Economía

Distribución del ingreso 

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Mirta Quiles

Desde hace 10 años, el reparto de riquezas nacionales muestra una menor participación de los trabajadores, mayores ganancias empresarias y un mercado laboral cada vez más deteriorado.

Cuentapropismo al palo. Se disparó en una década un 31% dando forma a un mercado de trabajo que crea empleo cada vez más precario.

Foto Jorge Aloy

En la última década en Argentina, los trabajadores cedieron 7,2 puntos porcentuales de participación en los ingresos que genera la economía. En paralelo, y como contraparte, hubo un avance empresarial, cercano al 2,2%. Sin embargo, lo distintivo del proceso es el crecimiento del tercer agente, el cuentapropismo, que comenzó a expandirse en 2016, durante el Gobierno macrista y ya no se detuvo. Pasó de representar un 12,5% del Producto Interno Bruto (PIB) a explicar el 16,3%. Además de acrecentar su participación en 3,8 puntos, tuvo un crecimiento del 31%. Y habla a las claras de un mercado de trabajo que crea empleo, pero cada vez más precario, con escasos o nulos derechos laborales.

En 10 años, bajo tres Gobiernos distintos, los trabajadores formales perdieron poco más de 7 puntos de los bienes y servicios finales producidos por el país. Pasó de 54,2% en el primer trimestre de 2016 a 47% en el mismo período de 2026. Mientras que, en apenas un año, de 2025 a 2026, retrocedió casi 2 puntos, de 48,9% a 47%.
Estos datos los publica el INDEC en su informe «Cuenta de Generación de Ingresos e insumo de mano de obra», que da cuenta de la distribución funcional del ingreso. Allí, el instituto de estadística mide la apropiación que, bajo distintas formas de ingresos (salarios y ganancias principalmente), realizan las distintas clases sociales −asalariados, capitalistas y cuentapropistas− sobre el total del PIB que genera la economía en un trimestre. Por lo general, es el indicador principal utilizado por los especialistas para evaluar qué tan equitativa o inequitativa es la distribución del ingreso en una sociedad. Y esencialmente pone en evidencia la evolución de la relación entre clases sociales.

La constante en la última década fue la caída en la apropiación de la riqueza total que perciben los trabajadores asalariados. Dicho sea de paso, ese universo de hombres y mujeres que generan dicha riqueza. «La participación de los ingresos del trabajo asalariado en el ingreso nacional fluctúa en torno al 40% desde hace casi un siglo», afirma FUNDAR en su trabajo Distribución funcional del ingreso, de Leonardo Gasparini. Sin embargo, aclara el informe, esas fluctuaciones han sido fuertes con fases ascendente (1942-1950, 1959-1974, 1989-1993 y 2003-2015) y descendentes, producto principalmente de años con fuertes devaluaciones, como 1976, 1982, 1989, 2002 o 2018.

Si nos detenemos en la apropiación que hace el capital de la riqueza generada por el país, vemos con claridad sectores ganadores y perdedores del modelo. Durante la última década, la rentabilidad del capital se acerca al 40%. Sin embargo, ciertos sectores vienen rompiendo récords durante los últimos 30 meses. Son los ganadores del modelo. De acuerdo con un informe del Centro de Estudios de Política Económica (CEPA), al comparar el primer trimestre de 2023 con el mismo período de 2026, Actividades inmobiliarias, empresariales y de alquiler se expandió casi 11 veces en términos nominales; Intermediación financiera, casi 13 veces; Explotación de minas y canteras, más de 10; y Electricidad, gas y agua, 12 veces. «Entre el primer trimestre de 2023 y el mismo período de 2026, la transferencia de ingresos en la economía evidenció una profunda desconexión entre el nivel de actividad y la distribución del ingreso», concluye el trabajo. Y agrega: Los sectores con mayor expansión (finanzas, energía y minería) mostraron una dinámica fuertemente regresiva, donde las ganancias operativas crecieron muy por encima de los salarios y de la generación de empleo».

Nuevo mercado laboral. Los empleos formales destruidos en los últimos 30 meses son reemplazados por puestos informales y no asalariados.

Foto: Diego Martínez


Salarios, empleo e informalidad
El deterioro de la participación de los asalariados en el PIB se explica principalmente por la fuerte caída del salario real de los empleos privados registrados que es un 25,5% inferior al de noviembre de 2015, de acuerdo con uno de los últimos documentos de CIFRA. Mientras que, entre noviembre de 2023 y febrero de 2026, la pérdida salarial real promedio alcanzó el 9%. Pero también por el brutal deterioro del mercado laboral argentino, que viene de hace más de una década. Y que se evidencia en el incremento a pasos agigantados del trabajo informal, que en 2026 comprende al 44,4% de los trabajadores. Cerca de 10 millones de personas sin derechos laborales básicos ni cobertura de salud o aportes jubilatorios.

Sin embargo, a esta informalidad creciente, se le adiciona una particularidad: el crecimiento de los llamados «puestos de trabajo no asalariados», el cuentapropismo propiamente dicho, que integran trabajadores autónomos, una parte de los monotributistas y personas de la economía informal (changas, microemprendimientos o autoempleo), como los trabajadores de aplicaciones y los emprendedores de la economía popular.

«Durante la presidencia de @JMilei se crearon más de medio millón de puestos de trabajo (509.876). Nada, eso», canchereaba hace unos días Federico Sturzenegger, el ministro de Desregulación, en X, con un gráfico engañoso, tomando como base el informe del INDEC de Generación del ingreso. Pocos minutos después, el posteo se inundó de réplicas. «Casi medio millón de no asalariados (mucho cuentapropista informal) y 200 mil asalariados no registrados. Nada, eso», respondía irónicamente Luis Campos, investigador del Instituto de Estudios y Formación de la CTA.

Mientras que el sociólogo Daniel Schteingart, curador de @argendatafundar en @fundarpoliticas, lo refutaba en pocas líneas: «Este dato engaña por varias razones. Razón 1: la creación de puestos de trabajo es inferior al crecimiento de la población en edad laboral. Creció 2,2% en 3 años. La población en edad laboral creció 3%. Razón 2: la creación de puestos de trabajo es mucho menor que la de Gobiernos anteriores. Se crearon 510 mil empleos en 3 años, lo que da 170 mil por año. En el gobierno de Macri se crearon 280 mil por año (todo informal). En el de Fernández, 442 mil por año (formal e informal). Razón 3: el empleo se precariza. Se destruyeron 172 mil empleos formales, compensado por el empleo asalariado informal y, sobre todo, el no asalariado (cuentapropismo). Nota: Contrariamente a la idea del cuentapropista como un emprendedor cool o un freelancer, el grueso del trabajo independiente es informal y de baja productividad. Cerca del 60% del cuentapropismo es informal, y esa cifra subió 4 puntos en los últimos dos años (datos de la EPH)».

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