Cultura

Musicales en alza

Tiempo de lectura: ...
Karina Micheletto

Con extensos períodos de preparación e inversiones millonarias que desafían al actual contexto económico, el género se consolida en la cartelera teatral con propuestas que se destacan por su cantidad y calidad.

Grandes producciones. Billy Elliot, Invasiones, Come from away y Charlie y la fábrica de chocolate, entre las destacadas.

Entre todos los cambios que trajo la pandemia para quedarse, hay que anotar uno más, acaso insospechado: el auge del teatro musical que ha convertido a Buenos Aires en una plaza destacada del género, y del que ha dado cuenta Acción. Un repaso por la cartelera que tiene su momento fuerte en vacaciones de invierno muestra un sorprendente total de ¡16! grandes producciones del género. Implican hasta dos años de preparación, largos castings a nivel nacional, escuelas propias de canto y baile, inversiones que llegan a superar el par de millones de dólares. Una escena que contrasta con la malaria generalizada y el parate de un turismo extranjero, al que –también– le resulta cara la Argentina.

Con 2027 en el horizonte, en la Argentina de Milei se imponen algunas preguntas. ¿Es posible sostener esta cantidad y calidad de propuestas musicales? ¿Podrá el género seguir creciendo y formar escuela local? Acción consultó a productores, directores e intérpretes sobre este fenómeno que algunos creen definitivo, mientras otros observan con más cautela, aunque sin dejar de apostar a su crecimiento.    

A Carlos Rottemberg le gusta citar a su colega Daniel Grinbank: «En la Argentina, al musical lo tenés que hacer con el corazón, con la cabeza es imposible». Algo de eso ha reflexionado en el libro que acaba de editar, Pasen y lean: 50 años de teatrista y algo más. La afirmación contrasta con los éxitos consecutivos de los que participó como productor, como Matilda, School of rock, La Sirenita, Charlie y la fábrica de chocolate y ya anunciada para el año que viene, con escaparate en el Gran Rex y todo, otro tanque de Disney, Frozen.

Hay algunas premisas que su equipo instaló como modo de hacer sustentable el asunto, y garantizar una continuidad que en la Argentina no es la regla. Ajustar el precio de las entradas es una: hoy arrancan en 30.000 pesos, un valor similar a las de algunos cines. Y sobre todo hacer temporadas cortas, con muchas funciones en poco tiempo. «Es muy tentador quedarte cuando te va bien; pero con la cabeza sabés que eso puede cortar el siguiente. Es como en el casino, hay que saber retirarse», sintetiza Rottemberg.

Destaca las fuentes laborales que este género abre, las escuelas que han significado estas producciones, talentos como la joven Albana Fuentes, «descubierta» en La Sirenita, que este año protagoniza El mago de Oz en el Cervantes. Pero también advierte que «lo de La Sirenita fue absolutamente excepcional, llevó 200.000 espectadores en dos meses, es algo que jamás imaginamos. Y eso, a mi entender, nos confundió a todos, incluso a nosotros».

Para Rubén Szuchmacher, director de la elogiada Billy Elliot, sigue siendo un misterio este entusiasmo desbordante por un género en el que se sumerge por primera vez. «Billy Elliot no solo es la historia de un niño que sueña con ser bailarín: es una obra anti-Thatcher, sobre una huelga minera, hay gente que se queda sin trabajo, privatizaciones, represión policial. Sucede en los 80 y en el norte de Gran Bretaña, y es tremendamente actual y local», comenta.

Una obra como esta lleva más de dos años de preparación y, al ser protagonizada por niños, su elenco se cuatriplica, para permitirles el descanso fijado por ley. Demanda además toda una escuela montada ad hoc para formar a estos niños, con profesores en diversas disciplinas. «Los chicos comenzaron a entrenar ocho meses antes de los ensayos con todo el elenco. Ellos surgen de una audición, pero luego tienen clases muy intensas de actuación, canto, baile clásico, zapateo americano. Así llegan a los ensayos generales con una gran formación integral», destaca el director.


Con acento local
No solo de éxitos importados está hecha la cartelera de musicales. Elena Roger protagoniza la más argenta de todas: la exitosa Invasiones I. No bombardeen Buenos Aires, una mirada contemporánea sobre las invasiones inglesas, con música de Charly García. «El hecho histórico acompañado por la música de uno de los más grandes del rock nacional lleva a la gente a reaccionar muy emotivamente. ¡Y a ponerse muy patriotas! Es una fiesta cada función», destaca Roger en diálogo con Acción. La fuerza interpretativa, el sorprendente modo en que las canciones de Charly encajan a la perfección en el relato, surgen como cualidades de esta producción de gran nivel del Teatro San Martín.

La carrera de Roger está muy ligada con el género musical, desde que Andrew Lloyd-Webber la eligió para protagonizar Evita en el West End londinense, hasta sus premiadas Mina…Che cosa sei? y Piaf. Así que habla desde adentro cuando destaca la «energía y emoción, ilusión y expansión» que provoca el género, el modo en que «la música hace volar cuando hay grandes cantantes y actores que además se desenvuelven físicamente con virtuosismo».

Roger se remonta a otra época fructífera de los musicales en Argentina, aquella de éxitos de la dupla Cibrián Mahler y largas temporadas de Los Miserables o Chicago, entre los 90 y principios de los 2000. «La gente valora estas puestas y producciones. Creo que mientras la oferta se mantenga, la van a seguir eligiendo», analiza.

Al frente de The Stage Company, Carla Calabrese es una referente del género como directora, productora, docente e intérprete. Lo que comenzó como una pequeña compañía de teatro en inglés, fue creciendo con obras de gran despliegue sobre el escenario del Maipo. Y tuvo un capítulo especial con Come from away, que transcurre en Canadá después de los atentados de 2001 a las Torres Gemelas. El suceso que significó esta puesta no solo hizo que el elenco fuese invitado a mostrarla en el escenario original de la historia, sino que también llevó al inédito traslado de la compañía a una temporada de seis meses en Madrid. «Es un paso gigante llevar nuestra propia adaptación de un musical de Broadway a Europa. Es un gran reconocimiento y tiene que ver con el trabajo minucioso y dedicado de todo el equipo», agradece Calabrese. No duda en calificarlo como «una patriada». «Volvimos y seguimos haciendo otra temporada extra en el Maipo y una gira por Argentina. Y después nos volvieron a invitar a España», cuenta. ¿Cuál es la clave para Calabrese? «La música en vivo, el canto, el baile, la actuación, tienen que ser excelentes. Pero todo tiene que confluir en una historia potente, con la que la gente se identifique, se entusiasme, se emocione, sueñe, vuele. Ahí es cuando el público se abraza al teatro».

Estás leyendo:

Cultura

Musicales en alza

Dejar un comentario

Tenés que estar identificado para dejar un comentario.