valencia se midiera en balotaje con Cepeda es más probable que capte los votos de De la Espriella; pero, si el balotaje fuera entre De la Espriella y Cepeda, muchos sufragantes de Paloma fugarían al voto en blanco».
El politólogo Barrero concluyó que tal intransferibilidad obedece a una diferencia estructural entre los votantes de ambas expresiones de derecha: «El votante de De la Espriella está más vinculado con las elites agropecuarias de los departamentos de la costa Caribe, mientras que el electorado de Paloma Valencia es más de clase media y media alta urbana».
Pero más allá de estas proyecciones, la forma en que se dirima la competencia entre ambas derechas dependerá de la posición que asuma el expresidente Álvaro Uribe. Según Barrero, «Uribe es muy consciente de la importancia de captar el centro, por lo que buscará “des-uribizar” deliberadamente la candidatura de Valencia».
Gobernar en minoría
Pero la fragmentación no es propiedad exclusiva de la derecha, sino que atraviesa a la totalidad del sistema político. En las elecciones legislativas del pasado 8 de marzo –en donde se renovó a la totalidad de los miembros del Congreso Nacional–, el Pacto Histórico ganó las elecciones, pero solo le alcanzó para obtener la primera minoría en ambas Cámaras.
En Diputados, el petrismo quedó primero con el 22,7% de los votos, y obtuvo 42 de las 183 bancas en juego. En segundo lugar, quedó el Centro Democrático con 15,6%, con 30. El tercer puesto quedó para el Partido Liberal, con el 11,7%, que representa a 26 bancas. Resultado similar se dio en Cámara de Senadores. De las 103 bancas en juego, el Pacto Histórico obtuvo 25, el Centro Democrático 15 y los liberales 13.
De modo que, ganar la presidencia, el petrismo gobernará (nuevamente) con un Congreso fragmentado, por lo que deberá desplegar una política de alianzas para impulsar su agenda progresista. Probablemente, al igual que con el anterior, un probable Gobierno de Cepeda contestará al oposicionismo y el bloqueo parlamentario de la derecha con movilización social.
Por lo pronto, en carrera a la presidencia el candidato Iván Cepeda arrancó con la ventaja de representar a un Gobierno que, pese a su fallido Plan de Paz Total y algunos reveces en el Congreso, inició este año con un celebrado aumento del 7% en el salario mínimo. La medida favorece a millones de asalariados, en el país más desigual de América Latina, según datos del Banco Mundial.
Sin embargo, las encuestas indican un gran crecimiento de la candidata uribista Paloma Valencia, tras anunciar como compañero de fórmula al carismático economista Daniel Oviedo, exdirector del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Oviedo es un reconocido miembro del movimiento LGTBIQ+, posee un discurso moderado, y ya mostró capacidad de captar votos del centro al obtener el segundo puesto en las elecciones para la Alcaldía de Bogotá de 2023, y conseguir el segundo puesto, con un millón de votos, en las pasadas consultas interpartidistas de la derecha que ganó Paloma Valencia.
De la Espriella por su parte, hasta ahora no logra fugarle votos a la derecha tradicional, más adepta a elegir miembros de las elites y familias tradicionales de Bogotá y Antioquia que a outsiders y fenómenos mediáticos procedentes de regiones costeñas.
Efectos en el continente
La encrucijada colombiana tendrá efectos regionales en el mapa político latinoamericano. En medio de la guerra comercial entre China y Estados Unidos, el Gobierno de Trump avanza sobre las naciones del sur e interviene de modo directo en procesos electorales como en las legislativas de Argentina del 26 de octubre pasado. Solo los presidentes de México, Claudia Sheinbaum; Brasil, Lula Da Silva; y Colombia, Gustavo Petro, presentan una resistencia. En dos meses Colombia deberá elegir si continúa por esa senda o retrocede a un pasado de subordinación.
