24 de agosto de 2026
En lo que va del año se han registrado doce terremotos de gran magnitud a nivel mundial. Las secuelas: miles de víctimas fatales, desaparecidos y destrucción de edificios. Las razones científicas de este fenómeno.

Venezuela. Devastación en Caravellada y Cariba, dos de los barrios costeros populares en La Guaira, la ciudad más afectada el 29 de junio.
Foto: Getty Images
De pronto el suelo empieza a moverse. No hay modo de sujetarse a un mueble para mantener el equilibrio ni estabilizarse, porque el mueble también tiembla, así como tiembla y se sacude la casa entera. Es un terremoto.
Los geólogos consideran terremoto, o sismo, a cualquier movimiento de tierra, ya sea grande o pequeño. Un terremoto de magnitud puede destruir casas, edificios y provocar numerosas pérdidas materiales y humanas. Tales fueron los casos recientes de Venezuela primero, el 24 de junio, y Colombia después, el 10 de agosto. Aunque cercanos en el tiempo, los especialistas consideran que ambos eventos no están relacionados. Así lo estima el geólogo investigador del Conicet Andrés Folguera, quien, consultado por Acción, estima que «los sismos de Venezuela ocurrieron en fallas a 10 kilómetros de profundidad y el sismo de Colombia ocurrió en el fondo oceánico que se hunde bajo la placa Sudamericana, a una profundidad mucho mayor, cercana a 100 kilómetros».
Placas tectónicas
Pero, ¿cuál es la causa por la que la Tierra tiembla y se resquebraja? Para entenderlo hay que pensar en nuestro planeta como una esfera con una superficie dura, una capa rocosa llamada litosfera, que tiene unos 100 kilómetros de espesor. Esta capa está fragmentada en grandes porciones, a las que se conoce como placas tectónicas, donde están los continentes. Las placas están en movimiento debido a que la capa inferior, la astenosfera, es semisólida y las rocas que la componen se deforman y se mueven como un fluido espeso por el calor y la presión. A veces, los movimientos no son tan bruscos y en la superficie de la Tierra apenas se sienten, pero en muchas ocasiones estos choques son colosales.
Y precisamente, que el interior de la Tierra esté en constante movimiento es lo que produce las fallas geológicas, es decir, fracturas en la corteza del planeta que pueden tener kilómetros de extensión y miles de metros de profundidad. En todo el planeta existen estas fallas, y en Argentina las más activas se encuentran fundamentalmente en la región oeste y noroeste, impulsadas por el choque de la placa de Nazca bajo la placa Sudamericana. Las áreas con mayor presencia de fallas y riesgo sísmico incluyen a Mendoza, San Juan, Salta, Jujuy, La Rioja y Catamarca.
En definitiva, la corteza del planeta terrestre no es una capa uniforme, sino que se trata más bien de un formidable rompecabezas constituido por gigantescos fragmentos que pueden desplazarse hasta varios centímetros cada año.

Colombia. Un edificio derrumbado tras el terremoto que sacudió Pereira el 11 de agosto. El USGS de Estados Unidos registró una magnitud de 7.4Mw.
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Tsunamis
Pero no todo termina cuando el sismo concluye, en la mayoría de las ocasiones después del principal suelen ocurrir –a veces en un intervalo muy corto de tiempo– otros sismos conocidos como réplicas, por lo general de menor intensidad, pero que de todos modos pueden terminar de dañar las estructuras que ya habían sido afectadas.
Y otra mala noticia es, para las zonas costeras, que un sismo de gran magnitud puede provocar maremotos y lo que se conoce como tsunami: una serie de olas inmensas y poderosas –que pueden alcanzar alturas de entre 30 y 50 metros– que arrasan con todo lo que esté a su paso al llegar a la costa, tal como ocurrió en Indonesia en 2004, con un saldo de 275.000 víctimas fatales, sin contar a los miles de desaparecidos.
Energía liberada
Los sismos de gran magnitud producen grandes catástrofes, así ocurrió recientemente en Venezuela y Colombia este año, o en Turquía y Siria en 2023: estos dos últimos dejaron un saldo de más de 50.000 fallecidos, 100.000 heridos y millones de desplazados.
Los dos sismos sudamericanos tuvieron como secuela una gran destrucción en edificios y miles de muertos. En el de Colombia se han contabilizado hasta ahora casi 300 víctimas fatales, 1.300 heridos y miles de desaparecidos que estarían entre los escombros. En tanto que en Venezuela las consecuencias fueron aún más graves: 6.438 fallecidos, más de 73.000 heridos y casi 30.000 desparecidos.
El de Colombia fue un sismo de 7.4 Mw y los dos potentes sismos de Venezuela fueron de magnitud 7.2 Mw y 7.5 Mw, con diferencia de 39 segundos entre uno y otro. La magnitud mide la cantidad de energía liberada en su epicentro. Hasta hace unos años se utilizaba la Escala de Richter, pero hoy en día se toma como parámetro la Escala de Magnitud de Momento (Mw), cuya fórmula calcula la rigidez de la roca, el área de la falla que se fracturó y la distancia de desplazamiento. Esta escala es la de mayor precisión ante eventos sísmicos de envergadura.
Por todo el globo
Aunque los sismos en estos dos países sudamericanos fueron los que recientemente recibieron mayor cobertura en la prensa, este año ya se habían producido otros sismos de magnitud, solo que con menos víctimas fatales: el 3 de abril en Jurm, Afganistán, con 12 muertos; el 7 de junio en Mindanao, Filipinas, con 107 muertos; el 28 de julio en Kumamoto, Japón, con 39 muertos; y el 14 de agosto en Flores, Indonesia, con 70 muertos. En tanto en las últimas semanas varios sismos sacudieron en España la provincia de Granada. Su área metropolitana sufrió un enjambre sísmico que acumuló más de 430 temblores desde el sábado 15 de agosto. Los eventos principales tuvieron una magnitud de 5.0 en Alhendín y de 4.8 en Gójar. Mientras el 20 de agosto se registró un sismo en Perú de 7.2 Mw en Ayacucho, a una profundidad de 108 kilómetros.
También en estos dos últimos meses hubo otros en México, Japón (Sanriku), Malasia, Vanuatu y Tonga. 2026 acumuló ya doce sismos de magnitud igual o superior a 7, pero sin ninguna relación entre ellos.
Aunque los expertos consideran que no se pueden predecir, Argentina cuenta con el Instituto Nacional de Prevención Sísmica, el Inpres, cuya principal labor es mapear las regiones de fallas y monitorearlas de modo de generar alertas cuando haya poblaciones que puedan estar en riesgo. Y la prevención, junto con las construcciones antisísmicas en determinadas regiones, son las únicas herramientas que el ser humano tiene a su alcance para al menos atenuar el poder de la naturaleza.
